τὸ νικᾶν αὐτὸν αὑτὸν πασῶν νικῶν πρώτη τε καὶ ἀρίστη
"La victoria de uno sobre sí mismo es la primera y la mejor de todas las victorias"
Mostrando entradas con la etiqueta Por Cantabria. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Por Cantabria. Mostrar todas las entradas

martes, 30 de agosto de 2011

Asfalto cántabro

Los últimos días de agosto ya han pasado, y con ellos se ha ido hasta el último suspiro de las vacaciones estivales. En la recta final del descanso decidimos transladarnos a Santander, exactamente a la pedanía de Langre, una de las siete aldeas que componen el municipio de Ribamontán al Mar y que está geográficamente situado frente a la ciudad de Santander.

Ubicados en una casona en lo alto de una loma, desde donde se divisa un inmenso valle lechero -tengo entendido que es el de mayor producción de toda Cantabria-, y delimitado por unos montes verdes que dan una frescura sin igual a toda la zona, tuvimos el escenario ideal para rematar unas vacaciones que en todos los ámbitos han sido muy positivas.


En lo ciclista, y todavía sobrecogido por las aventuras de Noe en la TransAlp y Ada y Santi en el Ironbike (qué mérito tiene esta gente), finalmente conseguí que la bici pasara la aduana familiar. La dureza de este trámite no es tanto por la permisividad de los agentes aduaneros, que no ponen una sola pega, sino por la sensación interior de no ser capaz de hacer un viaje sin meter "la bicha con ruedas" en el maletero del coche...

Además de intentar no desinflarme del todo antes de la MadridXtrema del 4 de septiembre, tenía muchas ganas de recorrer algunos puertos de la geografía cántabra con la flaca. En años anteriores, cuando no sabía lo que eran unas ruedas finas, ya solía rodar por muchos de ellos buscando esas sensaciones que da el asfalto.

 Carretera comarcar atravesando Omoño

Tras una primera toma de contacto por la CA-141 hasta Santoña, una carretera autonómica que circula paralela a la costa desembocando en la nacional a Bilbao, y que solo tiene una pequeña dificultad con el portachuelo de Ajo, dirigí las miras hacia una salida que me llevara hasta el alto de Peña Cabarga. Arena fina.

 Peña Cabarga

 Tras salir de Langre hacia Beranga, pasando por Güemes, Las Pilas, San Mamés, San Miguel de Meruelo y Praves puse la bici mirando hacia este monte, un puerto que se subirá en la Vuelta a España como colofón a la etapa del próximo día 7 de septiembre. Su longitud es corta, apenas son 6 kms, pero sus rampas llegan hasta el 10% de media con una parte final diabólica al 19% para terminar ascendiendo 450 metros de desnivel. Y claro, no es lo mismo subirlo con una bici de montaña con un desarrollo más o menos cómodo que con un 39-27. A dos kms del final cuando la cosa se pone insufrible llegué a retorcerme encima de la bici como nunca antes. Pensaba: "no me bajo ahora mismo por dignidad, pero como esto no ablande en unos metros, me caigo a plomo". La recompensa arriba es infinita ya que las vistas desde esta cima alcanzan más allá del mar y las montañas.

Por primera vez bajé de la media hora: 29:12.

 Vistas desde la casona de Langre

 La playa de los Tranquilos

Después de otro día de rodaje por las carreteras que atraviesan Somo, Pedreña y Rubayo, diseñé una ruta que no superara los 100 kms y que no me llevara más de 4 horas fuera de casa. Por cercanía geográfica y emocional puse la salida y meta en el precioso pueblo de Liérganes. Desde aquí tomé la carretera hacia La Cavada y subí el Puerto de Alisas y el de Collados del Asón desde Arredondo. Después me dirigí hacia La Gándara y volví por Ramales de la Victoria para rematar la etapa con otra subida a Alisas, esta vez desde Arredondo.


La subida a Alisas desde La Cavada tiene un 6,5% de pendiente media y sus cerca de 10 kms de rampas no son muy duras. En los días claros las vistas hacia el norte ofrecen una impresionante panorámica de la costa. El casi nulo tráfico además del buen asfalto hacen de esta montaña una muy buena opción para salir con la bici hacia el interior.


