τὸ νικᾶν αὐτὸν αὑτὸν πασῶν νικῶν πρώτη τε καὶ ἀρίστη
"La victoria de uno sobre sí mismo es la primera y la mejor de todas las victorias"
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martes, 16 de agosto de 2011

Probando la Cannondale Flash Hi-Mod II

A dos días de terminar mis vacaciones por tierras gaditanas quedaba la guinda que cubrió un pastel ciclista excepcional. La tienda AOS Tarifa me prestó una bici espectacular para que la probara con la ruta que yo quisiera y el tiempo que creyera conveniente. Ni más ni menos que una Cannondale Flash Hi-Mod II, un pepino de 8,5 kg con un cuadro de carbono de alto módulo de 950gr y vestida por componentes de lujo (ver especificaciones). Pude probar cualquier otra, incluídas las nuevas 29'', pero tenía muchas ganas de hincarle el diente a esta pura sangre.


Toda esta historia comenzó días atrás en una de las visitas a AOS Tarifa y ese "haber qué tienen", ya que esta tienda es una de las que ha diversificado sus objetivos de ventas, ya sea en material o a través de cursos y aventuras con guías, entre el windsurf y el kite -las dos disciplinas reinas de la zona-, y la bike. La coincidencia de ir vestido con la camiseta de Madrid Bikex, cuyo patrocinador principal fue Cannondale, y que AOS las distribuye además de ser Test Center, provocó que uno de los vendedores me preguntara por la carrera madrileña. Así comenzó una conversación donde fui enlazando con otros vendedores hasta terminar con Bruno, que fue el que me invitó a probar la bici, además de enseñarme los modelos de 2012 que tenían allí expuestos en exclusiva. Atención a la nueva Scalpel.

Como había que pasar parte al almirantazgo, tan solo les pedí una tarjeta para llamarles en caso de poder encontrar otro hueco en las mañanas pre-playeras. Llevaba varios días seguidos saliendo con la bici en rutas no demasiado largas, pero el cántaro, ya se sabe, de tanto llevarlo a la fuente se termina rompiendo...

Una última carita de gatito abandonado, un "fíjate que bici me dejan, cómo voy a perder esta oportunidad...", y la bondad infinita de mi santa esposa, hicieron el resto. Dos horas después, mientras mi mujer entraba en las "otras" tiendas de Tarifa, llamé a Bruno para que me preparara la bici para el domingo.

Lista para salir

El poniente seguía dándonos unos días espectaculares con una buenísima visibilidad, así que tras acercarme a Tarifa a recoger la máquina, volví a Algeciras para hacer la misma ruta que el día anterior pero omitiendo el camino de las Mulas. Vivir en esta ciudad es como quien reside en Manzanares El Real -por poner un ejemplo madrileño-, tienes el acceso a la Pedriza y a un sinfín de montes solo poniendo el pie fuera de tu casa.

Entre pitos y flautas hasta pasadas las 11:00 de la mañana no me puse en marcha, y el calor ya apretaba lo suyo. Nada más dar las primeras pedaladas noté muy buenas sensaciones de aceleración, rigidez y peso, aunque no iba del todo cómodo encima de la bici. El manillar SLK de 600mm me resultaba excesivamente largo y su posición algo elevado. Pero lo peor fue encontrar el reflejo para cambiar otra vez con los pulgares sobre los pulsadores X0, ya que en mi bici llevo mandos giratorios que me resultan infinitamente más cómodos.

Cuando circulaba por el carril previo al cortijo que da entrada al monte, me crucé con un grupo de la UCA que cerraban Salvador y Antonio. Nos paramos unos minutos de charleta pero el calor a pleno sol nos estaba cociendo así que lo mejor fue ponerse en marcha nuevamente. "Aprovéchala subiendo que es una escaladora nata", me despidieron estos dos máquinas.

Aunque la bici no llevaba cuentakms, metí en el maillot el Polar para tener un cronómetro en caso de querer probar el ferrari que llebava entre las piernas en algún tramo. Aunque me encontraba pesado de piernas y apenas llevaba 10 kms con la geometría de la Flash -que además era talla M-, puse el crono a funcionar para tomar tiempos en los dos sectores de la subida al Puerto de la Higuera.

