τὸ νικᾶν αὐτὸν αὑτὸν πασῶν νικῶν πρώτη τε καὶ ἀρίστη
"La victoria de uno sobre sí mismo es la primera y la mejor de todas las victorias"

domingo 15 de noviembre de 2009

Malagosto, ko; Morcuera, Canencia, y algo de aventura, ok

Chema btt me abrió los ojos en agosto cuando escribió la crónica de una ruta que había hecho por el Puerto de Malagosto y las Calderuelas. El recorrido me pareció sencillamente genial, y los paisajes que describía me atrajeron por su belleza salvaje y de difícil acceso. Si a esto le añado mi fanática afición de surcar territorios desconocidos, solo faltaba ponerle fecha a esta nueva aventura de bici, montañas y mapas.

Saliendo de Pinilla con Peñalara al fondo.

Por unas razones u otras, ha sido este domingo de mediados de noviembre donde he tenido el hueco para intentar disfrutar de este recorrido. La climatología, siempre caprichosa, no ha dejado de asustarme con sus nubarrones y amenazas de lluvia desde los primeros días de la semana a través de la web de Aemet. Pero las ganas de afrontar este reto pudieron con todo ello y me sacaron de casa prontito para llevarme hasta Pinilla del Valle, lugar escogido para comenzar a pedalear.

A pesar de que en el trayecto por la N1 los bancos de niebla apenas dejaban ver a 50 metros y las nubes negras presagiaban lo peor, a medida que me adentraba en el valle de Lozoya, la niebla desaparecía y dejaba paso a abundantes nubes altas que viajaban deprisa azotadas por el intenso viento. “Con un poco de suerte esquivaré la lluvia”, pensaba. Y así fue.

Inicio de Malagosto con el robledal cobijando la subida.

De Pinilla, salgo por la pista que hay junto al embalse y que me llevará por los pueblos de la comarca hasta Rascafría (alt. 1100). Son unos kms llanos que me sirven para entrar en calor antes de ponerme a retar a los porcentajes del Puerto de Malagosto. Además, como tenía intención de bajar desde el alto de Navafría hacia Lozoya, el fin de ruta lo tendría más a mano en Pinilla que no más adelante.

Las primeras rampas de Malagosto me presentan una pista en perfectas condiciones con porcentajes suaves que no llegan al 10% en ningún punto. Voy atento a lo que me rodea, un inmenso robledal de tonos ocres oculta la primera parte de la montaña. El día, gris, parece que no ha seducido a la gente a salir de sus casas y por momentos tengo la sensación de que estoy solo en el mundo.

Ruta abortada, y ahora qué?

Pasado el km 6 o 7 se vislumbran los primeros pinos, que toman el relevo de los robles en ese inmenso tapete que decora toda esta sierra limítrofe de Madrid con Segovia. Continúo pedaleando y veo el coche de un forestal 200 metros más adelante. Estaré más o menos en la zona llamada el Raso de la Cierva, a unos 1700 metros de altitud. Cuando estoy llegando a la altura del vehículo, se baja un tipo que me da el alto y me dice que nos se puede pasar por que hay una batida de caza en esa zona. Le miro incrédulo y le digo: “No será verdad!!!”. “Lo siento, no se puede pasar”, insiste el forestal. Iniciamos una conversación donde me explica que los cazadores tienen los puestos en la pista y que, además, hay un cartel al comienzo del puerto. Y era verdad, pero también había otro en la senda que subía hacia Tres Provincias hace dos semanas y no vi ninguna escopeta. Y es que muchas veces, los avisos se los dejan en el monte hasta el año siguiente.

Imponente Peñalara.


La vedad es que considero indigno que cualquier tipo de actividad secuestre el monte hasta el extremo de no dejar el paso “por seguridad” a ninguna persona que quiera disfrutar de la naturaleza en su tiempo libre. Indigno e inmoral. Como decía el amigo forestal: “Tendrían que venir los jueves, y así no molestan a nadie”. Bueno, a nadie, a nadie... Que se lo pregunten a los cuatro jabalíes que quedan por esta sierra a ver qué les parece.