Aproximadamente en el km 6, la carretera comienza a zigzagear buscando la cima del puerto. Pero antes uno se encuentra a tres ciclistas de metal oxidado cuya labor es rendir un homenaje perpetuo al ciclismo. Es muy gratificante pasar a su lado.



Terminada esta ascensión busqué rapidamente la bajada para no quedarme frío en el alto. En nada y menos estaba entrando en las calles de Arredondo, que es "la capital del mundo", según reza una placa. Poco después y tras girar a la derecha en un cruce comencé a buscar las primeras cuestas del segundo puerto del día: los Collados del Asón. Esta subida se divide en dos partes. Una primera va cogiendo desnivel en una tremenda recta que atraviesa un bosque de hayas que apenas deja pasar la luz del sol; y una segunda, con cuatro o cinco horquillas, terminan de ubicarte a 715 metros sobre el nivel del mar.


De nuevo las vistas son espectaculares y dignas de cualquier postal. Las formaciones calcáreas que las aguas y los hielos van esculpiendo en la montaña no dejan de sorprenderme año tras año. Y es que por algo este Parque Natural es uno de los espacios protegidos que la región cuida con máximo mimo. Da gusto subir puertos como este donde el entorno dirige al disfrute por encima del sufrimiento.

Las últimas horquillas antes de la cumbre

Junto al buitre de granito en la cima del puerto


A diferencia que otros años, cuando enlazaba este puerto con el de la Sía, en esta ocasión me dirigí hacia La Gándara y Ramales de la Victoria por la comarcal 256, una carretera cómoda y revirada con apenas algo de tráfico y donde se puede saborear durante un buen rato las sensaciones que transmite el valle que atraviesa el río Gándara.

De Ramales salí a la comarcal 261 que me llevaría en unos 12 kms hasta Arredondo de nuevo, lugar en el que tendría que eliminar la última dificultad montañosa de la jornada: Alisas por la vertiente sur. Si este puerto desde La Cavada está considerado un 1ª categoría, la subida desde Arredondo es un 2ª. Yo no encuentro grandes diferencias entre las dos vertientes -ni en longitud ni en elevación-. Se hacen cómodas si no quieres exprimirte y muy duras si vas a machete, ya que es la típica montaña donde se sube a base de potencia.

A pesar de ser día festivo en Cantabria y del buen clima no me crucé con demasiados ciclistas, lo cual no dejó de extrañarme ya que este lugar es sacrosanto entre los bikers de la zona y alrededores.


El final de Alisas me indicó practicamente el final de la ruta. Descenso hasta La Cavada y llaneo hasta Liérganes para comenzar a saborear lo que en definitiva fue la última ruta por asfalto cántabro de estas vacaciones.

Paso de La Cavada hacia Liérganes


Ya en el coche paré la bici con los datos más o menos previstos: 100 kms, 1950 de desnivel acumulado sacados en tres puertos y algo menos de 4 horas de ruta. Pero como aún quedaban unos 20' de coche hasta Langre debía de darme prisa en salir de Liérganes para que en cas no hiciera mucho ruido esta salida. Chssssssssssssssss...


miércoles, 25 de mayo de 2011

10.000 del Soplao 2011... Volveré!

Un año más, ya estamos de nuevo en la rutina diaria después de la aventura del Soplao y, de verdad, que se hace difícil volver a la realidad tras vivir las sensaciones y la magia que rodean a esta prueba.

Un año más vuelvo a dar las gracias al pueblo entero de Cabezón de la Sal, a su club ciclista y a la gente de otros pueblos que se agolpan a lo largo del recorrido para aplaudir a los corredores, emocionarnos y hacer que demos un poco más de lo que llevamos dentro.

Un año más me voy más que satisfecho por mi rendimiento, por la suerte de no sufrir averías ni contratiempos, pero sobre todo, por saborear cada centímetro del recorrido, inigualable, espectacular, y digno en muchos tramos de una película de duendes y hadas.

Y un año más, he tenido la fortuna de compartir dos días y dos noches con un grupo de gente maravillosa a la que no puedo más que felicitar por lo grandes que son como ciclistas, pero aún mejores como personas. Gracias a Luis, Eduardo, Javier y Jose Ramón con quienes conviví en la casa de Cos, con quienes compartí un emocionante post carrera y con quienes fuimos a comer el archi famoso chuletón de buey el domingo antes de viajar de vuelta a la rutina diaria.

Con Peguero, Clara y Carlos al recoger los dorsales.

