τὸ νικᾶν αὐτὸν αὑτὸν πασῶν νικῶν πρώτη τε καὶ ἀρίστη
"La victoria de uno sobre sí mismo es la primera y la mejor de todas las victorias"
Mostrando entradas con la etiqueta Desde Soto del Real. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Desde Soto del Real. Mostrar todas las entradas

martes, 31 de mayo de 2011

Navacerrada y la Morcuera. Que viene el lobo!!!

Una semana después del Soplao las ganas de coger la bici están bajo mínimos, las piernas siguen cargadas y la motivación casi ha desaparecido. Pero hay que seguir. Básicamente porque allá, en la profundidad del bosque, comienzo ya a escuchar los aullidos del lobo. Cada vez más cerca. A 47 días!!!


Y por el camino se ha metido una carrera de tres etapas por la sierra de Madrid donde la participación parece que va a ser escasa pero de nivel. A ver como nos defendemos y cómo nos vamos recuperando de un día para otro.

Joer, como baja Caperucita... Y sin doble.

El caso es que sin mucho más que contar, además de la ansiedad que me genera la Salzkammergut Trophy -una locura sin precedentes por su dureza casi sobrehumana-, la bici tiene que seguir rodando si quiero tener alguna posibilidad de llegar medianamente digno a Bad Goisern el 16 de julio.


El domingo, para no abandonar la rutina de los puertos, me programé una rutica con la bici de carretera desde Soto del Real hacia Mataelpino con el Puerto de Navacerrada y el de la Morcuera como únicas dificultades montañosas. Apenas 90 kms y 1.700 de desnivel acumulado que me ayudaron a permanecer en tensión antes de la Madrid Bikex. Y vaya si mantuve la tensión. Cayó un tormentón en la sierra que dejó las bajadas de los puertos para circular con el Rosario bien apretado. Al menos tuve la suerte de llevar las nubes siempre por delante y escapar de sus cansinos goterones.

Y el lobo sigue acercándose...

domingo, 15 de mayo de 2011

Desacelerando para el Soplao

Pues un año más, el Soplao ya está aquí, a la vuelta de la esquina. Esta cita se ha convertido en un evento ineludible en el panorama de marchas y maratones en España, y por mucho que diga después de cada edición que al año siguiente no vuelvo, siempre termino repitiendo. Me alegro de que sea así porque lo disfruto mucho.


Y en eso estamos. Quedan seis días para escuchar los acordes del Thunderstruck de AC/DC y salir espitados, este año más de 4.000 inscritos, dirección a las primeras rampas del Monte Corona... Además parece que la prvisión del tiempo ha mejorado bastante con lo que, en este sentido, vamos doblemente motivados.

Para terminar con la preparación para esta macro-prueba, el domingo cogí la bici por penúltima vez antes de embarcarme hacia Cabezón de la Sal el próximo viernes, y programé una ruta con la flaca parecida a la que Joaquín (Quinways) hizo con su grupo hace unas semanas. Salida desde Soto del Real, rodaje hasta Miraflores, subida al Puerto de Morcuera (intentando bajar el tiempo de hace un mes), descender hasta Rascafría, subir el Puerto de Cotos hasta el alto de Navacerrada, bajar este puerto y volver a Soto del Real por Mataelpino, El Boalo y Cerceda.

Para ello, el domingo tuve un día espléndido de sol y temperatura aunque a las 10 de la mañana durante las primeras pedaladas casi me quedo pajarito. Gracias a que en los diez primeros kms hasta Miraflores fuimos en grupo y bastante ágiles lo que nos hizo entrar rápido en calor.


En Miraflores, comenzaba la subida a Morcuera. Puse el crono a funcionar donde siempre, en el desvío a la Fuente del Cura. Desde abajo imprimí un ritmo alto para como suelo empezar y me fui solo. En el km. 3 tuve que aflojar ya que el ritmo era demasiado y me iba a fundir. En el km. 4 me dieron para el pelo, me pasó un tío sin decir "ni mu" que llevaba una progresión exagerada, otra liga. Me olvidé de él rápido y continué con mi cadencia que me hacía seguir adelantando gente y no ser cogido por los de detrás. En los kms centrales, los más duros, los pasé como pude, para subir ritmo a partir del km. 7 e intentar rematar el puerto en estos últimos dos mil metros. Y de pronto, delante mío me encontré con dos maillots garrapateros, joer!!!, eran Jesús y su primo Antonio, qué alegría!. Nos citamos en la cumbre para charlar un rato. Y así lo hicimos, luego ellos seguirían su ruta hacia Canencia y el pedregal de Bustarviejo.

Por cierto, en Morcuera paré el crono en 36:08!!! un minuto y quince segundos menos que hace un mes. Más que satisfecho.

Siguiente puerto: Cotos. La bajada hasta Rascafría y la llegada al Paular me lo tomé como recuperación, para poner de nuevo el crono en start en la entrada a las Presillas. Por delante, unos dos kms picando suave para arriba y diez kms de revueltas a un 6% de media con casi 700 metros de desnivel acumulado. El recuerdo del pasado septiembre no me ayudaba, ya que me fui arrastrando por este puerto en una ruta con la bici de montaña de casi 150 kms.

Las sensaciones en subida iban siendo buenas, con el pulso algo más contenido que en Morcuera y con casi toda la carretera para mí salvo cinco o seis ciclistas a los que me encontré ya casi coronando. Cuando paré el lap en Cotos el cuenta marcaba 45:08, casi 17 minutos menos que en septiembre, aunque en aquella ocasión ya llevaba 120 kms y tres puertos en las piernas con la bici de montaña.

Sin parar, fui rodando tratando de recuperar hasta el alto de Navacerrada donde me puse el chubasquero para bajar hasta Navacerrada pueblo. Qué miedo de descenso, con un montón de tráfico, a más de 60kms/h tocando frenos y con cierto viento que movía la bici lo suficiente para crear un cosquilleo en el estómago de acojone.

