τὸ νικᾶν αὐτὸν αὑτὸν πασῶν νικῶν πρώτη τε καὶ ἀρίστη
"La victoria de uno sobre sí mismo es la primera y la mejor de todas las victorias"
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domingo, 30 de octubre de 2011

Pedriza forever

Estoy contento. Quizá incluso más que después de una buena carrera. Una de las cosas que más me hacen disfrutar encima de una bici es cuando me coloco un dorsal y salgo a perseguir ciclistas para lograr la mejor posición en el menor tiempo posible. Pero aún disfruto más cuando compito contra mí mismo. Sólo. Yo contra yo. Poner el crono a correr y enciscarme un puerto a las máximas pulsaciones en pos de batir un tiempo personal me motiva tanto o más que participar en cualquier prueba. Seguramente estoy exagerando ya que todo tiene su momento y su lugar.


Al ataquerrr!

Y ahora no hay lugar para las carreras. Este año ya cerré ese telón, pero con ellas no se terminaron los retos a superar. Había uno en particular que tenía entre ceja y ceja: la "cronoescalada" de la Pedriza, donde intentaría mejorar el tiempo de ascensión desde la entrada al Parque hasta el Collado de los Pastores, o lo que es lo mismo: 15,8 kms y casi 900 metros de desnivel acumulado de puertaco. La marca personal databa ya de septiembre de 2009 y ya había fracasado al intentar superarla en mayo de este año, dos semanas antes del Soplao. Entonces me sobraron más de 3 minutos.

El marco del reto, además, es insuperable. El Parque Regional de la Pedriza es un espacio protegido donde siempre es una gozada pedalear con la bici. Cuando uno elige este destino para hacer una ruta ya sabe que tiene que enfrentarse a duras y largas subidas por pistas anchas rodeadas de vegetación muy variada con unas vistas espectaculares que llegan hasta la ciudad de Madrid. Qué no se habrá escrito ya sobre este entorno!

Igual que en el mes de mayo, situé la salida en la gasolinera de BP que hay casi frente al castillo de Manzanares El Real, lo cual supuso dos kms y pico de rodaje para calentar las piernas antes de enfrentarme a la colosal subida. Al preparar la bici y mirar las presiones de las cubiertas casi me quedo sin tentativa. El obús de la rueda trasera salió disparado cuando desenrosqué la válvula para meterle aire.

Ya en marcha, un carretero me acercó hasta el desvío hacia el Parque, y una vez que crucé la barrera de entrada puse el modo "sufrir" en activo e intenté acelerar desde el principio para coger un buen ritmo, pero sin llegar al límite que me quemara antes de tiempo. La clave iba a estar en mantener el platillo grande (39 dientes) el mayor tiempo posible.

Según cogía altura comencé a disfrutar de las vistas que tengo más que revistas pero que no me cansarán aún las vea un millón de veces. Me iba encontrando con ciclistas que subían hacia el Collado de los Pastores y a los cuales iba saludando según les pasaba. Lo cortés no quita lo valiente. Me sigue extrañando la cantidad de ellos que afrontan las salidas en bici sin el casco. No sería la primera vez que veo una cabeza abierta en esta zona. De verdad, "Campaña de ponte el casco Ya"... No es difícil caerse con la bici, y el casco es una protección que te puede salvar la vida. Como diría uno que yo me sé: -"no seais mangurrianes y poneros el casco, leche".


Se llama casco y sirve para proteger el coco en caso de caída. Su uso es inocuo y puede salvarte la vida. Póntelo, leche.

Pasados los primeros 5 kms, tenía la sensación de que las piernas no funcionaban mal, a pesar de los dolores estomacales que tuve la pasada semana. De momento, el platico grande seguía engranado con comodidad -Javi, si tu lees esto te echarás a reir, ya que tu subirías con el 44 del tirón-. Durante la escalada hay dos puntos en los que las pendientes suavizan, pero cuando vas a por tiempo, suavizar no es aminorar, sino meter el piñón del 11 y apretar y apretar...

Tras el primer descanso llegan las peores rampas, alguna del 18%, que también conseguí superar con el 39-34 y con buena cadencia. Subía por encima del 85% de las pulsaciones y las mantenía bien siempre que no llegara al umbral de las 91-93% donde comenzaba a sufrir (de hecho la máxima de la ruta no superó el 94%). Me iba ayudando bastante gestionar la velocidad por encima de los dos dígitos fuera cual fuera la pendiente. Superar estas pequeñas metas me mantenía en estado positivo.