En cuanto al desarrollo de los acontecimientos, lo de todos los años: la intriga por la climatología nos mantuvo en vilo hasta el último momento. Y el viernes llega el previo, el viaje, la llegada a Cabezón, las miles de bicis que se ven por todos lados, el encuentro con amigos de diferentes lugares de España (algunos muy especiales), el ambiente de la carpa y la recogida de dorsales, todo ello provoca un gusanillo en el estómago que ya no se te quita hasta la traca que da el pistoletazo de salida a la carrera a las 8:00 de la mañana del día siguiente. Es el momento en el que 8.000 pedales se pondrán en movimiento para enfrentarse a 165 kms y 4200 metros de desnivel positivo.

Cos, 6:50, motores encendidos: De izqda a dcha José Ramón, Pichi, Eduardo, Luis y el que suscribe

Con todo el tinglado medio organizado y con la alegría de haber saludado a gente que hacía tiempo que no veíamos como Clara, Carlos, Ada, Santi... y con la esperanza de encontrarme con algunos otros, nos metimos en la faena de la cena, el preparativo de las bicis y las decisiones de si voy de corto o de largo, si me pongo falda o camisón... Cómo somos!!! La cena venía casi preparada desde Madrid ya que la santa mujer de Luis y la santa madre de Javier habían preparado macarrones, salsa bolognesa y un boll de arroz que no se lo salta un gitano (¿de dónde vendrá este dicho?).

Los nervios a flor de piel

El reparto de habitaciones metió a cada mochuelo en su nido, con sus nervios, sus interrogantes y sus ambiciones. Del grupo, Eduardo, José Ramón y Javier se estrenaban en el Soplao; Luis iba a por su segunda participación; y el que suscribe sólo había fallado en la primera edición. Pero todos, por unas razones u otras, teníamos los nervios a flor de piel. La luz se apagó hasta el día siguiente. Los despertadores no tuvieron que sonar para que saltásemos de las camas. A las 5:50 am el desayuno estaba puesto, los corredores vestidos y las bicis preparadas.

Vaya grupo de máquinas.

Pocos minutos pasaban de las 7:00 am cuando llegamos a la salida y cual fue nuestra sorpresa al encontramos un aluvión de gente delante nuestro, seguramente ya habría más de 1200 puestos por delante, con lo que la resignación fue la mejor de las medidas. Con el crecimiento exponencial que está teniendo esta carrera sería conveniente pensar en un sistema de cajones. En la espera, al menos, te encuentras con gente conocida... Estuve con Dani (Varilux), saludé a Buje (Forobici) y me acordé de los ausentes. La verdad es que los minutos pasaron rápido, los últimos 20 segundos cantados por todo el pelotón, la música de AC/DC... y la traca. Los pelos de punta... Y se dió la salida.

Hasta que conseguimos pasar bajo el arco de meta pasaron casi 5 minutos, lo cual me hizo tirar hacia adelante todo lo que pude, primero en la carretera y luego en la pista que nos dirigía hacia las rampas del Monte Corona. Las sensaciones de salida fueron muy buenas, aunque iba tan encendido que ni miraba pulsaciones ni nada, solo buscaba huecos por donde pasar. Adelanté a gente hasta aburrirme, grupos enteros que no salían con ánimo competitivo, sino a pasar un gran día de BTT.

Tras hacer cumbre comenzaba la bajada hacia Caviedes, y sabiendo como estaba la pista de seca, con bastante grajilla, me lo tomé con bastante calma. Descendí conservador sin importarme que me pasaran unos cuantos que iban bastante más deprisa.

Así llegamos al primer avituallamiento. Ritmo alto y sensación de haber eliminado bastante gente ya, por lo que me tranquilicé un poco. El avituallamiento lo hice en marcha, me comí media barrita y seguí hacia adelante. En estos tramos coincidí con una grupeta del CC de Algeciras, aupa!!! y en un pis-pas estábamos a los pies de las Lastras, en el pueblo de la Cocina. Los primeros metros fueron un desastre. Tapón y a andar. 40 metros caminando. Pude montarme de nuevo para subir con ritmillo ya del tirón. Alucinante la gente que se concentra en este punto, todos ellos te animan y te impulsan para arriba. Te hacen sentir que estás en un evento especial. Aquí me encontré con Clara que subía con buen ritmo. "-Vamos Clara!!!