Dejado el descenso atrás, me desvié hacia Navacerrada para dejar el pueblo a la derecha y continuar hasta el desvío de la carretera de Mataelpino y el Boalo, menos transitada que la de Becerril de la Sierra. Del Boalo terminé en la carretera que une Manzanares y Cerceda pero cogí dirección a Cerceda para dar algo más de vuelta y llanear con cadencia algunos kms. Desde allí tenía 10 kms más hasta llegar casi hasta Colmenar Viejo, donde cogí el carril bici que me dejaría en Soto del Real tras 101 kms con 1800 metros acumulados en un tiempo de 3h49 + los 10 minutos que estuve parado en Morcuera con Jesús y Antonio.

En general tuve buenas sensaciones durante toda la ruta, los puertos los aguanté bien y creo que el trabajo de fondo de este invierno ha dejado sus frutos. Ahora solo queda disfrutar del Soplao e intentar acercarme al tiempo del año pasado, under 9!!!


Suerte a todos los que leais esto y vayáis a estar en Cabezón el próximo sábado. A disfrutar!

Nos vemos allí.

miércoles, 2 de marzo de 2011

Primeros puertos con la flaca


Tras varias semanas de intenso aburrimiento llaneando y buscando no extralimitarme con las pulsaciones, este domingo llegó el momento de estrenar mi "nueva" bicha con los primeros puertos del año. Me asaltaban todo tipo de dudas al pensar en culminar una ascensión a cualquiera de los colosos de la sierra con los desarrollos de una bici de carretera (52-39 delante y 27-12 detrás). Así que la única manera de salir de dudas era poner en práctica una rutilla de montaña de no demasiados kms y no más de dos puertos. Estamos ya en marzo y hay que empezar con las cuestas.


La verdad es que después de una primaverilla de dos semanas con temperaturas cojonudas para montar en bici, el domingo todo esto se fue al carajo. Salió un día de perros con un viento norte insoportable, una sensación térmica bastante baja y nubarrones de los que no te puedes fiar nada. Pero como las ganas de hacer esta prueba eran muchas, tiré con el coche hacia Soto del Real donde comenzaría mi pequeño bautizo carrteril por la sierra madrileña.


Salí sobre las 9:30 de Soto hacia Miraflores de la Sierra, con todo el viento de frente y unos subibajas bastante apestosos que me hacían maldecir en hebreo debajo del buff. Tras apenas una decena de kms llego al comienzo de la Morcuera, un puertaco con casi 10 kms y 700 metros de desnivel. Para ser el primero del año no me encontré muy mal, pero si es cierto que a mitad de subida, donde las pendientes rozan el 16%, con un 39-27 me vi un poco escaso y atrancado. Según iba llegando a la cumbre, además, la potencia del viento se hacía más latente y para qué contar lo de los últimos metros: un poema. De pie y apenas avanzando por la fuerza del aire. "Qué asco", es lo único que podía pensar.


La bajada hacia Rascafría fue aún peor. La fuerza del viento me lanzaba de lado a lado de la carretera y para colmo, el asfalto estaba salpicado de un montón de sal que los quitanieves habían echado en previsión de posibles nevadas. Vamos que si me salvaba del hostión era porque habría pinchado por los miles de cristalitos que habían desparramado por el suelo. Al final ni una cosa ni otra, pero tardé en bajar hasta Rascafría casi media hora.


Desde Rascafría cogí la 604 hacia Lozoya del Valle para más adelante coger el desvío hacia el puerto de Canencia y subirlo por la vertiente norte. Hasta el comienzo del puerto intenté buscar cadencia a pulsaciones bajas y soltar toda la tensión que traía por el ascenso y descenso de la Morcuera. La de Canencia es una subida bonita donde las haya, bastante tendida y con pocas rampas jodidillas. Lo llevé bastante mejor, sin el viento dando por saco y pudiendo mover el desarrollo con soltura, aunque, claro, siempre con todo metido.


Este puerto te lo comes en media hora. Arriba parón y más comida a la boca porque la sensación de vacío en el estómago era ya bastante aguda.


El resto ya era poca cosa, disfrutar de la bajada a Miraflores de la Sierra con todas las alertas puestas ya que acostumbrado a los discos en los frenos de la MTB, las zapatas de esta bici frenan bastante menos y la máquina se embala como un misil. La verdad es que bajé Canencia con bastante mieditis. Una piña a estas velocidades puede ser de pánico.

De Miraflores de la Sierra a Soto del Real quedaban 10 kms que los hice en un plis. Ahora el viento lo llevaba de cola y los subibajas casi ni se notaban. Así da gusto pedalear. La media de 40 kms/h desde el alto de Canencia hasta Soto del Real habla por sí sola. Al final 83 kms en 3h30' y 1600 de desnivel positivo. Muy mejorable.

Conclusión: Me plantearé cambiar el desarrollo de los platos por un 50-34 que creo que será algo más movible. No quiero pensar lo que puede ser una rutaca de ciento y pico o doscientos kms con 4 o 5 puertos llevando el 39-27 como desarrollo tope. Una tortura.

La experiencia de la flaca en su conjunto me ha hecho disfrutar un montón, el tiempo cunde bastante más que con la MTB. Creo que la adquisición de este bicho rojo ha sido un acierto. Y ahora a seguir rodando que las fechas de las compras se acercan......... y creo que a este paso va haber que tirar mucho de tarjeta de crédito.

miércoles, 13 de mayo de 2009

Soto-Morcuera-Hoya de San Blás. Penúltimas decisiones

Parte II
viernes, 14 de mayo de 2009

Dos días después vuelvo a Soto para repetir la misma ruta que el pasado miércoles, pero con una diferencia: en el coche viene la rígida, mi querida y vieja Peugeot.