Sin poder creer todavía que estaba obligado a renunciar a la ruta elegida, me despido del guardabosques y comienzo a bajar pensando: “Y ahora qué cojones hago”. Se me pasa por la cabeza irme al coche y olvidarme del día de bici. Son poco más de las 10:30 y me encuentro en una montaña a la que no puedo subir... Peñalara a mi derecha, Morcuera al frente y el valle de Lozoya a mi izquierda... Pienso en varias opciones y las posibilidades de cada una. La retirada se va desvaneciendo y, mientras sigo comiéndome la cabeza, me paro en una curva a disfrutar del paisaje que me estaban robando... y a comer algo.

Parón en la fuente de Canencia.

Continúo bajando. Me comienza a seducir la idea de subir Morcuera por el lado norte e ir improvisando. Ya en Rascafría cojo una carretera que me llevará por delante de la urbanización 'Los Grifos' y que me dejará poco más adelante del Puente del Perdón. A falta de Malagosto, Morcuera me ofrece 13 kms de escalada y 550 metros de desnivel hasta el refugio del alto. Durante la subida, con el viento arreciando, comienzo a encontrarme con alguna presencia humana en forma de varios senderistas y tres ciclistas. Voy jodido. Toda la semana preparando una ruta y resulta que ahora estaba pedaleando en dirección contraria a Navafría, mi destino segoviano tras superar Malagosto.

Poco a poco me voy centrando en la nueva excursión que me llevará, terminado este segundo ascenso de la mañana, a Canencia y su famosa fuente. El paso de la Morcuera a Canencia vestía sus mejores galas, tonos otoñales por los cuatro costados, pista húmeda ofreciendo un agarre extra, y pocos senderistas a los que asustar con el “biciiiiiiiiiiii”.

Por la dehesa del Lozoya.


A estas alturas no llegaba a 50 kms y 1200 de desnivel, números que había que seguir engordando antes de acabar la ruta. Para ello, me dirijo por el área recreativa de Canencia hacia las pistas que suben desde la parte baja del puerto y que solemos subir en los 88 de Mammoth. Aquí comienzan unos momentos de jolgorio interior increíble por lo divertido del terreno y el fantástico bosque de pinos en el que me he adentrado. Son estos momentos los que no se pagan con dinero y, además, son difícil explicarlos por lo complejo e intenso de las sensaciones que provocan.

El Lozoya deslizándose por sus dominios.

Llega un punto en que mi pista se divide en tres. La de la izquierda es la que subimos en la carrera de Mammoth, la de la derecha es la que sube a Cabeza de Braña (ufff!), y la central... La central no se a donde va, así que es la que cojo. Pronto me alegro de la decisión, ya que la pista se convierte en un camino salvaje que pierde altura rapidamente y termina transformándose en una arrastradera con curvas cerradas que son un deleite total. “Qué maravilla, mira que no haber descubierto esta senda antes”, pensaba mientras iba trazando curvas y acumulando desnivel negativo... Zash!!! Y ahora?... La pista había desaparecido! “Joder, y ahora, qué?”. No podía pensar volver sobre mis pasos con todo el desnivel que tenía a mis espaldas. A mi izquierda, un cortado con zarzas y rocas... De frente una tapia de piedras y, al otro lado, vacas.

Decido saltar la tapia e indagar alguna escapatoria. Las vacas puede que tengan perros pastores, así que solo queda tirarme por la pendiente que tengo a mi izquierda y esquivar plantas, rocas y piedras mientras desciendo un 48%... Para ir montado! Consigo llegar hasta un arroyo que lleva una cerca paralela. La salto y me adentro de nuevo en el pinar de Canencia. Ahora toca tirar de la bici para arriba para llegar a una zona donde pueda comenzar a bajar. Por fin puedo buscar la parte baja de la montaña. Las zarzas me están destrozando las piernas, pero bastante tengo con que sus pinchos no lleguen a las ruedas de la bici.

El embalse de Pinilla.


Cuando oigo los ruidos de los coches que bajan de Canencia siento que el mal trago ha pasado. Más de media hora y algunos arañazos me ha llevado salir del atolladero. No es la primera vez que me veo en una de estas... Y no será la última.