En el Collado de los Pastores

La espectacular mañana que había salido en la sierra y la buena temperatura se notaba en la cantidad de ciclistas que había subiendo el puerto, todos a un ritmo más pausado y disfrutón que el mío.

En la horquilla de la antena, a solo 3 kms del final, las sensaciones seguían siendo positivas. Cada vez que veía una bici por delante me servía de acicate para acercarme a ella cuanto antes, y cuando llegaba a su altura soltaba un "vamos" que también funcionaba como saludo al ciclista de turno.

Tras las dos últimas zetas apreté para no bajar el ritmo a pesar de la constancia de las pendientes. Cuando llegué al mirador/meta de mi cronoescalada particular y paré el crono casi me da un soponcio al observar 1h01:29. Joder, casi 4 minutos menos que el tiempo de 2009 y 7 minutos y pico menos que en las semanas previas al Soplao de este año. Reto superado.

El año que viene, si se pone a tiro, intentaré bajar de la hora, cosa difícil, ya que supondrá realizar la ascensión a más de 16kms/h por estos costarrones del señor. Ay madre!!!



No comment.

Una vez que dejé atrás el Collado de los Pastores, me dirigí hacia el Comedero de Buitres para enlazar con la subida a La Nava. Este tramo me lo tomé más relajado y fui disfrutando del paisaje y ambiente que ofrece este espectacular lugar.

En la crono a la Nava volví a poner el modo "intenso" aunque un poquitín menos que en la subida anterior. Tenía por delante casi 6 kms y 400 metros de desnivel de camino bastante descarnado y roto en los primeros compases. Cuando llegas al destino, la montaña te sitúa a 1950 metros de altitud, con Cabeza de Hierro (gracias Chema) protegiéndote las espaldas y un sinfín de kms por divisar a vista de pájaro.



La Nava.

En mi cruzada por bajar el tiempo en la Nava, además de superar sus duras rampas, tuve que fundirme con una manada de caballos que unos pastores guiaban hacia la parte alta de la montaña. "Quien tuviera la potencia de estos animales, jejeje". Hablo de la de las patas, eh! Arriba paré el tiempo en 26'20'', lo que supone 3 minutos menos que en mayo de este año. Buen remate de ruta.


Cuántas tonterías puede llegar a hacer uno en la soledad de los 2.000 metros de altitud


Con casi toda la altura perdida.

Tras unas poses en soledad, monté de nuevo para bajar hacia el Comedero de Buitres (única salida en bici de este lugar) y después cogí la variante de la derecha, es decir, volver sobre mis pasos hacia el Collado de los Pastores para apretarme los kms en subida que antes había hecho en bajada. Puro vicio. Todo ello para evitar la salida natural desde el Comedero hacia la izquierda, que me bajaría directo hacia la salida del Parque.

Del Collado bajé por pista hasta la bifurcación donde sale el camino que lleva a Canto Cochino, y de allí, tras una tachuela más, me dirigí a la salida del Parque -cuya entrada estaba colapsada de coches- y enlacé con la gasolinera de BP, final del trayecto. Allí aparecí tras 3h17 desde la salida (3h02 pedaleadas). Y así completé, una vez más, la versión exprimida de los puertacos y tachuelas de la Pedriza, es decir, 63 kms y 1600 de desnivel acumulado que me hicieron disfrutar como la mejor de las careras. Pues si, estoy contento.

Pedriza forever!!!

domingo, 2 de mayo de 2010

Un Soplao a la madrileña


A mitad de semana Tony enviaba un mail promoviendo una ruta imposible que había visto publicada en no se que revista. Entre los receptores de ese correo me encontraba yo. Sin pensarlo dos veces, sin mirar demasiado el recorrido ni la altimetría, me alisté en la aventura que mecionanba la publicación y cuyos protagonistas habían dividido en tres etapas. Como telón de fondo aparecía el Soplao y su preparación: la escusa perfecta para meterse en esta locura.



Como a medida que pasaban los días no había ningún otro incauto que se apuntase a la megaruta, Tony y yo organizamos todo para el sábado 1 de mayo. La salida sería desde Mazanares El Real. Tras un madrugón épico logramos ponernos a dar pedales unos minutos después las 8 de la mañana.