El día, la temperatura, el viento, todo parece igualar la situación del miércoles. Así las cosas, mis piernas son la única incógnita. Para igualar las condiciones de las dos bicis he cambiado la cubierta delantera de la Peugeot y la he montado una Maxxis Crossmark 2.1 por la Resolution 2.1 que calzaba antes. Atrás las dos bicis llevan Maxxis Larsen 2.0.

Salgo de Soto a las 9.30 con 9 frescos grados dirección a la Morcuera. Antes de llegar a la barrera donde comenzaré a tomar el tiempo hasta lo alto del puerto, tengo un pequeño problema con la abrazadera de la tija. Todo es parar y ajustar el tornillo. A la barrera llego a la media hora. Aquí paro, bebo un poco, e inicio la frenética subida hacia el cielo. Hoy, la última zeta antes del desvío a la Hoya se me ha hecho más durilla. Esos repechos al 12-14% con tantas piedras no los he pasado tan a la ligera.

Llegado el desvío la pendiente se suaviza y pronto estás en la segunda barrera. Aquí saludo a un par de bikers que estaban parados y continúo por la carretera. Nada más salir a ella, veo a un carretero unos 100 metros por delante. Pronto le cojo, aunque su ritmo era más bien suave. Más arriba veo a otro que parecía ir más rápido y estaba demasiado lejos como para darle alcance. Mi ritmo, el mismo del miércoles, entre 12 y 14 km/h (aunque la mayor parte del tiempo entre 12,5 y 13). Llegando al final del puerto las distancias con mi objetivo se habían reducido tan ostensiblemente que pasamos junto al cartel informativo de la altura del Alto de la Morcuera al mismo tiempo. Como él sabía que yo venía por detrás, nos saludamos y nos damos ánimos. Otros carreteros que andaban por allí parados le dicen a mi amigo antes de llegar arriba: “Cuidado que viene el Contador de la montaña”. Je, je, todo un halago, aunque solo lo decían por el maillot del Astana que llevaba puesto.

Más allá de estas anécdotas, la principal diferencia con la cronoescalada del miércoles es que en los momentos de apuro, en la rígida puedes descargar las piernas poniéndote de pie con una postura más natural que en la doble (manillar plano contra manillar de doble altura y potencia con menor inclinación). Y solo estas son las diferencias porque el tiempo de ascensión ha sido hoy 1 segundo más lento que el de anteayer, es decir 40:26. Aunque en realidad me hice un lío con el cuenta al intentar pararlo y tardé tres o cuatro segundos más allá del punto de meta. Ah, se siente!

Sin parar en el alto doy la vuelta y emprendo el descenso ya que a casi 1800 metros hacía un biruji curioso. Me cruzo con un rosario de carreteros en el tramo de asfalto y con unos cuantos montañeros en la pista hasta el desvío de la Hoya. A partir de este punto no volvería ver a nadie más.

Intento ir rápido, siempre que puedo con el plato metido, y noto de forma especial el vaivén de la bici al rodar. Los baches en esta bici se perciben bastante más que en la doble, y no digamos cuando toca bajar los senderos. Aquí si que hecho en falta la suspensión trasera.

En el “sendero del peligro” voy bastante apurado por la inseguridad que siento al intentar bajar rápido. La bici culea y vota en exceso de atrás al paso de piedras y raíces, con lo que el disfrute se torna en agonía ya que otro de los datos que van a contar para la elección final de la montura para el Soplao es el tiempo final de la ruta, y aquí voy a perderlo con respecto al del otro día.

Una vez que salgo de esta espectacular bajada en zetas, solo queda meter el plato y bajar todos los piñones para viajar lo más rápido posible hasta Soto del Real. El único punto que me hace aminorar la marcha es el sendero de las rocas redondeadas donde el otro día me crucé con la culebra verde.

Ya en Soto parece que escojo mejor las calles para llegar al restaurante Miratoros, no sin antes tener un pequeño atasco en el último tramo al no poder adelantar a una furgoneta y al coche que frenaba a ésta.

Bueno, al final paro la bici con un tiempo de 2:20:40 y una media de 19 km/h para los 44,6 kms que salen en esta auténtica zona de la sierra madrileña. Son casi cinco minutos menos que el miércoles, así que estoy más que satisfecho.

Parece que el cambio de la cubierta delantera ha igualado bastante los tiempos de las dos bicis, y siendo el Soplao una maratón 80% rodadora parece que me voy a inclinar, salvo avería de última hora, por mi querida y vieja rígida.

A ver cómo le doy la noticia a la Specialized.


Parte I
miércoles, 13 de mayo de 2009

Parece mentira, pero la fecha del día S (de Soplao) está a la vuelta de la esquina. Tan poco queda ya que uno debe tener la mayoría de las decisiones que afectan a esta carrera muy claritas. Yo todavía me encuentro en fase A, es decir, no sé ni qué bici llevarme: la rígida, con la que he entrenado todo el invierno y a la que le prometí su presencia en Cabezón; o la doble, que ha estado aparcada casi 5 meses y que, ahora, por exigencias del guión, ha salido a escena y está pulverizando muchos de los tiempos de aquella. “Y yo con estos pelos”.

Estamos en la semana llamada de descanso activo, es decir, salidas cortas pero intensas y, a ser posible, de 2 horas como máximo. Por ello, hoy me he acercado a Soto del Real, lugar perfecto para llevar a cabo una ruta de este tipo, ya que la eterna Hoya de San Blás, que baña las montañas que protegen esta población serrana, tiene un recorrido de unos 33 kms con todos los terrenos que un ciclista pueda desear: duras ascensiones, senderos vertiginosos, terrenos rompepiernas, y todo aliñado por un condensado ambiente de pura naturaleza. Y en el coche viene la Specialized.

Como quizás este recorrido se quede un poco corto, decido alargar la ruta un poquito más con la ascensión completa al Puerto de la Morcuera (1796 m) y el posterior descenso que enlaza con la Hoya de San Blás. Total, que finalmente quedan 44,6 kms con casi 1200 de desnivel acumulado.