Sin encontrar la chispa de días anteriores, por el mirador pasé 37'' más lento, y terminada la ascensión acumulaba 1'20'' de desfase con respecto a la Lapierre. Salvo la bici, todas las condiciones de la prueba fueron desfavorables: el calor, la acumulación de salidas sucesivas, la geometría... A poco que se igualasen estos condicionantes y con un poco más de rodaje sobre la Flash, tenía la sensación de poder hacer volar a aquel cacharro.

Más contento que un niño con zapatos nuevos...


Era el momento de poner la máquina cuesta abajo y ver el funcionamiento de la Lefty XLR. Las referencias que tenía de esta horquilla eran magníficas: extremada suavidad, buen tacto, bastante rigidez y un bloqueo excepcional que se accionaba desde el propio manillar. El bloqueo es verdad que funcionaba a las mil maravillas, pero no noté una diferencia de tacto ni de suavidad con respecto a la Fox RLC que llevo yo. Además, seguramente por la falta de rodaje, me sentía inseguro cuando quería meter la rueda delantera por la mejor trazada del descenso. En dos de las revueltas me llevé un par de sustos que también atribuí a las cubiertas, unas Schwalbe Racing Ralph, que iban ya un pelín gastadas.

 África sale al fondo entre un mar de nubes en el Estrecho

 Al fondo, las Antenas

La idea de la ruta era subir a las Antenas por el camino tradicional y bajar a Tarifa por pista primero y carretera después. Allí, tras de devolver la bici me encontraría con la familia en la playa. Al iniciar los primeros metros de las rampas buscando la fuente que me descubrieron el día anterior los compañeros de la UCA, comprobé que, siendo cerca de la una del medio día, no eran ya horas para ponerte a subir paredes del 20% a casi 35ºC. Tras meterme casi entero dentro de la fuente, decliné seguir subiendo y tomé el camino que me llevaría entre molinos gigantes a la parte final del Puerto del Cabrito, uno de los escenarios exteriores de la película de Enrique Urbizu, "La Caja 507".


En la carretera que baja hasta Tarifa sentí un placer especial al pasar por el arcén a miles de coches que se encontraban atascados camino de las playas de la región a esas horas tan intempestivas... Siempre que me he visto metido en una parecida he pensado lo mismo: -"Si tuviera una bici...".

A pie de playa despidiéndome de mi fugaz compañera

En apenas 50 kms y poco más de dos horas de prueba pocas conclusiones se pueden sacar más allá de los datos puramente objetivos: peso, rigidez y estética. Todos ellos esta bici los pasa con sobresaliente. Lo que menos me satisfizo era quizá donde yo tenía más expectativas, el funcionamiento de la Lefty... Quizá hubiera necesitado más kms y otro tipo de ruta donde se pueda exprimir más su eficiencia. Desde luego, en las comparativas con las mejores horquillas del mercado sale muy bien parada. Por algo será, pero tras el breve test me quedo con la Fox.

En cuanto a la competencia que la Flash pudiera hacerle al S-Works que tengo como objetivo para lo antes posible, creo que el precio del cuadro suelto más la Lefty y la rueda delantera completa compatible con la horquilla monobrazo, hacen de esta máquina un deseo con un precio excesivamente elevado.

Pero en cualquier caso, quiero agradecer a Bruno y a Carlos de AOS Tarifa todas las facilidades que me dieron para probar este pepino, así como su trato, especial y exquisito. Desde luego han ganado un cliente que cae fielmente por aquellas tierras todos los veranos.

Y así terminó mi secuencia de salidas ciclistas por los montes que rodean Algeciras, con casi 490 kms y algo menos de 28 horas de tiempo robado al sueño, a los desayunos familiares y a alguna mañana de playa. Mucho más de lo que había previsto.

sábado, 13 de agosto de 2011

Por el mal camino. "Las Mulas".

Tras la intensa salida del viernes, y gracias a la invitación de Fernando, el sábado 13 de agosto tenía una cita de lo más apetecible!? con los miembros de la sección de montaña de la UCA (Unión Ciclista de Algeciras). En la quedada estarían mis compañeros habituales Juan Carlos y Alberto, que también pertenecen al club. Para ello había que seguir robándole horas de sueño al cuerpo ya que estos elementos quedan a las 8:00am para evitar en lo posible las horas de más calor y las ulteriores regañinas en casa. Por suerte, su punto de reunión estaba al lado de mi casa algecireña con lo que levantándome con una hora de márgen tuve suficiente para llegar puntual.