Salgo a la carretera en el km.16. La duda que tengo ahora es cómo atravesar las montañas que tengo enfrente y que me separan de Pinilla del Valle. No estoy seguro de que la pista que sube por la ladera sur hacia el Collado del Hontanar me deje a la altura de la que baja por la ladera norte. Y subir 500 metros de desnivel sin estar seguro... Pregunto a unos aldeanos, que caminan por la carretera hacia Canencia de la Sierra, y me aconsejan ir hacia las dehesas del Lozoya bordeando toda la sierra que tengo enfrente, y el embalse de Pinilla cuando esté en la vertiente norte. Salen bastantes más kms pero creo que es la salida más segura.

Lo bueno de este último tramo es que voy por una pista en buen estado, aunque con zonas bastante rompepiernas, que voy descubriendo por primera vez. Una vez que dejo atrás el pueblo de Canencia, atravieso varios robledales y prados llenos de ganado que te miran mientras pastan sin darte la más mínima importancia.

Iglesia de San Miguel Arcángel, s.XV. Imponente la entrada al pueblo en el final de ruta.

Ante mí se va abriendo la sierra de Navafría (mi ruta frustrada), con la cuerda que llega hasta Somosierra a la derecha. Una vez que llego al embalse, enlazo con una pista que lo bordea por el lado norte y que me dejará tras casi 8 kms rodadores en mi punto de partida a las 15:14 de la tarde. Fin de ruta. Fin del disfrute y de algunas penurias. El tiempo, amenazante, ha terminado por sujetarse y sólo la temperatura ha flojeado algo a lo largo de la primera parte de la mañana.

Después del improvisado recorrido los números son:
78 kms
5h37de aventura (4h31 parcial)
1650 de desnivel acumulado.


En fin, las fenomenales experiencias vividas durante todo este tiempo no han sido las previstas. Tocará volver a Pinilla para saldar la cuenta con Malagosto y las Calderuelas... y dar fe de las palabras de Chemabtt y otros muchos que han disfrutado esta ruta antes que yo.

Gracias a todos ellos por compartir esas experiencias.


domingo 1 de noviembre de 2009

Actualización Montejo-Tres Provincias. Versión 4.2

Más de un año sin visitar a uno de mis fantasmas del pasado es mucho tiempo. Hace dieciséis meses de aquella fatídica caída bajando a Somosierra desde Tres Provincias donde dos de mis costillas dijeron “crack”. Fue en la visita posterior a estos parajes, después de este accidente, donde nació Montejo 4.1. Ya era hora de embarcarme en la creación de la versión 4.2, que como en la anterior ocasión y, por una u otras razones, iba a tener que afrontarla en solitario.

Ésta suele ser una ruta perezosa a pesar de su enorme belleza. Por un lado, se encuentra a casi 90 kms del centro de Madrid, dirección Burgos; y por otro, posee uno de los tramos más complicados y duros que se pueden encontrar en la sierra de madrileña, la cuerda que une el Collado del Mosquito con Peña Cebollera (Pico Tres Provincias).

A pesar de todo ello, es un recorrido fabuloso por su contenido paisajístico. Un enorme hayedo nos regala su presencia y sus colores mientras los visitantes pasean la zona desde el Puerto de El Cardoso.

Con las múltiples variantes que existen en la zona y mi afición por el rizo rizado, a principios de semana decidí repetir la versión 4. Es mi predilecta, la más larga y dura de las que conozco por estas montañas, y mientras no aparezca una versión 5 (espero que no), seguiré centrándome en esta opción.

Y así, todo empieza la mañana del domingo en Montejo de la Sierra, en un día soleado, con 15ºC, y cierta amenaza por la entrada de un frente desde el noroeste. En el trayecto por la NI veo más coches con bicis en el techo que de costumbre y ya en el destino, en el parking de las afueras del pueblo, nos juntamos 5 o 6 vehículos con ciclistas en su interior. Según hablé con algunos de ellos, casi todos teníamos el mismo destino: Tres Provincias. Aunque ninguno se había descargado la versión 4.

