Quedan menos de dos meses ya para una de las citas del año: Los Diez Mil del Soplao. Las intenciones pre-invernales de preparación se han ido al traste por este crudo invierno que hemos pasado ya (espero), y solo la sufrida Casa de Campo y las tierras caudetenses me ha visto pedalear hasta el día de hoy con cierta regularidad. Quedan pues ocho escasas semanas para machacar piernas y espíritu, y ya pueden venir con buen clima y buen ánimo.
Este fin de semana ha sido complicado para organizar salidas. El sábado, una boda mañanera de las que te parten el día y el crecimiento de un orzuelo a tamaño bola de golf, me lo pusieron bastante complicado. Hice un intento a las 6:30 de la mañana pero no duré ni dos horas, y tras 50 kms, me volví a casa con el rabo entre las piernas y preocupado por no ser capaz de levantar las pulsaciones a los valores normales. Claro que con 4 horas de sueño mal dormidas y un balón de fútbol en un ojo, quien se atreve a exigirle algo al corazón.
El domingo la cosa cambió. Me levanté tarde, con horas suficientes de sueño, y el orzuelo algo más contenido. Le dije a mi mujer que no me esperaran a comer, aunque dependía de que retornaran las sensaciones normales. Salí de casa sobre las 12:00 (que realmente eran las 13:00) y me dirigí a la Casa de Campo para coger el carril bici dirección norte. Pronto noté que el cuerpo respondía, que aceleraba el corazón con normalidad y que había ganas de pedalear.
Mientras llegaba a Tres Cantos y veía como me iba acercando a la sierra, planifiqué el resto de la ruta. En vez de ir hasta Soto del Real como el domingo pasado (110 kms ida y vuelta), cambiaría el destino por Manzanares El Real, y de allí a La Pedriza. Una vez en la entrada del Parque Regional, ya decidiría si continuaba un poco más o no.
Hasta la Pedriza salieron 60 kms. Sin pensar mucho en que había que volver a casa en el mismo medio de transporte en el que había llegado hasta las estribaciones de la sierra, y deshacer lo andado, continué por las primeras rampas asfaltadas hasta el desvío a la izquierda donde la pista eleva sus porcentajes entre zetas sinuosas. Sin darme cuenta y tras media hora de ascensión llego al punto en el que a la derecha llega la pista de Canto Cochino (alt. 1311). “Creo que ahueco el ala por aquí”, pensé, e inicié el descenso hasta la entrada del Parque, pasando la tachuela que hay tras Canto Cochino. La subida hasta el Collado de los Pastores y, quizás La Nava, la dejaré para más adelante.
Tras los kms acumulados y sumando los de vuelta hasta casa, había quedado una salida bastante respetable en la que se trataba de afinar un poco el fondo. Al final, los 140 kms de ruta, con 1300 de desnivel acumulado, me mantuvieron pedaleando 5h42, más los siete minutos de parón en La Pedriza donde pude contemplar otra vez los impresionantes paisajes de aquella zona de la sierra madrileña.
Terminada la ruta, con las cervicales deshechas, pensé “Ahí va, pero si no he hecho ni una pobre foto”. Si es que no se puede ir tan enfrascado, jejeje. Para la próxima, que espero que sea tan pronto como llegue el próximo fin de semana.