Sin saber qué ruta iban a decidir hacer, me presenté en el lugar acordado donde nos juntamos cerca de 15 o 20 ciclistas. ¡¡¡La mañana prometía!!! Hechas las presentaciones, comenzamos a rodar y, mientras pedaleábamos, iba charlando con varios de ellos, especialmente con Salvador, alma mater del grupo, que me fue dando algunas pinceladas de las últimas carreras y aventuras en las que han participado (24Doce, 101, Soplao, Transpyr..., además de un buen número de maratones regionales). Vamos, que estaban en todas. Y mientras me contaba los detalles, yo pensaba que "no estaría mal mudarse para tener a esta gente cerca".

Pronto comenzaron los resoplidos

La ruta elegida fue la clásica de las Corzas con una posible visita a las Antenas. Aunque yo había subido el día anterior no me importó repetir recorrido ya que en esta ocasión el tema iba a ser diferente. Una vez que salimos de la carretera para meternos en la pista de Botafuegos, el grupo se comenzó a estirar. Y claro, las conversaciones se acabaron. La mayoría ya estábamos en modo silencio. Yo por más que miraba la parte delantera de mi bici no veía el dorsal, pero aquello estaba cogiendo un cariz como si nos hubieran soltado con el numerito de marras.

Antonio y Alberto tensando

Tras pasar las primeras cancelas que cierran alguno de los cortijos que hay que atravesar antes de comenzar a subir la pista de Las Corzas, el pelotón quedó dinamitado. Por delante, Alberto poniendo "su" ritmo -este chico solo tiene una velocidad, la máxima. Mi hijo le llamaría Rayo MacQueen-, yo a su rueda y detrás una buena hilera de ciclistas que, al parecer, todavía estaban calentando motores.

Fernando -otro con una sola velocidad, la misma del anterior-, tenía algunos problemas con el cambio e iba dando pistas de su evolución gracias al contínuo clack-clack de sus piñones. De pronto, me pasa una S-Works por mi izquierda "-ahí va mi futura bici", y se coloca delante de Alberto. Era Antonio -una bestia corrupia, como diría mi buen amigo Luis-, que comienza a enfilar la subida sin compasión. Por detrás ya no sabía lo que pasaba ni quien venía, bastante tenía con aguantar la rueda a los dos que me precedían. A un par de kms del mirador comienzo a perderles la rueda y a la vez oigo en una revuelta del camino como se aproxima Fernando que había tenido que pararse a recoger el cuenta. Si es que a ciertas velocidades sale todo volando...
 

Y como el día anterior, esta vez Antonio fue el que aminoró cuando captó mi renuncia. Pero nada, fue engancharlos y otra vez a mil hasta el paso canadiense que marcan los 6 primeros kms de puerto. Y me volví a descolgar. "Madre de dios, como sigáis así me vuelvo a casa en media hora!", le dije al cabecilla de la escaramuza. "No, no, si yo ya he quemado mis cartuchos con este apretón". Ya!

Después de un brevísimo parón para reagrupar gente, en los siete kms finales hasta la cumbre se volvió a las andadas, aunque en esta ocasión solo entramos a machacarnos Alberto, Fernando y yo. En pocos minutos, el núcleo duro de la salida llegó a la cumbre y ahí, aprovechamos para digerir el ácido láctico y comer un poco. Falta hacía.


Como el día había salido espectacular, la subida a las Antenas se iba a disfrutar mucho más que con las nubes del día anterior, o eso es lo que yo pensé. Hasta que las mulas de la grupeta propusieron un camino alternativo del que ya me hablaron Alberto y Juan Carlos en nuestra primera ruta. Se trata de un sendero que coge altitud muy rápidamente por unas zetas que dan paso a un subibaja por la cuerda de la montaña hasta desembocar a un par de kms de las Antenas. Tela intensiva.

Las zetas arregladas

Parecía que esta opción no causó gran entusiasmo en casi nadie. Y me incluyo, ya que se hablaba de zonas técnicas con bastante piedra donde era previsible un paseo con la bici a cuestas. Solo Salvador, Tony y Antonio parecían decididos a coger esta variante. Pero cuando Fernando se enteró de que yo no conocía el "Camino de las Mulas", que así se llama esta gracia, dijo sin darme opción: "-venga, que yo también voy". Y así me liaron estas cuatro mulas por el mal camino.