Dani, del Varilux, en las Lastras. Su primer Soplao en 8h01

La siguiente dificultad estaba en la subida al Soplao, unas eses muy tendidas por las que se pasa deprisa y donde me seguí quitando gente de delante. Al avituallamiento del Soplao llegué en 1h48', a 22' de la cabeza. Aquí si paré a evacuar, llenar el bidón y comer un plátano, ni dos minutos. Gracias a la organización que te lo traía todo a la bici, los chicos te preguntaban que querías y te lo ponían servido. Increíble.

La bajada del Soplao por la trialera hasta Celis vuelvo a hacerla conservadora, llevaba las Fast Track muy gastadas y agarraban poco, o nada. Entre eso y que cada vez bajo peor, me pasaron otros cuantos ciclistas. Sin duda mi rémora en este Soplao.

Abajo teníamos un tramo largo de carretera hasta Carmona donde el año pasado conseguimos hacer una grupeta que nos vino de miedo para ir rápido sin desgastar mucho. Este año no conseguíamos hacer grupo, todos iban más despacio de lo que a mi me venía bien y decidí tirar yo solo. En este tramo vi a Ada a la que ofrecí la rueda para acercarla a algún grupo.

Monte Aa. Era la primera vez que subía esta pared con un 26 y tenía mis dudas. Conseguí una cadencia buena y me sobró el píñón del 34 con lo que terminé encantado del doble plato. Esta subida se me hizo bastante rápida. Iba pensando en la referencia horaria del año pasado cuando llegué al avituallamiento de Casa del Monte a las 11:00am, con tres horas de carrera. Y no lo tenía claro, iba con algunos minutos de retraso por la salida tan caótica. Tenía tarea por delante si quería bajar el tiempo del año pasado.

Dejando Monte Aa atrás

La bajada de Monte Aa, más de lo mismo, despacio y sin arriesgar nada... Me seguía pasando gente pero ya menos que en los anteriores descensos. Habíamos conseguido una posición de carrera bastante holgada. Era hora de tirar!!! Hasta Casa del Monte, volé literalmente, y en Ruente, tras pasar por el puentuco, decir que la carne se me puso de gallina es quedarse muy corto, creo que se me separó del cuerpo de la emoción. Dios, cuanta gente, animando, aplaudiendo, ufff, qué grandeeee!!!

En el avituallamiento previo al Moral me encontré con Joaquín (CC Colmenar). "Joer, si estoy aquí con este máquina, no voy mal", pensé. Charlamos 3 minutos, una barrita, un plátano y a la bici de nuevo. Él salió antes que yo, y aunque me invitó a ir con su rueda, preferí ir a mi ritmo sin agobios. El Moral es el inicio del verdadero Soplao, de los puertos largos, del calor o del frío, de las emociones, de los lugares donde ganas el Soplao o lo pierdes. Decidí meter el 26 para ir con cadencia y con piñones intermedios. Y así, chini-chano, comiendo y bebiendo durante 59 minutos (casi 7 minutos menos que en 2010) corono el Moral con 4h10 de carrera.

Sin parar decido bajar hasta Juzmeana, como siempre, suave. Aún así, en esta bajada tuve algún susto por la falta de agarre de la rueda delantera, así que "no digo más". En la carretera que se dirige hacia Bárcena Mayor había un montón de público y filas interminables de coches aparcados en las cunetas. Tremendo, parecía cualquier carrera de profesionales. A la entrada de Bárcena, más de lo mismo. Más emoción.

Fran Ventoso, antes de retirarse.

Entrando en Bárcena Mayor

Bárcena Mayor recibiendo a Clara

Km.94 de carrera, Área Recreativa de Bárcena Mayor. Retirada de Fran Ventoso. Uno menos por adelantar, jajaja... Avituallamiento. Aquí coincido con David Blasco (Mibotadevino.com) ganador de la Maratón de Ayllón del año pasado y compañero de fatigas para la Salzka del mes de julio. Charlé con el mientras me comía un bocadillo de jamón y una Coca Cola. Antes de montarme en la bici, media barrita y un plátano. Por delante casi 15 kms de puerto. Cruz de Fuentes, la cara o la cruz del Soplao. Es un puerto que por lo general se me da bien, lo conozco a la perfección y se donde se puede apretar, así que llevo a cabo una subida fuerte pero sin ir al límite. Me dió para pasar a todo lo que se movía con dos ruedas por allí. Llegué arriba en 1h05', 9 minutos menos que el año pasado. En los 3 últimos kms nos cayó una tormenta de las de trueno-trueno y goterón-goterón! Incluso vino bien. De la cumbre en adelante no volvió a caer ni una gota más.