Siguiendo la rueda de mi amigo, enfilamos las pistas que bordean la entrada a La Pedriza hacia Mataelpino. Comenzamos a meternos por senderos estrechos entre matorral bajo con un cielo azul sobre nuestras cabezas pero con un montón de nubarrones agarrados a toda la cuerda de la sierra. La Maliciosa, con su granito esplendoroso, nos vigilaba desde su posición de privilegio.

Ajenos a todo esto, mi compañero y yo continuamos avanzando dirección Cercedilla. Pronto empiezan los primeros problemas. Una herida en mi ingle, provocada por la rozadura de las miles de horas de pedaladas en los últimos días, comenzaba a molestar y, aunque llevaba una tirita, el rozamiento de la pierna me hacía ir en un grito. La única solución era pedalear con la pierna derecha algo más abierta. Por otro lado, el freno delantero había perdido presión y la maneta casi tocaba el manillar. Cojonudo.



En Cercedilla ya me recuerda Tony que vamos con retraso sobre el horario previsto. "Buenoooo, vaya cagaprisas", pienso. Y llevamos poco más de 20 kms. La subida a la Fuenfría la iniciamos tranquilos, aunque superados los tramos más duros de asfalto (donde saludamos a un bicicletero que estaba comenzando el Camino de Santiago), la velocidad de crucero aumentó lo suficiente como para terminar el puerto en apenas 55 minutos. "Este no es el ritmo", le digo a Tony. "Si seguimos así en el km 100 estamos rilados". Pasamos por el alto de la Fuenfría sin parar e iniciamos la bajada hacia la Fuente de la Reina. La vertiente norte del camino de la República nos saluda entre una intensa niebla y 7ºC. Mal rollo.

Tras la parada técnica en la fuente de la Reina, seguimos bajando hacia los Montes de Valsaín, y antes de llegar a ellos, nos cruzamos con un nutrido grupo del Club Ciclista Luis Valtueña. Desde Valsaín a la Granja de San Illdefonso cogemos la carretera unos 3 kms. Este tramo nos sirve para calentarnos de nuevo, porque la bajada nos había dejado helados. Ya en la Granja, con 54 kms eliminados y tras la foto de rigor con el Palacio a nuestras espaldas, comenzamos a pelearnos con el GPS. No éramos capaces de encontrar la salida correcta que nos orientara hacia la Cañada Soriana Occidental. Mis problemas con la herida continuaban latentes, pero la única farmacia que encontré en el pueblo estaba cerrada.

Tras callejear para un lado y para otro, pregunto a un deportista que iniciaba su carrera mañanera sobre unos gemelos descomunales. Tenía toda la pinta de un participante de la Maratón Des Sables en el Sahara. Tras las indicaciones oportunas, cogemos la salida por carretera hacia Torrecaballeros y poco después nos metemos en la Cañada Soriana. El cielo continuaba nublado pero la temperatura había subido hasta los 12ºC. El camino en el que nos encontrábamos debía dejarnos, tras unos 20 kms, en las cercanías de Navafría, allí donde deberíamos acceder al puerto clave del día, la ascensión por la vertiente norte de Malagosto para terminar cayendo hacia Rascafría.





El proceso de pedaleo por la Cañada Soriana fue bastante penoso. Un contínuo subibaja, la pista en un estado bastante lamentable, baches contínuos que te castigan posaderas y cervicales y te van minando la paciancia, un halcón vigilandonos desde el cielo para sacarnos los ojos... Y lo peor de todo, el cruce de charcos inmensos, zonas pestosas de barro y algunos arroyos que intentábamos vadear de la forma menos dañina posible.

Todo este percal se terminó cuando nos encontramos con el padre de todos los arroyos. La imposibilidad de cruzarlo montados solo nos dejaba la opción de descalzarnos. Dada la temperatura y los ánimos, nos dimos media vuelta para enlazar con la N-110, que iba paralela a la maltrecha Cañada y nos iba a aliviar el culo hasta la llegada a Collado Hermoso. A la entrada de este pueblo dudamos si coger de nuevo la Cañada o seguir por carretera, y tras realizar las oportunas inspecciones, decidimos parar y comer algo mientras pensamos que camino elegir. Una panadería nos sirve como avituallamiento y nos provee de un par de CocaColas. Son poco más de las 13:00 horas y el estómago pide refuerzos, así que es hora de meterse uno de los bocadillos de chorizo y jamoncito que porteábamos para nuestra aventura.