Antonio y Salvador, vaya pareja!

El resto del grupo quedó en hacer la variante tradicional, que no deja de ser dura, citándomos todos a lo largo de la subida final a las Antenas, ya que, previsiblemente, ellos iban a llegar antes que nosotros. Según comenzamos a subir mis cuatro compañeros se quedaron bastante sorprendidos ante la ausencia de piedras, y es que habían metido maquinaria que hizo que se penara menos en lo técnico, aunque la cantidad de tierra suelta con las paredes al 20% seguían siendo de difícil digestión. "Con un par de tormentas esto queda como una autopista".

Fernando y Tony abriendo Las Mulas

Pero la máquina no había terminado su trabajo, así que todavía quedaban unos tramos finales de bastante sufrimiento y algún descabalgue. Para todos menos para Antonio. Para éste ni había piedras, ni inclinación, ni nada de nada. Debe ser la S-Works, me la tengo que pillar cuanto antes.

Carretera del Cabrito hacia Tarifa

Lo que si es cierto es que "el camino de las Mulas" ofrece unas vistas alucinantes de la sierra del Cabrito, compuesta por una serie de montes que mueren en Tarifa, y desde la cual se tiene una espectacular visión de África en los días de Poniente. La majestuosidad del paisaje me obligaba a sacar fuerzas de no se dónde para ir retratando estas imágenes, porque realmente iba un poco frito.

De izqda a dcha, Quique, Antonio, Fernando, Tony, Alberto, Antonio "Mérida" y Salvador

Cuando salimos al camino que termina de subir a las Antenas nos encontramos con varios elementos del grupo que había preferido omitir la aventura por las Mulas, y de ese encuentro salieron estas dos fotos. Una pena que Juan Carlos no estuviera por allí ya que realmente ha sido él quien me ha permitido conocer a esta banda de animales con los que disfruté como un enano.

El retrato con parte de la maquinaria algecireña

Aquí se decidió que dada la premura con el tiempo no llegaríamos hasta las Antenas, y comenzamos la vuelta, no sin antes avituallarnos de agua en una fuente escondida en medio del monte que yo ignoraba por completo. Allí volvimos a retomar el contacto con el grueso del grupo, incluído el propio Juan Carlos.

En el regreso pusimos proa a Algeciras por la carretera nacional del puerto del Bujeo, y por orden de prisa salimos primero Antonio, Salvador, Alberto, Juan Carlos y yo mismo con una desaforada bajada a base de relevos que nos puso a cada mochuelo en su nido en tiempo récord. Para que luego digan en casa que nos entretenemos con cualquier cosa...

Me despedí de todos ellos menos de Juan Carlos, que perdió rueda en el puerto y se quedó descolgado. Me quedó mal sabor de boca ya que no pude darle el abrazo que se merecía por organizarme unas vacaciones en lo ciclista que nunca hubiera podido soñar. Llevé la bici a Algeciras para cogerla dos o tres veces y me fui de allí con casi una decena de salidas.

Espero poder coincidir con esta gente en futuros veranos para que me sigan enseñando rincones de su fabulosa geografía a la vez que me sacan los higadillos y, desde luego, estaré muy atento a sus proyectos ya que pudiera ser que me añada a alguno, aunque me lleven por el mal camino.

viernes, 12 de agosto de 2011

Un par de madrugones más

Después de exprimir toda una mañana con la ruta por la Sierra de Montecoche tocaba descansar un par de días. Un parón convenido de antemano para no tensar demasiado la cuerda. Eso sí, aproveché estos días para, además de disfrutar de la rutina de playa y sol, visitar las tiendas de Tarifa que tienen diversificadas sus ventas entre el kite, windsurf y la bike. Una de ellas, Sail and Board, me la recomendó Alberto; la otra, AOS Tarifa, está en plena avenida de la Batalla del Salado y es difícil no verla. De la primera me llevé unos cierres MSC ultralight blancos que ya veremos como funcionan; de la segunda, algo mejor que ya detallaré en otro post...