La gente de Mammoth dándolo todo en Fuentes

En el alto rellené el bidón, comí un plátano y disfruté del tratamiento de los niños hacia los corredores. Uno de ellos me tocó como si yo fuera extraterrestre. "Que les harán a los primeros?" De verdad, gracias de corazón porque me sentí grande.

Aquí comenzábamos el tramo nuevo que posiblemente me iba a impedir bajar el tiempo del año pasado ya que, según datos oficiales, retrasaba unos 15 minutos con respecto al trayecto anterior por el asfalto de Palombera. Primero nos ofreció una pista en bajada bastante rápida para ir cogiendo desnivel entre piedras cada vez más grandes. Como dice Peguero, puro territorio para las dobles. Un ciclista andaluz me dijo: "Quillo, todo lo que ganas en las subidas lo pierdes bajando". "Esto no puede ser", pensaba mientras me adelantaba. "Espérate que pique para arriba el camino, veremos quien se pone por delante..."

Subiendo Cruz de Fuentes con la tormenta encima

Los nuevos tramos son un espectáculo puro, la marcha pasa por un hayedo increíble donde habitan las brujas, gnomos, hadas y demás vecinos misteriosos. No sabía si llegaría a mi objetivo pero pasar por aquí ya era un premio. Cuando se terminó la angustiosa bajada, "mierda de piedras", iba mascullando, y el terreno se empezó a inclinar para arriba, los pedales volvieron a echar fuego. Llegué al avituallamiento de Ozcaba tan fresco que ni paré, y me dirigí directaente hacia el cresteo para subir a Venta Vieja. En este tramo el calor me hizo bajar un poco el ritmo. A Venta Vieja (p.k.123) llegué con 6h47 de carrera y 9 minutos de retraso con respecto al año pasado. "Espabila que lo tienes ahí".

Terminando el tramo nuevo y llegando al avituallamiento de Ozcaba.

El éxito de la misión iba a depender de la subida al puerto del Moral, mi cruz en todos los Soplaos anteriores, donde llego desfondado, así que la interrogación seguía abierta. Pero antes había que bajar la pista hasta Colsa, los Tojos y el arroyo Juzmeana. Y ésta no es moco de pavo. Es una pista incómoda, con muchas piedras, donde uno se juega el tipo como hagas alguna tontería. De hecho hubo bastantes caídas este año. De Colsa hasta la carretera se baja por asfalto y ahí si fui a lo que dio la bici, rozando los 70 kms/h y disfrutando las horquillas de los Tojos a la cabeza de un mini pelotón de cuatro integrantes.

Juzmeana. A partir de aquí quité la velocidad del Polar y puse la hora. Límite para llegar a Cabezón de la Sal: 16:56. Comienzo a subir con un grupo que va demasiado despacio, así que me pongo a tirar. Bajaba mucha gente en contrasentido, algunos invadiendo el carril de subida. "Esto no tiene solución?", me pregunta el que llevaba a rueda... Sigo incrementando el ritmo hasta quedarme solo. Esto me animó y comencé a coger bicis de nuevo, cayeron 10 o 15 en los 9 kms de puerto. Me quité el fantasma del Moral a la vuelta ya que me encontré como nunca, no se lo que tardé en subirlo, pero calculo que unos 35 o 40 minutos. Por la alfombra de la cumbre pasé a las 16:02, con 7h57 de carrera. Tenía casi 1 hora para bajar el tiempo del año pasado!!!!!!!!!!!!!!! Aquí pensé en llegar a Cabezón en unos 35 o 40 minutos con lo que haría un muy buen crono para mis pretensiones iniciales.