Dado el retraso que llevábamos en la ruta por las pérdidas de orientación en La Granja y lo sufrido del pedaleo en los caminos reales, elegimos la carretera para aproximarnos a nuestro encuentro con la entrada a Malagosto pero, poco después nos salimos a la pista que va paralela al asfalto. Tras unas indefiniciones provocadas en parte por nuestro amigo el GPS, comenzamos a subir Malagosto haciendo cábalas de lo que iba a suponer este puerto en tiempo, kms, desnivel acumulado y desgaste. Hasta entonces llevábamos unos 80 kms y como el ritmo había sido bastante intermitente, el cansancio de momento no hacía mella.

Las pistas que suben el puerto pronto comienzan a elevar sus porcentajes entre zetas llenas de pinares y donde vamos cogiendo altura a una velocidad vertiginosa. Las vistas sobre Navafría eran espectaculares. Íbamos al tran-tran, casi sin bajarnos del 10% de desnivel, y con el recuerdo de finales del año pasado cuando hice este puerto con Luis, pero a la inversa, subiendo desde Rascafría y bajando hasta Navafría. La sensación de aquel descenso fue increíble, y es que estando la cumbre a casi 2200 metros, bajamos a poco más de 1000 metros en 17 kms. Un buen rato con los pelos como escarpias.


En este caso había que comerse el puerto al revés. LLegado el km 12 de ascensión, llegamos a una zona de esplanadas con inmensos pinares y un pequeño refugio abandonado. La bifurcación que hay en esta zona nos hizo equivocarnos de nuevo, y solo la repentina pérdida de altura nos detuvo para comprobar la situación. Efectivamente, por esa pista nos estábamos dirigiendo hacia Navafría de nuevo. Error. Aprovechamos el parón para darle un bocado a una barrita y beber el poco agua que entonces ya llevábamos.


Retomamos el camino correcto a unos 1800 metros de altura, con lo que nos quedaban casi 400 metros de desnivel a superar en poco más de 4 kms. El avance por este increíble sitio nos presentó los primeros neveros a los lados del camino. Según cogíamos altura, la vegetación iba desapareciendo y los neveros aumentando. La zona de la cumbre comenzaba a perder la luz del sol y la niebla y el viento se iban a presentar como compañeros de viaje. En dos ocasiones, la cantidad de nieve borró el camino de nuestra visión teniendo que rodear las blancas planicies para retomar la dirección correcta. Fueron momentos duros ya que los infames toboganes jugaban con la altimetría y la sensación era de indeterminación total. Poco a poco vamos superando los últimos metros a un ritmo zafio, casi parados, sobre todo por mi parte. Veía a Tony avanzar unas decenas de metros delante de mi, y me animaba a no perder su figura entre la niebla y los vericuetos del terreno. No hay nada comparable en la sierra a este puerto, quizás, tan sólo, la subida desde Montejo hasta Tres Provincias lo iguale o supere en dureza.


De pronto, comenzamos a descender, y sale el sol de nuevo. Parecía que el puerto había terminado, pero al no vislumbrar la cruz de Juan Ruiz me surgieron dudas. Esta cruz es el verdadero punto de inflexión de esta tortuosa montaña. Pero... error. Nos salió al paso de la nada una subida llena de piedras donde el platillo tiene que ser el protagonista para avanzar con garantías. A media subida Tony decide no gastar más energías con ese rampón, mientras yo me doy una oportunidad para terminar con esa pendiente.


El esfuerzo por fin ha merecido la pena. "Ponte el chubasquero", le digo a Tony. "Desde aquí hasta Rascafría, todo bajada". Habíamos terminado el puerto de Malagosto después de 1h56 minutos de penuria. Menos mal que cuando el dolor de cuello te dejaba levantar la vista, las panorámicas eran de otro mundo, un puro regusto de satisfacción visual.

Nos empezamos a deslizar hacia Rascafría con 124 kms detrás nuestro. Nos esperaban casi quince kms para recuperar fuerzas y saborear las vistas del valle de Lozoya. Todo un espectáculo. Tony tira por delante y yo trazo una bajada más conservadora debido a mis problemas con el freno delantero. En cualquier caso, estos descensos son para enmarcar por la velocidad a la que pasan las cosas y la sensación de libertad que adquieres a esa altura. Sin darnos apenas cuenta entramos en Rascafría, donde seguimos descendiendo por sus calles en busca de alguna placita donde descansar y tomarnos otro refrigerio. Lo más duro de la ruta ya había pasado, pero todavía quedaba subir los 13 kms de la Morcuera por su lado norte. Una CocaCola, los últimos bocadillos y unos cuantos estiramientos ante la mirada de decenas de paseantes urbanitas nos ayudan a ponernos de nuevo en marcha.