Camino de Las Corzas

El miércoles 10 sonó de nuevo el despertador a las 7:30am. El Levante había entrado con fuerza y el día estaba nublado y posiblemente con mucha niebla en las montañas. A las 8:30 salí dirección a Botafuegos por la carretera vieja de Los Barrios. La orden del día era subir la Higuera por Las Corzas y si el viento no era muy fuerte terminar atacando las Antenas. "¿Tú has visto alguna vez un huracán?, pues es lo que te vas a encontrar allí arriba hoy", me avisó Alberto.

En el trayecto hacia Botafuegos e inicio de la pista, se observaba todo el monte cubierto por la niebla... Las Antenas, a 820 metros sobre el nivel del mar, deberían estar secuestradas por las nubes. "No se si hoy va a ser el mejor día", iba mascullando.


Una vez metido en la pista y pasadas las dos o tres primeras cancelas me empiezo a encontrar, a pesar de lo feo del día, bastantes ciclistas por este lado de la montaña. Yo a lo mío. Ritmo alto pero sin ir a tope. En ese momento recordé que en nuestra primera salida, Juan Carlos me habló de unos postes de madera que servían a los bikers de la zona para poner el crono en marcha durante 6 kms hasta el alto donde está el mirador hacia la ciudad. "Piiiiip". Pues eso.

Pasado el paso canadiense que sirve para parar el crono, le doy al lap, pero continúo con el mismo ritmo para tener una referencia de tiempo en el alto del puerto, de donde me separaban 7 kms más. Total 13 kms con unos 400 metros de desnivel donde se va a plato todo el tiempo. Sin llegar a exprimir la máquina, aunque casi, arriba llegué en 41 minutos... Con el paso de los días me daría cuenta de lo mejorable que es este registro. En fin, qué sería de nosotros sin esos pequeños momentos donde competimos contra nosotros mismos en cuanto el camino se inclina lo más mínimo.

Carretera de las Pantallas

Arriba, tras un par de minutos de soledad con mi medio plátano y mi bote de agua, inicié la bajada entre la niebla camino de la carretera del Puerto del Bujeo. Según iba descendiendo me iba dando cuenta que las palabras de Alberto iban a ser proféticas. Donde comienza el camino que se dirige hacia la base de las Antenas, el viento de Levante ya pegaba fuerte y la visibilidad era practicamente nula, con lo que decidí cruzar la carretera para volver a Algeciras por las Pantallas y así alargar un poco la ruta. En casa estaba cuando el reloj aún no marcaba las 11 de la mañana, con algo menos de 50 kms y menos de 2h10 de bici. Y los niños terminando de desayunar. Perfecto.


Tras otro día sabático (en lo ciclista), el viernes, con la mejora del tiempo, me levanté convencido de que ese si sería el día de las Antenas. Marqué el mismo ritual por la mañana con una salida no más allá de las 8h30. El cielo aparecía casi despejado aunque los montes tenían puesta su boina casi perpetua por estos lares. "A ver que me encuentro hoy por ahí arriba".

En esa ocasión tenía la motivación añadida de estrenar gafas. Unas Oakley Radar negras con los cristales polarizados sustituían a mis gafas blancas de mercadillo que me estaban machacando la vista... Y como siempre que vas de estreno sales con un "plus" más. Si cabe.

La subida al puerto por Las Corzas me la tomé más relajada que el miércoles. El sol de momento brillaba y había menos vida ciclista en la zona. Y con la poca que había, se armó. Pasado el mirador observé en la lejanía tres bicis a las que alcancé en la zona más rota y con más piedras de toda la ascensión. Iban un poco deslabazados, cada uno a su ritmo. En poco tiempo terminé de pasar y saludar al que marcaba la cabeza y continué hacia arriba.

Inicio de la subida a las Antenas

Y se encendió la chispa. No pasaron 200 metros cuando oigo detrás de mi el sonido de un casco contra una rama, y ni 30 segundos después tenía al último ciclista al que había adelantado saludándome otra vez y presentándome a su rueda trasera. Quedaban unos 4 kms hasta el final del puerto así que decidí no dejar marchar al animal que me acababa de quitar las pegatinas. "La leche, como tira este tío", iba pensando. Pronto alcancé las 170 pulsaciones y de ahí casi no bajé hasta el final. A estas alturas del año estos calentones me pillan un poco desajustado, pero no por eso iba a dejar marchar sin luchar a mi "amigo". El caso es que yo comenzaba a hacer la goma y el tipo, cuando se daba cuenta de que me descolgaba, aflojaba lo justo para que yo me volviera a enganchar. Encima con recochineo. No se si él tampoco daba más de si, o es que le estaba dando lástima triturarme como lo estaba haciendo.

