Por ello, la llamada de Juanma el sábado por la noche me despertó del letargo, y su proposición de unirme a la ruta del domingo me pareció una salvación. “Como siempre, amigo, me llevas por el camino correcto”, pienso en estos momentos.
La historia se tradujo en el alistamiento junto al velódromo de Galapagar para hacer el clásico recorrido del “Rally de los embalses” que organiza el club Rompepiernas de esta localidad.
Este recorrido tiene infinidad de variantes. De hecho cada año, la prueba del Rally de los Embalses varía su recorrido para hacerse a favor o en contra de las agujas del reloj de forma alternativa.
Nosotros, y aunque Chango tenía grabado en su GPS otra opción, elegimos la que nos lleva, tras dejar Galapagar atrás, hasta una de las fincas que rodean el pueblo y que posee una gran atracción para nosotros. Un gran cortafuegos de longitud y pendiente considerable, y cuya bajada montado al 100% se hace tremendamente difícil por la cantidad de surcos y roderas que han abierto las recientes lluvias. En cualquier caso, como nunca se puede decir “esto no se puede hacer”, los cuatro emprendemos la bajada y disfrutamos de esos momentos de incertidumbre que tanto nos suelen motivar.
La bajada hasta el aeródromo tiene su peligro. Es un descenso lleno de roderas y piedras sueltas y algún arbusto situado en mitad de la trazada que te acaricia la cara al pasar como un látigo traidor.
Del aeródromo sale el sendero que se ensancha hasta convertirse en pista y que sube hasta las proximidades del embalse de Valmayor. Subida corta e intensa que se hace mas o menos larga según el estado de forma de cada uno.
Pero antes de llegar a estos sinuosos y serpenteantes caminos, el amigo Chango nos iba a deleitar con una clase de cómo pasar montado en la bici bajo una barrera que no supera el metro de altura. Y no una, sino hasta dos veces. Yo si lo intento me rompo los cuernos!
En los senderos y como un trenecito guiado por Jorge emprendemos el típico recorrido fulgurante buscando descargar la adrenalina retenida durante tanto tiempo. De pronto Juanma “parece que no aparece”. Tras un par de minutos de espera, decidimos ir en su búsqueda por si hubiera sufrido una avería o un pinchazo. Nada. El chico no da señales de vida y tampoco responde al móvil. Estamos buenos. Variamos el recorrido por si hubiera tomado el primer desvío aunque será difícil verle en el enjambre de veredas que hay en las cercanías del embalse.
Tras cruzar un arroyo, se oye a Jorge decir “Soy Juanma, voy a la carretera”. Bruna y yo miramos al muchacho pensando que está leyendo un sms, pero al verle sin móvil en la mano … Lo que estaba leyendo era un mensaje escrito en la arena con un palo o una piedra. Si es que cuando hay recursos…
Hasta Galapagar quedaban no más de 5 kms en ligera ascensión que se amenizan con una buena charla con los compañeros de la excursión. Todos coincidimos en que el cansancio ya se hace notar y es que nos se puede estar tanto tiempo sin nuestra querida serranía.
Los datos de la ruta son lo de menos, lo de más es que 55 semanas después, volvimos a Galapagar.
Perfil por cortesía de Bruna.