La salida de Rascafría fue el peor momento de toda la ruta. Al menos para mí. Cuando comencé a pedalear el ambiente fresquete me hizo perder temperatura en el cuerpo rápidamente y comencé a temblar de forma casi convulsiva. Y así fuí desde Rascafría hasta El Paular, donde parece que volví a coger calor por el pedaleo y recuperé algo el aliento. "Joderrr, que frío".


Pasamos el Puente del Perdón e iniciamos el acercamiento a las primeras rampas de la Morcuera. La afluencia de visitantes a este rincón de la sierra había sido masivo. Desde una perspectiva egoísta provoca cierto recelo compartir estos espacios con tal masificación de gente. Pasados los dos o tres primeros kms, Tony y yo volvemos a encontrarnos solos con nuestras monturas. La subida al puerto la hacemos mejor de lo previsto y nos plantamos en el refugio en 1:06, lo cual no está mal teniendo en cuenta que nos contemplaban ya 147 kms por detrás. En el alto del puerto, Tony me comenta que no se encuentra demasiado bien del estómago. Por mi parte, el dolor de mi sufrida herida y las cervicales estaban machacándome, pero el comprobar lo cerca que teníamos el final de esta ruta, nos pone sobre el sillín rapidamente.


El comienzo de la bajada desde el alto de la Morcuera se hace por carretera durante cerca de dos kms. Estos dosmil metros pasan volando ya que se alcanzan velocidades cercanas a los 70 kms/h con las ruedas gordas. Con una flaca no quiero ni pensarlo. Una vez cogido el desvío a mano derecha que nos mete en las pistas que bajan a la Hoya de San Blás, volvieron las penurias con el cuello y las cervicales. Cualquier chinita en el camino se convertía en una puñalada en la nuca. Fuerza y valor. Ya quedaba menos. Tras terminar la bajada enlazamos con la pista que nos mete en el corazón de la Hoya de San Blás. Dirigí las operaciones hacia el primer sendero del peligro (que Tony no conocía y fue un grato descubrimiento para él). En esta vereda pedregosa y zigzageante hay que tener cuidado normalmente para no tener una caída, pero con una kilometrda como la que llevábamos, la prudencia tenía que elevarse varios grados.

La luz de la tarde, el regusto por la megaruta casi terminada, la vegetación frondosa de esta espectacular zona de la sierra de Madrid, y yo que se cuantas cosas más se mezclan en estos momentos finales. Solo nos queda dirigirnos a Manzanares por los dos o tres kms de pistas que desembocan en la N-608. Un gran arroyo se interponía antre nosotros y el destino, pero ya daba igual, lo pasamos a saco. Los cuatro kms finales, como en el Soplao, fueron por carretera, tirando de mi compañero a treinta y tantos kms/h y a unas lamentables 120 pulsaciones. La llegada, como siempre que se sale con Tony, es a machete, y esta vez el hachazo no tiene respuesta por mi parte. Bien acabado está lo que acaba de esta forma. Madre mía!

Ya en los coches, con el reloj dando las 19:47, el resultado de este simulacro de Soplao arroja los siguientes datos:

164 kms.
9h:56 de pedaleo
11h:44 de ruta.
3.500 desnivel ac+
Altura máxima: 2188 m
Altura mínima: 908 m
16,4 kms/h


Tony, ha sido un placer compartir esta ruta contigo. Felicidades por completar esta machacada, eres un verdadero gladiador de las dos ruedas.

Tu versión de los hechos:

CRÓNICA DE UN DÍA DE LUCIDEZ

Hace muchos, muchos años, me propuse sentir la libertad. Evidentemente no lo conseguí. Sin embargo, cada día que pasa no dejo de intentarlo. Alejarse de la realidad cotidiana es el objetivo final de cada día. Curiosa redundancia.He leído que “la esperanza no es la convicción de que algo saldrá bien, sino la certeza de que algo tiene sentido, salga como salga”.