Llegamos juntos a la cumbre. El dolor de patas era de los que no se olvidan de un día para otro y la hiperventilación tardó un par de minutos en regularse. "Vaya calentón", me suelta. "Y yo, que quería una salida tranquila", le respondo... En esta conversación comenzó a forjarse lo que espero sea una larga amistad con todos los miembros de la Unión Ciclista de Algeciras (UCA), a la que pertenecía Fernando y los otros dos ciclistas que le acompañaban y que, además, fueron los que le azuzaron contra mí cuando los pasé. Ya se cómo se las gasta esta gente. La horma de mi zapato.

Tras una breve charla, comenzamos la bajada hasta la carretera nacional. Allí terminé de decidir que si era el día para las Antenas. Tras despedirme de mis eventuales compañeros, con los que me cité para el día siguiente en el lugar de donde salen todas las rutas de la UCA sábados y domingos, inicié mi tránsito hacia mi elevado objetivo.


Efectivamente, según me aproximaba a los primeros rampones, entreveía que la parte final estaría totalmente tomada por las nubes, aunque al menos, el viento estaba bastante calmado. Tras llegar a la zona de los molinos, comenzó el trabajo sucio, unos 4 kms de rampas duras -algunas llegan hasta el 22%-, pero por buen firme y rodeado de bosque puro y duro. Un silencio sepulcral acompaña a esta escalada, y en días despejados las vistas que ofrece son de las que rellenan la memoria con un buen puñado de imágenes increíbles.

Las Antenas

Arriba, como era de preveer, no estaba ni el tato, con lo que tras una corta parada puse las ruedas a rodar hacia abajo con cuidado y buena letra ya que este es un descenso con bastante inclinación y la pista tiene bastante arenilla en su parte central.

Ya en el puerto del Bujeo, tiré hacia Algeciras por la carretera nacional, la opción más corta y rápida de todas, ya que en casa me esperaban con las toallas en la puerta. Después de unas 3 horas de ruta, 60 kms y poco más de 1000 metros de acumulado, soltaba la bici más que satisfecho por la ruta y por lo que me encontré por el camino, a pesar del rapapolvo...

Hasta mañana a las 8:00.

domingo, 7 de agosto de 2011

Conociendo la Sierra de Montecoche

La Sierra de Montecoche está situada al noreste de Algeciras, en las inmediaciones del embalse Charco Redondo, y pertenece al municipio de Los Barrios. En sus montes se celebra a mediados de noviembre una carrera maratón de la que Juan Carlos lleva tiempo hablándome, y como consecuencia, yo llevo ya tiempo rumiando participar en ella alguna vez. Todo lo que he leído y escuchado de esta carrera es positivo: el recorrido, la organización, el clima... Además, a lo atractivo de hacer cosas nuevas en sitios distintos, le sumo en este caso la fuerte vinculación geográfica con estos lugares que ya llevan siendo destino de parte de mis vacaciones casi una década. Creo que ya estoy tardando.

Para terminar de persuadirme, Juan Carlos y Alberto propusieron una salida que cubriera casi todo el recorrido de esta prueba exceptuando algún paso por finca particular que solo se abre para la maratón. He de decir que para convencerme de que me meta en el embolao este año no tenían que esforzarse demasiado, pero yo encantado con la idea de conocer parajes nuevos.


Así que el domingo 7 de agosto, Alberto me vino a buscar a las 8:00am y nos pusimos a rodar dirección Los Barrios donde habíamos quedado con Juan Carlos. Sólo tenía una inquietud. Y era grande. Me habían hablado de que en la zona por dónde íbamos a transitar había dos puntos con una super población de tábanos. Es más, en alguna ocasión mis acompañantes habían tenido que poner pies en polvorosa ante el ataque indiscriminado de enjambres de estos asquerosos bichos. "Los he llegado a tener caminando por dentro de las gafas", me decía Juan Carlos.