Advertido por el atasco del miércoles pasado, hoy salgo antes de casa, para esquivar todo el tráfico de la M40. Pocos minutos después de las 9 de la mañana ya estaba callejeando por las calles de Soto dirección a la Morcuera. La temperatura, algo fresca con sus 10ºC, se deja de sentir así en cuanto las primeras rampas salen al paso. El cielo, despejado, provoca un halo de tranquilidad, aunque conforme pasaba la mañana, algunas nubes blancas tomaban posiciones en lo alto.

Los primeros 7 kms y pico (justo hasta la 1ª barrera) se hacen durillos; muchos repechos a porcentajes altos sin que el cuerpo esté todavía aclimatado al sufrimiento. Y hasta ese punto pasa la primera media hora de bici.

Pasada la barrera, entro en la pista de la Morcuera propiamente dicha. Como no podía ser de otra forma pongo a funcionar el cronómetro durante la ascensión a la cumbre del Puerto, aunque en esta ocasión no tengo referencias de otras veces. Las primeras zetas pasan deprisa y pronto llega, tras la más larga y dura de todas, el desvío a derechas que te sube a la cumbre. Aquí me encuentro a dos equipos de forestales quemando rastrojos y talando ramas bajas para poner bonito el bosque. Cuando paso junto a las hogueras, la intensidad del calor que desprenden me hace pensar en lo infernal de un incendio… Y que haya desaprensivos que los provoquen…

Llego a la carretera que sube desde Miraflores hasta el Alto sin novedad. Hasta aquí he intentado ser lo más constante posible. Ahora toca asfalto. En un principio pienso en subir a plato e incluso llego a engranarlo, pero deshecho esta opción por incapacidad total para mover ese desarrollo. Estos dos kms finales se hacen largos y duros con porcentajes en torno al 10%. Intento mantenerme entre los 12 y los 14 km/h (más cerca siempre de aquellos que de éstos) y culmino en un estado en el que las babas se le escapan a uno de la boca sin freno ni control. Paro el cuenta al pasar junto al cartel que marca la altitud del puerto y tras recuperar el aliento observo: 40:24, 8,86 kms, 13,1 km/h, 527 acumulado y 147 pulsaciones medias. No se si está bien o mal, pero yo lo he dado todo y eso me hace estar satisfecho.

Después de hacer la foto de rigor y comerme una barrita aparecen dos carreteros que al pasar a mi altura no pueden ni saludar de la hiperventilación que tienen provocada en sus circuítos respiratorios. Madre mía, qué manera de echar los bofes.

Arriba soplaba un viento norte ciertamente frío con lo que decido poner pies en polvorosa rapidamente. Al iniciar el descenso observo el sendero que se coge en el parking del puerto y que Juanma denomina opción 3. Pienso en bajar por él pero descarto esa posibilidad al ir solo y no conocerlo. Mejor la carretera y la pista.

En un santiamén estoy en el cruce donde se conecta con la Hoya. “Corre, corre que te pillo”, pienso. La pista está en buenas condiciones, aunque esta es una zona donde hay muchas piedras en el piso, o mejor dicho, es una zona donde todavía no han quitado las piedras de las pistas. Hay momentos que estas piedras hacen muy difícil rodar rápido, pero…

De los dos senderos, cada día me gusta más el del “Peligro” y menos el “Primero”. Tomo las consabidas precauciones al bajar ámbos y compruebo como la pericia en este tipo de bajadas desaparece cuando no practicas estos terrenos. ¡Tanta carretera, ay, ay, ay!

La pista que baja a Soto desde el “Sendero del Peligro” estaba siendo apisonada por una máquina, lo cual no gustará a los más puristas del MTB, pero te saca más rápido y seguro del lugar, lo que también se agradece. Ya llegando al final salgo de la pista para rodar por una zona de rocas redondeadas y senderos estrechos cuando se me cruza a escasos 5 metros una serpiente de color verde intenso de más de medio metro que al verme llegar comenzó casi a volar por encima de las hierbas. Para estar ahí de picnic.

Y poco después entraba en Soto, y me volvía a equivocar al callejear para llegar al Miratoros, aunque sin problema porque sabes que si no es esta calle, es aquella otra. ¿Porqué extraña razón la bici me ha hecho pasar delante del Julian`s?

Ya en el coche, hecho mano del bidón y veo que me quedaba casi tres cuartas partes de líquido en el mismo. Se me había olvidado hasta beber. Pues esto no está bien, no, no. Hay que crear el hábito y beber como mínimo cada media hora un par de tragos.

Total, ruta sensacional por los parajes extraordinarios que atraviesa, y datos que invitan al optimismo de cara al día S (44,6 kms, 18,4 km/h y 1160 de acumulado positivo con un tiempo final de 2:25).

Ahora toca hacer la misma ruta con la rígida y tomar una decisión. ¿Rígida o doble? He ahí la cuestión.

domingo, 21 de diciembre de 2008

1+1-1… La Hoya de San Blás

Después de tres semanas sin pisar la sierra ya tenía ganas de pedalear por cualquier parte de ella, aún aventurándome a encontrarme unos buenos cms de nieve que me impidiesen rodar con normalidad.

Escojo la Hoya de San Blás por la relativa poca altitud que se coge en esta ruta (sobre los 1400). Y si la cosa se da bien remataría la mañana con una segunda vuelta a la Hoya para completar una ruta de 55 kms y 1500 de acumulado.

Salgo del Miratoros a las 9:20 con un grado negativo y la promesa de un día espectacular. El cielo se ha presentado totalmente azul y sin resquicio alguno de nubes. Según avanzaba hacia la montaña por los páramos que separan Soto de la Morcuera, la temperatura ascendía casi sin control. Ya en la barrera donde comienza el ascenso al puerto, el termómetro marcaba 12 grados. El día prometía.