A uno de los grupos les tuve que pedir un chorrito de aceite para la cadena porque mi memoria me había vuelto a jugar una mala pasada. No hay vez que no me olvide algo en casa. Qué despiste! Ya verás como un día me voy sin la bici...

En el Alto del Mosquito después de subir el primer puerto del día. Qué momentos. Unos pocos minutos contemplando el infinito eliminan de un plumazo casi una hora de subida.


Cogido el sendero que me llevará hasta la cuerda de la montaña, se disfruta de una compañía vegetal frondosa que te acaricia las piernas mientras pedaleas. Cada metro que asciendes por esta senda crece la sensación de que en este territorio eres un invitado casual.

En la cuerda de la montaña se roza la inmortalidad por lo cerca que te encuentras del cielo y de los buitres que lo surcan. Este tramo, de unos 4 o 5 kms, es un sinfín de toboganes con rampas más allá del 20% y un piso blando y pedregoso que convierte en un milagro no poner ningún pie en tierra. Yo volví a fracasar en el mismo punto de siempre. Ese 27% se me atraganta un poco, pero aprovecho el momento para echar la vista atrás y alucinar una vez más con este lugar. En estos momentos es posible avistar algún zorro despistado y, dicen, que incluso algunos lobos han llegado hasta esta zona de la sierra madrileña.

Pico Tres Provincias o Peña Cebollera (alt. 2129). En tan sólo 29 kms desde la salida ya se superan los 1300 metros de desnivel para los que necesito algo más de 2h30. Me encuentro con mis compañeros de Montejo que han llegado por otro camino. Arriba hace un frío y un viento norte importante, así que la estancia no se alarga demasiado en este increíble lugar.

Bajando hacia Somosierra, la niebla se despeja y deja ante nosotros estas espectaculares vistas de la meseta Norte. Un grupo de Bicimanía para detrás de mí para disfrutar de este balcón situado justo encima de Santo Tomé del Puerto.

Antes de llegar a Somosierra pasas por este rincón donde en otra época encuentras el salto de agua más alto de la Comunidad de Madrid. En esta ocasión el gran chorro ni siquiera dejaba fluir unas gotas.

Dejado atrás el Collado Gamonoso -al que se asciende desde Somosierra-, en vez de bajar hacia Horcajo de la Sierra, tomo una senda a la izquierda que me llevará hacia la pista que sube al Collado del Mosquito por el lado norte y por la que bajé hace un par de horas. Este es el punto en el que la versión 3 se convierte en versión 4. Cómo cambia la perspectiva del entorno cuando subes a 8, 9 o 10 km/h, a cuando bajas a más de 30 km/h jugándote el tipo en cada curva.

Ya se adivina el final de esta tortura voluntaria. Collado del Mosquito subido por el sur a primera hora de la mañana, y ahora, a primeras horas de la tarde, por el norte. Y en medio, Tres Provincias. Qué sufrimiento tan dulce.

Estos llegaron antes que yo, me miraron y siguieron a lo suyo.

La luz de la tarde transforma el Collado del Mosquito en un lugar mágico. La dureza de la ruta ha castigado las piernas durante unas cuantas horas. Solo queda bajar la pista por donde inicié esta aventura dirección al Cardoso y Montejo de la Sierra…


… Pero antes toca parar a media bajada para exprimir las vistas que nos regala esta zona de la sierra norte. Los colores ocres, marrones y verdes te dejan aturdido algunos minutos. Aquí, cualquier mal trago pasado, pasado está y bien pasado. Lo que importa en ese momento es que tu posición actual con respecto a la ruta que acabas de hacer es de total privilegio.

Smuac!

Son las 15:15, llego al coche después de 5h30 (4h45 tiempo parcial) de disfrute total y con algunos momentos durillos después de 72 kms y 2100 metros de desnivel superados. Estoy más que satisfecho por haberlo conseguido otra vez. Montejo-Tres Provincias, versión 4.2 ha quedado descargada a través de mis retinas al disco duro. Y además, el tiempo de descarga ha sido 25 minutos inferior a la última vez (40 minutos menos en el tiempo total). Ya se sabe que los ordenadores avanzan a una velocidad de vértigo…

Disfrutaré de esta versión hasta que saquen la 4.3