Esperando que la situación no llegara a tanto, comenzamos a adentrarnos hacia la sierra por la carretera de servicio que pasa junto al cuartel Militar "Charco Redondo" donde unos señores no hacen otra cosa que avisarnos de que nos quitemos de enmedio porque baja el ganado a toda pastilla. Y como si fuera un encierro de vacas, pasaron no menos de un centenar de cornamentas moviéndo sus cabezas a derecha e izquierda y de izquierda a derecha. Te coge un pitón y te deja vizco.

Tras pasar una primera cancela comenzamos a ascender poco a poco por una pista en buenas condiciones. En ningún momento llegaríamos más allá de los 550 metros por encima del nivel del mar, pero el contínuo subibaja y alguna que otra pared vertical nos iba dando un acumulado que en carrera puede dejarte las piernas fritas.


Todo el entorno me pareció espectacular... aunque las zonas de pinares y encinas más sombrías las disfrutaba poco ya que teóricamente eran donde los tábanos se concentraban esperando al ciclista temerario. Lo único que pensaba era en salir de ellas. "Joder qué ansiedad". Pero como buen previsor que es, Juan Carlos tenía un arma secreta: nos roció con un spray anti-insectos tipo elefantes que casi me quita el sentido. Y parece que daba su resultado. Los bichejos aparecieron en contadas ocasiones, aunque cada vez que escuchaba un zzzzuuummmm! se me erizaba toda la piel.


Tras alcanzar el punto más alto de la ruta comenzmos a bajar a la pista que bordea el embalse de Charco Redondo por un sendero más o menos técnico. Llevaríamos unos 40 kms y el calor había hecho mella en los bidones. El mío, desde luego, vacío. Menos mal que apareció de la nada una alberca con una fuente que nos dió la vida, porque al parecer en pocos kms tendríamos el punto más complicado de toda la ruta: la subida a Las Latas y el posterior ingreso en el Mordor Tabanero, el verdadero reino de estas sanguijuelas voladoras.


Las latas es un sendero de no más de 4 kms con bastante piedra y no menos desnivel de los que requieren fuerza y equilibrio. Además, las intensas lluvias de este invierno habían destrozado parte del camino y hubo que desmontar alguna vez hasta llegar al Tajo de los Buitres, lugar espectacular donde los haya. Se trata de dos rocas gigantescas, desde donde los pajarracos otean el horizonte. Estas atalayas dan paso a un estrecho camino, primero con una corta bajada, y después con un repunte en la inclinación de unos dos kms. Sería la última subida del día.


Subiendo el carril de la Lata

Aunque yo iba por delante abriendo el camino, no me quería despegar demasiado de Alberto por si las moscas. Cada diez pedaladas miraba hacia atrás para ver si mi compañero seguía mi rueda. Si nos comían, que tuvieran doble ración. Juan Carlos, más atrás, se las tuvo que ver en solitario con estos Orcos alados.

Una vez superado el trance, más por lo que no vimos ni sentimos que por la dureza de estas rampas, la tranquilidad volvió a mí. "Y en un día con el enjambre hambriento de sangre, si pinchas o rompes algo de la bici, ¿qué coño haces?". De película de terror.

Una vez reagrupados comenzamos a descender hacia Los Barrios donde nos despediríamos de Juan Carlos. Alberto y yo seguimos hacia Algeciras a donde llegamos después de cinco horas de ruta y con casi 74 kms y algo más de 1100 metros de acumulado.

La zona me sorprendió mucho. Miles de hectáreas de bosque cerrado, caminos para ir rápido, subidas técnicas, bajadas disfrutonas... y todo esto en modo tranquilo y relajado. Se me hace la boca agua si pienso en pasar en carrera por aquí persiguiendo a estos máquinas.

Desde luego estos dos angelitos han metido un problema en mi casa. A ver como le explico a mi mujer que quiero bajar en noviembre a Algeciras y, además, con la bici. El disfraz de gatito abandonado va  aterminar cogiendo holgura de tanto usarlo.

sábado, 6 de agosto de 2011

De nuevo por los Alcornocales

Una de las cosas buenas que tiene pasar parte de las vacaciones en Algeciras es que a las puertas de la ciudad tienes no pocas opciones de rutas de BTT por las sierras que componen la zona sur del Parque Natural de los Alcornocales. Ya lo pude comprobar hace dos años, cuando recorrí un poco a boleo algunas de las opciones que te dan estos parajes.