En el comeienzo de la bajada por la cara norte del Moral me cruzo con Nacho y sus Zermatt, "Madre, lo que les queda todavia". Descendiendo no quería arriesgar pero tampoco ir despacio y conseguí un término medio que hizo que llegara rápido a la carretera. Me junté con dos que iban a toda leche. Pasábamos unidades sueltas y algunas aprovechaban para coger el rebufo. Poco antes de llegar a la carretera general bajo dos piñones y doy un relevo, pero al mirar hacia atrás veo que iba solo. "Joder". Esperé a que me cogieran y fui tirando un par de kms más. Pasábamos por los pueblos y los aplausos y los vítores no te dejaban aminorar. "La leche", y no me canso de decirlo, "lo del público aquí es la leche".

En la carretera, mis dos compañeros fueron más hábiles que yo y cogieron el rebufo de un autobús que yo no fui capaz de alcanzar. Pero no estaba todo perdido. A dos carreteros que estaban rodando por allí les pedí que me llevaran a rueda hasta Cabezón. Genial, muchachos!!! Sin ver la velocidad sabía que íbamos muuuy deprisa. Luego en el ordenador comprobé que en la recta final no bajamos de 40 kms/h. Solo dos más aguantaron ese ritmo.

La entrada en Cabezón os la podéis imaginar. La mayor. Unos metros antes de la meta solté el manillar, alcé los brazos como si hubiera ganado una etapa del Tour y miré el reloj. Eran las 16:36!!! (Tiempo oficial 8h32, posición 139º), con una media superior a los 20 kms/h. Para mí esto era más que un triunfo, hace tan solo dos años, pensar en este horario era pura Ciencia Ficción.

Ada, repite victoria en Cabezón de la Sal. Insaciable.

Tengo que reconocer que mi primer pensamiento fue para Jose Feria. No solo había bajado casi media hora mi tiempo del año pasado sino que había batido el de mi compañero cordobés en siete minutos... Mi primera llamada fue a mi mujer, y la segunda para él. Un abrazo compañero, te quiero ver en el Soplao 2012 bajando hasta las 8 horas.

Ya en la carpa, licencia abierta para beber cerveza. Me lo había ganado. Allí compartímos charla con Joaquín, que se había salido con 8h10 y puesto 73º; conocí a Manu Romera, del Varilux, 18º de la general con 7h28!!!; y me fui a duchar a Cos para recibir a mis compis como se merecían.

Otra lección de los maestros...


El pódium femenino. Venir y vencer.

Espectación.

A todos pude ver en la meta: a Ada y Clara (1ª y 3ª en chicas) que se habían salido, a Tony, que consiguió quitarse la espina del año pasado y hacer un muy buen tiempo; a Luis, que volvió por sus fueros con la doble bajando el crono del 2010; y a Eduardo, que quedó tan encatado y emocionado por la marcha que espero que vuelva en 2012 junto con Pichi y José Ramón, que se lo tomaron con más calma para disfrutar a lo grande de su primer Soplao.

Qué bien te portastes, maja.

Para mí este ha sido un Soplao muy especial, quizás el mejor de todos. La organización y el club MTB Cabezón de la Sal se han salido, ni un 'pero'; el recorrido, maravilloso, como siempre, pero con el tramo nuevo gana un plús de espectacularidad y se quita algo de asfalto; y de la gente de los pueblos y el público, qué decir, que crecen como la participación y animan desde el 1º al último sin descanso.

No puedo terminar sin acordarme de quien me ha dado fuerza de verdad para poder llegar hasta aquí, y no hablo de las barritas ni de los geles, sino de mis nenes, Pablo y Mamen, y de mi también santa mujer, que ha permitido mis ausencias sin decir ni mu!

Como ya dije el año pasado: Gracias Cabezón! Volveré...

Próxima estación: Madrid Bikex! Mi primera carrera por etapas.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Picos de Europa Productions presents: Potes – Collado Pelea IV

Hace ya cuatro años de una ruta por los Picos de Europa con un grupo de amigos que me dejó grabados en mi memoria momentos inolvidables. Por entonces, yo llevaba montando en bici poco más de seis meses y, sin saber como, me vi envuelto en una aventura bicicletera de primer orden que me iba a traer consecuencias de todo tipo (todas buenas, incluída una caída). Aquella ruta fue la versión única y original del Potes-Collado Pelea-Potes, un recorrido de 64 kms y 2.100 metros de desnivel acumulado no apto para cardiacos.

Con los años hemos ido escribiendo otras versiones de esta misma ruta. Siempre se dijo aquello de que segundas partes nunca fuernon buenas. Y es verdad. Ni segundas, ni terceras, ni cuartas. Ha habido muchos remakes del Potes-Collado Pelea-Potes, pero como la primera, ninguna.