Y con ésta o aquella esperanza, el sábado nos embarcamos en una miniaventura que, como poco, me llevó a conocer algo más de mi mismo y, a tener menos desconocimiento de mi compañero.

Once y media de la noche…allí estaba, preparando el GPS para la megaruta del sábado. Pablo me va a matar, le he metido en esto con la única información de un conjunto de rutas de Wikiloc, mezcladas y unidas a golpe de CompeGps, comprobadas en Google Earth y con el Perfils para el desnivel positivo. Aún tenía algún tramo bailando a eso de las doce de la noche. En fin, hora de dormir, más se perdió en Cuba.

Amanece el sábado. Seis de la mañana ufffffff!! Que poco se ha dormido y menos mal que Irene no protestó en toda la noche. Yoghourt, kiwis, Té y tostadas con aceite. Delicioso desayuno. Bueno ya que estoy un platanito para rellenar. Seis y veinte, salgo a la calle. Parece buen día, enchufo la bici en el coche y salgo a buscar a Pablo. Siete y 2 minutos, Pablo está en la calle esperándome. Montamos su megatrasto en el coche y empieza el día. Al instante Pablo pregunta: ¿bueno entonces por donde vamos a ir??. Coño!! yo estaba perdido, pero había quien no se había leído ni los correos, jajaja!! Qué bueno!! Me encanta, promete aventura. Respiro hondo y empiezo; la ruta consistirá en 183 Km y unos 4200 metros de desnivel. Empezamos en Manzanares, seguimos el camino de Santiago hasta Cercedilla, subimos Fuenfría, bajamos a Valsaín, nos llegamos a La Granja, continuamos hasta un poco antes de Navafría, subimos el puerto de Malagosto, descendemos a Rascafría, nos desplazamos hasta El Paular, ascendemos Morcuera, bajamos por la Hoya de San Blas y aparecemos por Manzanares, qué te parece?. Pablo me mira y contesta; ¿y eso salen 183 Km? Joder… ya empezamos con las tiranteces, jajajaja!!

Llegamos a Manzanares y en menos de 15 minutos estábamos con nuestras máquinas listas para rendir en el top 100. Son las 8:10, comenzamos la Megaruta. El camino a Cercedilla era conocido y además fácil de seguir. Un trazado prácticamente llano con algún sube-baja, pero divertido. La llegada a Cercedilla fue un poco más tardía de lo calculado ya que mi compañero hizo gala de su edad, parándose a mear unas 200 veces, y es que es malo ser mayor, jajaja!!.

Empezaba la romería de ciclistas que se acicalaban con sus ropajes para subir Fuenfría. Otros, ya en ruta, eran sorprendidos por dos locos que les pasaban a toda velocidad. Pablo puso la directa y tocó observar, como una premonición de futuro, un cartel que ponía Pedals de Foc en el trasero de mi compañero, mientras empezaban a tensarse mis minúculos gemelos.

Entrando en la pista de arena de Fuenfria empezamos a ir deprisa, tan deprisa que tuve que frenar para no chocar contra una ciclista que se me cambió en el último momento. Al pasarla, una voz me gritó; qué pasa Tony??. Ostia!! Alex, qué tal?? Un colega Mammothiano que iba con su chica. En fin, lo de siempre, saludos, abrazos y vamos que tenemos prisa. El comentario de Pablo: “ya verás como éste comente como subíamos Fuenfria”. Tiempo de subida 1:04. Me pasé la subida diciendo: “sujeta los caballos”.

Comienza la bajada, parada en la Fuente la Reina para reponer fuerzas y beber agua. Nos acompañaban unos siete grados de temperatura, hacía un frío helador. Llegamos a Valsain sin muchas contemplaciones y giramos a buscar La Granja. Este tramo lo hicimos por carretera ya que yo no lo había preparado.

En la Granja, empecé a perderme y estuvimos como unos veinte minutos dando vueltas hasta que un segoviano, curtido en los menesteres de la carrera a pié, nos indicó amablemente por donde se tomaba la Cañada Real Soriana. Allá que fuimos. Empezamos por carretera hasta encontrar el camino. La cañada estaba en mal estado, un sube-baja con barro, mierda de vaca y grandes roderas, aguantamos en ella hasta llegar a Sotosalbos donde atravesar un río fue tarea imposible. La solución fue ir por carretera.