La idea primaria de estas vacaciones iba a ser de descanso total. Mucha playa, familia, niños... turisteo por los pueblos blancos; y poca bici, aunque siempre hay que tenerla cerca por si acaso. Y tanto. Además, a pesar de haber desconectado durante unos días después de regresar de la Salzkammergut Trophy, no me encontraba con demasiadas ganas de montar. Y menos aún de madrugar. La resaca de la desmesura austriaca aún no había desaparecido del todo. Pero casi.

Para terminar de eliminar ese "casi", en esta ocasión iba a tener un cicerone excepcional, Juan Carlos (JcXc), que a su vez me iba a permitir conocer a un buen número de miembros de la UCA (Asociación Ciclista de Algeciras), con los que tuve el placer de compartir algunas rutas, y espero que algún futuro proyecto... También se me cruzó la posibilidad de probar una Cannondale Flash Hi-Mod II gracias a la tienda AOS Tarifa, que no pude rechazar, en fin... miel sobre hojuelas.


Nada más desembarcar en Algeciras, Juan Carlos me propuso una rutita para el día siguiente. "Nada, algo corto". Casi con las maletas en la mano, miré a mi mujer con cara de gatito abandonado y... "Venga, a las 8:30 mañana nos vemos en el portal".


Esa mañana Juan Carlos me presentó a Alberto, miembro de la UCA, y ciclista al que nada más ver pensé: "este lleva la competición en las venas". Según pasaron los días comprobé lo cierto de mis primeras impresiones. Una máquina.


Esta primera toma de contacto consistió en uno de los paseos clásicos de la zona cuando el tiempo apremia. Salida de Algeciras por la carretera antigua de Los Barrios, Botafuegos y subida por la pista del puerto de la  Higuera por Las Corzas para terminar llegando a la base de las antenas de RTVE.



En la base de las antenas junto a los primeros molinos del Parque Eólico decidimos que ya habría días con más tiempo para atacar la dura subida final al también llamado Alto del Gitano. Juan Carlos y Alberto también me explicaron una opción nueva para mí. La variante se llamaba el camino de las Mulas, no digo más...

La salida terminó con una bajada rápida por la carretera del puerto del Bujeo y una sensación de que las vacaciones, en lo ciclista, prometían: rutas de no más de 2-3 horas, buena compañía y moderación en el kilometraje. Ideal para compatibilizarlo con el plan de playa, sombrilla y castillos de arena...

Para no dejar la rutina, al día siguiente volví a coger la bici. La cara de gatito abandonado ya me salía casi sin querer... La ruta elegida fue muy parecida a la del día anterior pero en sentido inverso y cogiendo la subida a la Higuera desde las Pantallas: 50 kms escasos y poco más de 2 horas. Esta vez iría solo.








En el alto de la Higuera, donde la concentración de alcornoques te da un respiro para descansar en la sombra.


Saliendo del Parque se aprecia esta panorámica. Su densidad arbórea de alcornoques es uno de los más grandes del mundo. Además, se beneficia de una contínua humedad ambiental que lo mantiene en perfecto estado de conservación.


Otra de las salidas que me propusieron Juan Carlos y Alberto fue la que cogía la pista que se dirige hacia Facinas por detrás de Las Corzas con una variante dura y técnica que nos hizo sudar algo más de la cuenta. Esta ruta se hizo en modo vespertino, lo que provocó que alguno terminase con la pizza de la comida atragantada...







Tras otro día de descanso volví a levantarme temprano para rodar un poco antes de preparar el día playero. Eran los últimos días de Poniente antes de la entrada de un Levante que nunca sabes lo que puede durar, así que había que aprovechar...

El Peñón de Gibraltar desde la pista de la Higuera

Volví a realizar la misma ruta que el primer día pero volviendo por las Pantallas en vez de bajar por el Bujeo. Tras poco más de 2 horas estaba en casa recogiendo toallas y preparando la nevera para un nuevo día de playa.

Después de una semana de vacaciones, la bici había rodado en cuatro ocasiones. Todas ellas en salidas cortas y rápidas de entre 2h y 2h30 que me fueron quitando esa pequeña resaca que traje de Austria. Mejor así y, desde luego, más de lo que tenía pensado y permitido, pero es que al ofrecimiento de los amigos no se puede decir que no.