Dicho esto, es de justicia añadir que las sucesivas copias del original han sido también magníficas, incluída esta que me ocupa en este momento y que se desarrolló el pasado miércoles 11 de agosto con una temperatura, ambiente y escenografía superlativas. Y si no, que se lo pregunten a Fernando Alonso, espectador durante unos segundos de esta última versión.

Cada una de las anteriores proyecciones habían sido completamente diferentes. Aquella primera vez junto a Peguero, Juanma, Jose, Iván y Jesús dejó una huella especial en mi memorandum ciclista; la segunda, con Raúl, Juanma y Jose, fue toda una experiencia de compañerismo y amistad; y en la tercera busqué el enfrentamiento en solitario con esta aventura y el demonio de Pelea.

En esta ocasión, quizás, sólo quería disfrutar del recorrido (?). En mi interior algo me decía que el animal era más manso de lo que lo habíamos pintado en anteriores oportunidades, y que la cinta tenía menos de terrorífica y más de comedia clásica. Falso y cierto a la vez. Esta ruta es, fue y seguirá siendo uno de los recorridos más cautivadores, fasinantes, divertidos, peligrosos y duros de cuantos he completado desde que tengo uso de razón pedalístico.

Tras un buen madrugón para llegar a Potes a una hora decente después de hora y media de coche, conseguí ponerme en marcha a las 10:00 de la mañana. Esta parte de los Picos de Europa tiene un microclima que la diferencia de la zona costera, y queda muchas veces al margen de las borrascas que entran por el noroeste de la Península. No era de estrañar, por tanto, el día soleado y la buena temperatura que tendría durante toda la ruta.




Entrada en Mogrovejo, pueblecín donde abandoné el asfalto de la carretera que sube de Potes a Fuente Dé, y comienzo de un calvario de 8 interminables kilómetros con rampas que no ceden y que llegan hasta el 27%, casi siempre sobre gravilla suelta. Eso sí, mientras se abandonan las cotas más bajas y se gana altura, el espectáculo montañoso que se puede contemplar bien merece el esfuerzo. En ocasiones la cordillera parece una gigantesca maqueta de cartón piedra.


Esfuerzo-concentración. Sin esta combinación en esta ascensión te conviertes en senderista.





El bosque, plagado de hayas, robles y helechos ofrece unas tonalidades selváticas. Cientos de ruidos a los lados del camino esconden la diversidad de la fauna de esta zona: urogayos, jabalíes, corzos y zorros conviven con el ganado doméstico sin problemas.




La penitencia continuaba y la sobrellevaba como podía. Lo que no terminaba de asimilar era haberme cruzado y saludado con un doble campeón del mundo de Fórmula 1 haciendo MTB en los Picos de Europa. El mismo Fernando Alonso descendía junto a otro biker de Peña Oviedo, lugar de paso para alcanzar los Puertos de Áliva, final de mi tortuosa subida. Hay que ver.



Pasado Peña Oviedo las rampas más exigentes han quedado atrás, pero la ascensión todavía no había terminado. A cambio se abren nuevas panorámicas como las vistas a Espinama...



… y a los montes celadores de los Puertos de Áliva.



A las 11:45 pongo fin a 17 kms y casi 1200 mts de desnivel acumulado desde la salida de Potes. Una hora y tres cuartos para entrar en Áliva. Se hace rogar este lugar.





Y desde luego merece la pena llegar hasta allí y rodar por su esplanada repleta de ovejas y cabras, aún sabiendo que los perros pastores están dispuestos a sacarte del lugar a bocaos.




Con Áliva ya a mis espaldas, la pista, llena de piedra suelta y con fuertes pendientes, comienza a descender hacia Sotres (Asturias). Antes, entre los ríos Duje y Deva volvería a sentir muy cerca los fantasmas del pasado. Aquella caída que tuve en este lugar hace 4 años estuvo cerca de repetirse en el mismo lugar. Solo la precaución y el bajar más despacio evitaron otra catástrofe.

En Sotres, km 28, tenía previsto parar y avituallarme. Algo sencillo y rápido. Pero el abuso de un hostelero y un inoportuno pinchazo en la rueda trasera hicieron que la salida de este pueblo se retrasara algo más de lo deseado.