Comienzo a subir sin prisa. La idea es terminar la primera vuelta en menos de 2h30 para poder hacer la segunda vuelta con relativa tranquilidad de tiempo. Tras superar las primeras zetas parece que la pista está libre de nieve. “Ha sido un acierto venir”, pienso aliviado. Sigo subiendo y veo más adelante las primeras manchas blancas en el suelo. Las supero con facilidad. Pero el problema acababa de comenzar. Las manchas cada vez son más grandes y más extensas. Cuando en una de ellas compruebo que el espesor ronda los 15 cms comienzo a preocuparme.

En el desvío al alto de la Morcuera me encuentro con Juan, un biker de Miraflores que ha salido con su flamante pepino (una Spe Stumpjumper!) a darse una vuelta por la Hoya después de algún tiempo de inactividad. Después de una breve charla decidimos continuar juntos. A partir de este punto las cosas se ponen feas, mucha nieve en la pista y solo por los bordes del camino se podía transitar medio bien. Estaba claro que la cantidad ingente de pinos de esta zona no habían podido impedir que la nieve se adueñara de la ruta.

Tras descender por el primer sendero y comenzar a ascender las primeras pendientes de la Hoya, mi compañero me dice que se da la vuelta. No se encontraba con el fuelle suficiente para acometer con garantías esta segunda parte. Tras despedirme continúo subiendo, a ratos montado, a ratos empujando. A estas alturas ya tenía claro que de segunda vuelta nada de nada. Y gracias si completaba la primera.

Según me acercaba al Sendero del Peligro, el espesor de la nieve iba en aumento. En algunos tramos no podía ni empujar la bici… la nieve me llegaba casi por las rodillas y las ruedas no podían realizar su giro natural. “Hasta las narices de la nieve”, me decía insistentemente. El día espectacular, todo muy bonito, mucho blanco, pero yo había venido a montar en bici y ya llevaba un buen rato con el maldito ‘empujabike’.

Decido echarme la bici a la espalda al estilo mochila. Está claro que así voy más cómodo que tirando de ella. Y así continúo un buen rato “disfrutando” de la singular situación. Pienso en el grupo que quería subir a la Fuenfría y en lo mal que deben estar las cosas a 1800 mts. La nieve por el cuello cuando menos.

Por fin llego al comienzo del ‘sendero del peligro’ y comienzo a bajarlo pensando más en terminar con este suplicio que en disfrutar lo que me quedaba por delante. Las zetas de las curvas estaban tan llenas de nieve que estos giros tan cerrados era peliagudo trazarlos bien. El punto más complicado de la bajada que tiene un escalón de roca estaba completamente abnegado por el blanco elemento.

Termino el descenso y enfilo a Soto por la pista. La nieve presente ya no era obstáculo, pero si lo era la ausente, aquella que ya se ha derretido y encharca los caminos de lo lindo. Me parece mentira rodar con tranquilidad, y en un plis estoy en el coche un poco decepcionado con lo que podía haber sido y no fue. Como de todo se aprende, raro será que me vuelvan a ver en una parecida, aunque la montaña llame insistente dentro de mi cabeza.

Al final, completo los 31 kms de la ruta en 3:05, casi una hora más de lo que se tarda en buenas condiciones. La media de 9,9 kms/h es como para haberse echado una siesta bajo cualquier pino de este impresionante rincón de la sierra.

En breve volveré y espero poder quitarle el negativo al título…

domingo, 16 de noviembre de 2008

La trilogía de la Morcuera

Parte III
16 de noviembre de 2008

Aunque llegue diez minutos antes de la hora, Frenetikow ya está allí, en el restaurante Miratoros con la bici fuera del coche y esperando impaciente.

El día había salido espectacular, ni una sola nube, sin viento y la temperatura, con un grado y medio negativo a las 9 de la mañana, pronto se recuperaría.

En un abrir y cerrar de ojos atravesamos las calles de Soto del Real dirección a la Morcuera. En esta ocasión no había tantos bikers como el fin de semana pasado cuando tuve agradable y diferente compañía hasta la mitad del puerto.

Edu llevaba dos semanas sin montar raptado por una inoportuna bronquitis, por eso preveía que en la subida tendríamos que aflojar para que aguantara bien toda la ascensión hasta llegar a los 1796 metros de altura. Pero este chico no necesita que nadie le espere. Desde el principio él puso el ritmo y quien tenía dificultades para seguirle era yo. Más o menos nos terminamos aguantando mutuamente para culminar la Morcuera después de 1h28 minutos desde los coches, un minutito más que el fin de semana pasado.

Después de la recuperación y la barrita de marras (en el caso de Edu siempre un plátano), tomamos la carretera dirección Canencia, aunque cuando dejamos el asfalto para girar a la derecha nos vimos forzados a parar de nuevo. El momento imponía su estudio: el cielo limpio, la nitidez del perfil de las montañas, las cumbres nevadas, uffff…

La pista que lleva al puerto de Canencia es siempre un disfrute especial. Pica hacia abajo y ofrece unas vistas sensacionales del valle de Lozoya… Pero hay que tener cuidado, un despiste te puede llevar a comerte un árbol o a un senderista.