Llegamos a Collado Hermoso, pueblo donde nos apretamos otro gran tentempié y donde Pablo tuvo tentaciones de cargar con una caja de mantecados segovianos en la Camelback. Menos mal que le pude convencer. Supongo que la charla sobre el colesterol que le vine dando todo el camino empezó a surtir efecto. Lo que tuvo que aguantar…pobrecito!!

En Collado Hermoso volvimos a decidir, carretera o camino asqueroso. Habíamos perdido mucho tiempo entre idas y venidas, eso por no contar el tiempo consumido en la cañada y el tiempo de comer, que nos lo tomamos con gran tranquilidad. Decidido: carretera. En muy poco tiempo nos plantamos en la desviación que el GPS indicaba, sin embargo empezaron las dudas al cabo de unos 500 metros de subida de puerto. Nos tocó bajar para comprobar si estábamos en el buen camino. Efectivamente, estábamos!!. Perdimos algo de tiempo pero mejor asegurar, ya que había posibilidad de caminos sin salida.

Empezamos la subida al temido puerto de Malagosto, 1036 metros de “purita cuesta” (como decía una amiga mexicana). Las primeras rampas fueron rompedoras pero el cartelito de Pedals de Foc me ayudaba a sobrellevarlas. El ritmo fue bueno aunque procuramos no excedernos. El paisaje espectacular. La tranquilidad excepcional. Era uno de esos puertos que te permiten sentir el dolor de tus piernas y, disfrutar de tus pensamientos. Subíamos y subíamos, hasta que por fin la nieve hizo acto de presencia. Primer nevero a cruzar, Pablo se hundió, yo lo sorteé, jajaja!! Estabamos en la cumbre del pico Pelado. Seguimos la ascensión, de repente los árboles habían desaparecido para dejar paso a un paisaje sacado de una novela de Lovecraft. El pico del Nevero al fondo, y nosotros a 20 metros de la cumbre del Pico Negro. La nieve se impuso por fin en un gran nevero que no quedó otra que meterse de lleno. Ya en la salida a Pablo le tocó el cartelito de “el infierno del norte”, jaajaja!! Pablo iba dolorido debido a una herida que llevaba todo el día molestándole.

Por fin llegamos a la cruz de Juan Ruiz, en honor al Arcipreste de Hita. Fotos de rigor y esto no termina nunca. Aun tenemos que subir un poco. Al final toca bajarse unos metros, Pablo continua hasta el final. La vista recompensa el esfuerzo. Maravilloso ver la sierra desde este lado. Cierto es que el esquí de travesía me había reportado esa imagen en más de una ocasión, pero esta era tan diferente como las otras.

Por fin toca la bajada del Malagosto. El descenso brutal por buena pista lo aprovechamos para estirar un poco la espalda y quejarnos al compañero de nuestro dolor de cuello. Pero entre unas y otras, llegamos a Rascafría, uhmmm! poderosa Cocacola.

Alli aproveché para juguetear en el GPS y cuando preguntó que si estaba seguro de borrar, contestarle que sí. Pablo no se lo creía cuando le di la noticia, nos habíamos quedado sin track. Lo bueno es que yo, que valgo por dos, como dice mi madre, tenía el GPS del móvil encendido y registrando toda la ruta desde el principio, así que estaba salvado de la paliza de Pablo.

Repusimos fuerzas y a Morcuera. Ciclar en las Presillas, un sábado de buen tiempo es tarea ardua. Sorteamos a gente y más gente, hasta que por fin me vi, de nuevo, frente al cartel de Pedals de Foc, que obsesión!! La subida a la Morcuera fue rápida dentro de lo que cabe (1h 06 min), una vez allí, ya se respiraba a Castillo de Manzanares. Empezamos la bajada por carretera, nos metimos por el camino habitual y finalmente por el camino de la Hoya, un senderito que yo no conocía ya que siempre lo hago por la pista. Continuamos la bajada hasta atravesar el río que nos llevaría hasta la carretera de Manzanares empapados de agua hasta las cejas. Desde la carretera, plato grande y a terminar como los campeones, esprintando.

El emotivo abrazo de llegada siempre quedara grabado, así como esta megaruta que como poco me hizo sentir algo más libre por unas horas. En lo deportivo sacamos un propósito: EL SOPLAO EN MENOS DE 9 HORAS !!!!Gracias a todos por leer hasta aquí.Nota: envío ruta para aquellos que deseen repetir la experiencia.

Saludos pa´tos Tony