En el Mesón Peña Castil me intentaron cobrar el bote de Coca Cola a 2€, y ante mi queja, -“oiga , en las máquinas como mucho hay que meter 1,50€”-, el dueño del establecimiento me invitó a largarme si pensaba que me estaba robando. En Casa Rumba, 15 metros calle arriba, me cobraron la misma bebida un 50% más barata. Por supuesto, aquí aproveché también para rellenar los bidones de agua ya que la fuente del pueblo estaba seca! En fin, cada uno sabrá lo que hace con su negocio.



Después de arreglar el pinchazo salí de Sotres por los aproximadamente 2 kms de costarrones que me acercarían hasta el Vao de los lobos, verdadero punto caliente de esta ruta.



A pesar de tener cierto respeto a rodar por estos parajes en solitario -si existen las brujas seguro que viven en lugares como este-, uno no deja de aminorar la marcha para percibir el entorno al 100%. Un clamor de vegetación hiperconcentrada y unas figuras rocosas asentadas casi en el vacío saludan el paso de quien se adentra en estos bosques entre entrantes y salientes del camino.




Al otro lado del cortado, Tresviso ubica sus casitas en un entorno de lo más inaccesible. Son tramos de 'cortar y pegar' en cualquier ruta que uno se proponga hacer.



Llegó el momento en el que el bosque me despidió y me ofreció una pista árida que se dirige a Bejes, de nuevo en Cantabria.



Antes de descender a esta población me quedaba contemplar 'El salto de la Cabra', lugar donde la caída al vacío no tiene fin y marco incomparable para soñar con el vuelo de Ícaro.


Desde mi posición hasta Bejes (km 45) descendí unos 600 metros en poco más de 4 kms de pista de hormigón. Tras visitar la fuente y coger agua, me lancé sin pensármelo dos veces contra la endemoniada subida a Collado Pelea. Una ascensión de 2,6 kms y casi 400 metros de desnivel positivo con un porcentaje medio del 20%.



La naturaleza ha dictado unas reglas que cada uno hemos de cumplir irremisiblemente. Sin rechistar. En lo que a mí me ha tocado, por lo visto, está que en todas aquellas pendientes que superen el 29%, el que suscribe ha de bajarse de su montura, bien por desequilibrio, bien por voltereta hacia atrás. Hasta tres veces me tocó poner pie a tierra y caminar unos metros hasta que los porcentajes se “suavizaron” algo más y pude continuar con un pedaleo denso, cansino, lento... pero el único posible (4,6 kms/h). En la búsqueda de más piñones, la cadena se iba huyendo a por el buje, lo que me costó una de las descabalgadas. Y todo a 32ºC.



Casi 33 minutos después daba el último golpe de riñon ante el cartel de la cumbre. Ante la leyenda de Pelea no pude hacer otra cosa que recordar a los elegidos con los que he pasado por este lugar alguna vez (la falta de cobertura lanzó los mensajes ya en Potes). Todos y cada uno de ellos me contestaron con los pelos como escarpias.

En lo alto del collado, un grupo de caballos me aceptaron como parte de la manada durante los minutos en los que fui poco a poco recuperando el fuelle. Tampoco me exigí una salida a toda prisa de este lugar ya que bajar cuesta casi tanto como subir.



Después de saborear muy bien el postre de esta magnífica ruta, decidí ponerme de nuevo en marcha hacia las terribles cuestas que me harían perder 400 metros en 3 kms. “Ten cuidadín con la bajada”, me aconsejó unos de los mensajes que recibí.



Según iba restando altitud los frenos se fueron calentando hasta comenzar a chillar de forma escandalosa en los tramos finales. Un fallo en el mecanismo hidráulico y eres biker muerto. La sucesión de zetas impedía que cogiera mucha velocidad pero siempre a base de castigar los dedos contra las manetas. Abajo el dolor de manos era insoportable.


Última instantánea que cogí en ruta antes de terminar con la bajada hasta Tama, pueblo situado ya en la carretera que conecta con Potes, punto final de esta película.

Acabada la preoyección tras 6h15 (4h46 activas), sigo pensando que a pesar del 'gore' de ciertas escenas, “Potes-Collado Pelea-Potes” es digna de decenas y decenas de remakes. De momento van cuatro. Y aunque ninguna ha tenido la mística de la primera, todas han estado a la altura del premio.

El perfil.