Sin casi darnos cuenta acariciábamos la pedrolera que baja a la carretera de Bustarviejo. Me pareció de ley enseñarle a mi acompañante el balcón rocoso que mira hacia el valle de Miraflores y los colores ocre de los inmensos robledales mezclados con el verde intenso de los pinares. Aquí los sentidos se pierden por estas vistas maravillosas que te amarran al lugar. Unos buitres negros nos saludan planeando por las corrientes de aire caliente que circulan próximas a nuestra situación..
Aunque nos costó levantar nuestros traseros del calor de la roca sobre la que estábamos disecados, era hora de seguir. Advierto de la peligrosidad del descenso que nos espera si cometes la imprudencia de ir demasiado rápido. ¡Que nos conocemos! Comienzo yo delante. Mi ritmo de bajada es muy tranquilo y a medio descenso me adelanta mi compañero, al que pronto dejaré de ver. Una vez abajo, con los brazos y manos todavía agarrotados por los botes de la bici en los cantos tamaño cráneo que hemos superado, y lamentando no poder bajar del tirón este inevitable tramo, ponemos dirección a Miraflores por la pista que hay al otro lado de la carretera.
En este largo descenso tengo más de un susto por intentar bajar a una velocidad que no me corresponde unido a una gran cantidad de roderas traidoras y al poco agarre de la cubierta delantera (una Maxxis highroller).


Ya en Miraflores, atravesamos el pueblo hacia la Fuente del Cura. El calor apretaba. Edu decide quitarse las mangas de su chaqueta; yo continuar como estaba por una cuestión de pereza. En la fuente cogemos agua y seguimos por la pista que nos deja en el cruce donde si tomas la pista de la izquierda bajas a Soto. Nosotros tomamos la de la derecha para subir de nuevo la Morcuera. En este momento llevábamos 3 horas de pedaleo. Entre los dos nos animamos y ponemos un ritmo alto hasta la barrera. Edu va tirando delante y tras las dos primeras revueltas coge unos 10 o 15 metros de distancia. Yo pienso en conservar que aún queda ascensión y tramos duros. Cuando las rampas se endurecen me acerco a mi compi, luego me pongo delante y sigo con buen pedaleo (entre 9 y 11 kmsh). Veo que aguanto y voy bien aunque me preocupa no oir el sonido de la bici que me debería perseguir. Sigo y no miro para atrás pensando que debería estar cerca. En el desvío hacia la Hoya me paro y espero dos o tres minutos extrañado, y pasado ese tiempo asoma la Trek gris llevando a Edu, y no al revés. Había roto. Vacío y sin gasolina después de dos semanas de inactividad que terminaron pasando su inevitable factura.

Aprovechando la fácil salida hasta Soto decidimos que él se deje caer y vaya empezando a retomar fuerzas con una macrohamurguesa del Julians y, mientras, yo continuaría hasta terminar la Hoya de San Blás, última parte de la ruta que me llevaría alrededor de una hora más.
Y así fue. Continué en solitario con la pena de que mi compañero no hubiera podido terminar la ruta, pero con la alegría de que, de esta forma, la repetiremos otra vez.

Aunque lo más duro ya quedaba atrás, en la parte final hay tres repechos cortos de entre 500 y 1000 metros que a estas alturas de la película hacen un pelín de daño. Y todo por disfrutar otra vez de los dos senderos que nos tienen a todos enamorados (sobre todo el del peligro) y que encierran más peligros de los que nosotros asumimos. Un día se nos queda un hombro pegado a un árbol.

Impresionante ruta con una compañía de 10 y deseos de que los lesionados y los ausentes se reincorporen lo antes posible.
Datos:
68,63 kms
4:34 de pedaleo
1739 de acumulado
15,01 de media
Temp entre -1,5 y 15 grados

Parte II
9 de noviembre de 2008

A la tercera fue la vencida y pude, aunque solo, terminar esta ruta que ya me estaba tocando las cosquillas. Día estupendo en la sierra, aun con algo de frío al comienzo, 0,5ºC a las 9 de la mañana en Soto.

Iba a ser una jornada con multitud de ciclistas en la zona. Con uno de ellos (campeón 88 Mammoth categoría padre-hijo) subí hasta la mitad de Morcuera hablando de todo un poco. Él y un compañero que las estaba pasando canutas iban a hacer la Hoya. Eran del club MTB de Coslada y me contó un buen puñado de anécdotas interesantes.

Pero antes, saliendo de Soto para coger las primeras pistas, una sombra se me avalanza. Nos saludamos. Era un biker vecino del lugar que iba a hacer la ruta que completamos la semana pasada Juanma, Edu y yo, con bajada desde Canencia por carretera, porque el chaval no tenía mucho tiempo. La verdad es que estos primeros tramos me los quería tomar con tranquilidad, pero la presencia de mi compañero ayudó a acelerar la marcha. Nos estuvimos marcando un buen rato hasta que yo giré a la izquierda para subir por el rampón que te deja en la base de la montaña.

Tras llegar al Puerto de la Morcuera y bajar a Canencia (donde había unos ciclistas entrenando a base de series), me dirijo hacia la trialera de Bustarviejo (que poco me gusta este pedregal) para enlazar abajo con la pista que me llevará hasta Miraflores. Una vez pasado el pueblo y por la salida de la Fuente del Cura pedaleo hacia Soto hasta el desvío donde, esta vez, comienzo de nuevo a subir Morcuera (3 horas de ruta hasta este punto) para realizar la Hoya de San Blás entera en 1:30. En esta ocasión me faltaba la frescura de la primera ascensión al puerto, y las rampas finales se hacen interminables.

Bien es cierto que iba con muchas ganas de recorrer los dos senderos de la Hoya, el previo y el del Peligro. Aunque también sabía que la unión entre ambos la hace una pista rompepiernas que evita que cojas una buena velocidad de crucero.

En el primer sendero, que transcurre sin novedad, me paro a mitad de recorrido para contemplar unas vistas alucinantes de la zona; y en el del Peligro, me llevo una par de sustos por la humedad y el verdín que cubría todas las piedras y raíces. Aún así, disfruto con tensión la bajada y también retrato el momento que bien lo merecía.

Una vez en la pista, solo hay que llegar a Soto tras tres o cuatro kms relamiendome por el estupendo día que he pasado en la sierra. Perdón, en el territorio de Sportbilly. Por cierto, compañero, se me ha hecho extremadamente raro hacer la Hoya sin tu presencia a mi lado.
Finalmente salieron 70 kms, 1766 de acumulado en 4:32 de pedaleo.

Seguro que pronto la repetiré.

Parte I
2 de noviembre de 2008

Siempre se dijo que del dicho al hecho hay un buen trecho.


En ciclismo, no sabes porqué, pero cuando una ruta se encasquilla no hay forma de sacarla adelante. Segunda oportunidda en que se nos niega la feliz culminación de la ruta que sale de Soto del Real, sube el Puerto de la Morcuera completo, engancha con el de Canencia para viajar hasta Miraflores por la trialera de Bustarviejo y enganchar, a través de la Fuente del Cura, con el recorrido completo de la Hoya de San Blás. Hoy, el impedimento ha vuelto a ser el frío intenso combinado con una buena nevada en el trasvase de Morcuera a Canencia.

Al final, descenso a Miraflores por carretera y enlace con la pista de la Fuente del Cura. 46 kms y 1100 de acumulado a buen ritmo y con la meteorología en contra. Siempre un placer compañeros. A la tercera va la vencida.


Recorrido:

Soto del Real-Pto de la Morcuera-Pto de Canencia-Pedregal de Canencia-Miraflores-Fuente del Cura-Hoya de San Blás-Soto del Real



domingo, 22 de julio de 2007

Por Morcuera, Canencia y Miraflores.

Por Sportbilly.

Serían las 9.05h cuando llego al punto de encuentro y como siempre, Pablo está ya allí puntual para empezar la ruta que un poco alocadamente preparamos... Unos 10 minutos más tarde, llegan Jesús, Antonio, Luis y Crespo (Amigo de Luis y Antonio). Genial!!! Cada vez más gente en la Pandilla Quedadas... Todo un éxito ser 6 bikers ayer por la mañana.


Empezamos relajados entre las calles de Soto del Real dirigiéndonos a la cañada que nos lleva por la ermita del Rosario camino a Miraflores de la Sierra. El camino empieza a endurecerse y comenzamos las rampas de Morcuera sin darnos cuenta... Bueno, quizás Crespo si se daba un poco de cuenta ;-)



Parada para reagrupar a mitad de morcuera, fuentecita y esperamos a que llegue Crespo pero cuando está a nuestra altura dice que mejor no parar y que sigue!!! (Me recuerda a Kiko!!!) Ya habíamos pasado el peor tramo de pista de Morcuera y nos dirigíamos al tramo final de carretera donde desemboca la pista de subida, donde nos encontramos una culebrilla negra y azul que nos saluda mientras pasamos.


Reagrupamos, nos ponemos los cascos y pa´rriba. Sólo queda unos 2 km de subida hasta la cima de Morcuera. La pendiente media de ese tramo creo que es de 9 o 10% (Que me corrija alguien si no es así) pero la verdad es que se te hace bastante dura (por lo menos para mi)...



Cima de Morcuera y parada en la Fuente de Cosio para tomar las barritas, frutos secos y beber agua, que llevábamos 17.5km de subida... Desde allí a Canencia por la pista que ya conocíamos (con susto incluido en la curva de siempre) y desde allí nos fuimos por sendero hasta la trialera, pedregal o como queráis llamarlo hasta la carretera de Bustarviejo. En este tramo, Antonio y Luís ya comienzan a disfrutar del “Auténtico Mountain Bike”. Crespo creo que lo pasa un poco peor, pero de todas formas seguro que disfruto. Jesús, Pablo y yo disfrutamos bastante de la bajada. Es bastante técnica y obviamente no muy rápida. Sólo reseñar que Pablo, debido a un problema en el disco trasero de la Pablolized, bajo gran parte de ese tramo sin freno!!!!!!!!

Finalizada la trialera, tomamos la pista forestal que nos lleva sin dar un pedal a Miraflores (aquí si que disfrutamos todos). Todos mirábamos absortos a nuestra derecha viendo por dónde acabábamos de bajar... (Impresionante!).

Desde Miraflores a Soto, teníamos varias alternativas, entrar a Miraflores (estábamos en la estación de tren) y volver por la Fuente del Cura o bien tomar la vía pecuaria hasta enlazar con el camino de ida. Debido a que eran ya las 14.10, decidimos lo más rápido, que era enlazar con el camino de ida sin entrar en Miraflores. Esta alternativa era la menos bonita, pero la así, para la próxima vez que la hagamos tocará la otra... (más chula, pero más larga).

Una vez enlazamos con la pista por la que habíamos empezado unas cuantas horas antes, dejamos que la inercia guiara nuestras máquinas y sin esfuerzo llegamos a Soto de nuevo después de unos 52km de ruta....

Los datos exactos de la ruta los tienen Pablo y Jesús. El reportaje gráfico estará en breve...

Una vez más y no me canso ni me cansaré: Un auténtico placer y ole por Antonio y Luís, que ya están hechos unos toros y por Crespo, que aguantó como un jabato.

De Jesús y Pablo, que cada vez aprendo más de ellos en esto la bici y disfruto más.

jueves, 12 de julio de 2007

La Hoya de San Blás en masa

16:40, 11 de julio, restaurante Miratoros de Soto del Real. Soy el primero en llegar, cosa bastante inhabitual. No llega la temperatura a los 30 grados. Se aguanta el calor. Por el carril bici se acercan Ghostman y Salva. Poco más tarde Asturiano, Cazatopos y Diego. Barbarroja es el último de los “nuevos” en incorporarse. Me encuentro rodeado de nuevas caras y todos parecen bastante jóvenes. “Estarán preparados para aguantar la ruta?”, me pregunto. Hay otra posibilidad, y es que nos den pa’l pelo y se caiga de una vez y para siempre el rumor que circula por el foro de que nuestro grupo es implacable con los caminos. La literatura deformada es lo que tiene.

Pronto saldríamos de dudas. Con la llegada de Sportbilly, Joseferia, Perrolobo y los Delfis, la excursión estaba preparada para salir. La idea es completar la Hoya de San Blas subiendo parte de la Morcuera para poder bajar las dos trialeras-senderos y poder disfrutar de un recorrido bastante divertido.

Los primeros metros son llanitos, los doce bebeteros salen de Soto del Real y la charla ameniza los diversos grupitos que se han formado. “Vaya polvareda levantamos, la leche”, dice alguno. El pedaleo es sosegado, tranquilo. De pronto, Sportbilly sprinta y dice algo que sólo su maillot escucha. El resto, desconcertado continúa. Pero pasan los metros y en una encrucijada hay diversidad de opiniones sobre por dónde ir. Faltan Sportbilly y Perro lobo. Nada. Los móviles no tienen cobertura. Al fin aparecen.

Se decide tomar la pista de la derecha que comunica con la subida a la Morcuera. Alguno no está muy de acuerdo con la decisión por la dificultad que entraña, pero es la opción adecuada para no perdernos el primer sendero (sería muy del gusto de Peguero). Además, la subida haciéndola tranquilo no tiene pendientes excesivas.

Me adelanto para sacar las primeras fotos del pelotón en subida. FOTO. El terreno comienza a cambiar, las rampas se van endureciendo y se hecha de menos las sombras que ofrecen los pinos de la base de la Morcuera. Se establecen las primeras selecciones. Madre mía, como suben estos jovencitos, piensa el “abuelo” del grupo. Cazatopos comenta durante el ascenso que sólo lleva tres meses montando en bici… este chico va para profesional. Pero es que Barbarroja y sobre todo Asturiano no le andan a la zaga. Sobre todo este último, que tiene un historial sobre la carretera bastante importante.

Culminada la ascensión, llega el primer descanso. Es el bendito momento de toda ruta que se precie y donde se aprovecha para coger agua de alguna fuente cercana y comer alguna barrita. Cuando las fuerzas se reponen, preparamos las mentes para iniciar el sendero esperado. Aunque alguno quería hacerlo sin gafas, eh, Perrolobo!



Plato grande y a dar pedales. El descenso es fácil pero pasados unos 2 kms se corta y desaparece la pista. Para el que no conozca el terreno puede suponer un buen susto. Aquí comienza lo bueno. Toman la iniciativa los dos Delfis que bajan como posesos. El terreno es estrecho, con muchas ramas fustigando los cuerpos, raíces, piedras y buenas curvas. Pura técnica y muchos huevos, como decía alguno. Pablo, Perro lobo, Jose, Sportbilly y Ghostman mas o menos van agrupados. Hay cambio de posiciones porque Perrolobo decide atajar y meterse campo a través. Hay momentos en que para mantener la bici por donde uno quiere con cierta velocidad se pasa un poco regular. Los que van por delante tienen un susto con la caída de Delfi2; y Perro lobo echa un cable a Pablo para que éste no siga los pasos de aquel. Nada importante.

Pero faltan cinco por completar la bajada. Pasa el tiempo y sin noticias de ellos. Sale a colación el tema de los Walkis, que deberíamos atajar ya para solucionar problemas de esta índole. La vegetación del lugar, casi amazónica, impide cualquier comunicación por terminal móvil, así que hay que recurrir a la búsqueda a pie, ya que en bici subir el desnivel que acabamos de bajar es imposible. Sportbilly se echa su camelback a la espalda y sin más dilación comienza a dar saltos en pos de los desaparecidos. “Qué vitalidad tiene este chico”. El resto nos quedamos comentando las numerosas caídas que este lugar a visionado a lo largo del tiempo, en especial una de un tal Kilo que consiguió volar cinco metros más lejos que su bici.

“Alguien baja por allí”, dice uno. “Si, baja una bici”, dice otro. No, no es una bici. Es un OVNI. Es Sportbilly que se había calzado las botas de las Siete Leguas y bajaba por el sendero cual potente canguro australiano. Lo de este chico no merece ya más comentarios.

Afortunadamente el retraso del resto del grupo se debía a una indecisión de caminos y no a una caída o reventón inoportuno. Y es que la experiencia bajando no se coge en tres meses ni en seis. Las diferencias bajando este tipo de terrenos pueden ser mayores que las que se marcan subiendo. Pero todo es coger la técnica y la confianza adecuada.

Superado el primer gran momento de disfrute-suplicio, según para quién, se inicia un sube-baja, con más sube que baja, donde el pelotón va, mas o menos, agrupado. Son unos kms donde todos disfrutamos del excelente paisaje que nos rodea y nos da tiempo varias veces a repudiar las malditas moscas que nos acompañan en nuestro viaje.

Tras otra parada donde algunos finiquitamos todo el líquido que transportamos, nos embarcamos en busca del segundo sendero, calificado meses atrás como “sendero del peligro”. Se trata de un sendero con una pendiente considerable, y bien surtida de piedras y raíces que esquivar, aunque su principal virtud es la unión de todos los pinos que encorsetan el camino, trampas saca hombros como uno se descuide un poco. Además, los vértices de sus curvas, de 170 grados y la poca visibilidad de éstas, lo encasillan como un parque de atracciones para el mountain bike. Uno, tras otro lo vamos culminando con las lógicas paradas para hacer fotos, ya que el lugar lo merece.

Algunos tardan demasiado en bajar, y es que como en la anterior ocasión, hay que echarle confianza al asunto. Todos parecen haber disfrutado del momento. Bueno, toodos menos Cazatopos y Diego que deciden bajarlo andando. En fin, en la próxima ocasión será…

El resto de la ruta es una bajada desenfrenada por pista arenosa hasta Soto del Real que variamos en un punto para realizar un poco de Bike trial (permítaseme). Aquí tuvimos otra pequeña caída sin consecuencias. Suerte de lo mullido del terreno, casi arcilla.

Una vez en Soto, sorteamos cual procesión las calles de la localidad en busca del restaurante Miratoros, punto de despedida.

Un placer.