Cuando hace unos meses, varios foreros reconvertidos en amigos después de un intenso y productivo fin de semana en Liérganes, propusimos realizar una nueva quedada; a todos nos pareció que era la forma de desquitarnos de la desilusión que nos produjo el no poder rodar por el itinerario previsto. La fecha y el sitio parecían gozar del beneplácito , no solo de los participantes de aquella quedada, sino de muchos otros.



Muchos alguna vez nos hemos dado un talegazo de ese pelo. En el sitio más inesperado. Aparte del dolor producido por magulladuras y raspones, la consecuencia inmediata es que la sangre se te baja a los pies y no te quedan fuerzas ni para sentarte. Después de comprobar que no tenía daños graves, se aplicó la máxima del amigo Sergio (Carpetano): "Cuando uno rompe el casco (con la cabeza dentro), se va a su casa y se dan las gracias al Cielo y sobre todo al casco, por haberte permitido seguir en este mundo. Pablo, Juanma y Eduardo, acompañaron a Victor hasta el Hotel deshaciendo los tres o cuatro kilómetros recorridos. Los demás, con un "algo" en el cuerpo difícil de describir, continuamos la ruta con la esperanza de que los acompañantes de Calvi, nos alcanzaran más adelante. Sin más contratiempos, aparte de un pinchazo de Kiko, nos dirigimos hacia la Fuenfría enlazando una maraña de senderos y caminos muy bonitos y divertidos.
En el mirador Vicente Aleixandre llamo a Pablo por teléfono para saber donde están. Entrecortadamente oigo algo de la Fuenfría y que se están quedando helados. Habían subido como balas para no hacernos esperar y mira tú.... Como pajaítos estaban en la cima del puerto. Rápidamente aparecen barritas, frutos secos, chocolate, ....pero ¡venga, vámonos, el carril del Gallo nos espera!

Tantas veces hemos descrito este maravilloso camino, que hacerlo más veces cansa. Solo se me ocurre proponerlo para monumento nacional ( o por lo menos provincial) al mountain bike. Rampas, pinos, piedras, trialeras, badenes, trompicones, salidas por las orejas, Clara agarrándose a dos pinos pequeños para no caer por el barranco,... de todo tiene este descenso. Las cosas normales que suele tener un disfrute de estas características. Pero tanto disfrutar, tanto disfrutar, no puede ser bueno, así es que la subida al Pto de Cotos por el camino viejo del Paular, nos esperaba con los dientes afilados para que expiáramos nuestras culpas, por tanto pecar con un Gallo.

Lo que ocurría es que la Virgen se parecía bastante a uno que pocas horas antes se había dado un golpazo de muerte. -¡Anda, pero si es Calviniano! -¡No jodas! -¡Será su espíritu! -¡Sí, sí, su espíritu, pero trae bocatas y acuarius y cocacolas y plátanos y hasta un melón. -Bueno, pues a partir de ahora le llamaremos San Calviniano. Sí, señores. Victor en carne y hueso con un saco de provisiones. Este caballero, después de llegar al hotel, magullado, dolorido y supongo que cariacontecido, marchó a su casa que está a un zurrón de kilómetros, duchóse, curóse y comprónos el que sin duda ha sido el mejor avituallamiento de mi vida. Cualquiera, y yo el primero, después de lo sufrido por este hombre, nos habríamos ido a casa a lamernos las heridas con el rabo entre las piernas con una sobredosis de mala hostia difícil de cuantificar. Pero el amigo Calvi, positivizó rápidamente esa circunstancia adversa, colaborando desinteresadamente de esta forma tan grata para los demás. Además su aparición sirvió para llevarse a Oriol hasta el hotel. Saquen ustedes sus conclusiones.
Recuperadas las fuerzas después de un breve descansito, vino la carretera y manta hasta el Pto de Navacerrada. En unos minutos estábamos en el inicio de la última ascensioncita del día. Un pedregoso camino de kilómetro y medio nos llevaría al punto más alto de la ruta. Desde el pie de la Bola, a mil novecientos y pico metros de altitud, damos vista al monte de la Maliciosa. Y abajo todo el valle de la Barranca, donde se encuentra nuestro destino. La primera parte del descenso de las Cabrillas es un pedregal por el que cada uno va bajando como puede. El camino mejora paulatinamente a medida que descendemos. Paradita obligada en el mirador de la Barranca. Paisaje, relajo, no queremos que esto se acabe aunque sean las cinco de la tarde. Buena temperatura, no viento, bellas panorámicas, mejor compañía, ...

Todo esto a pesar de que nos queda otra maravilla de camino: el sendero Ortiz. La bajadita hasta el comienzo de esta senda, tiene un punto de emoción en un sitio, pues bajar por una rápida pista de grava suelta, genera una cierta incertidumbre. Y sobre todo en una curva a derechas bastante cerrada, donde más de uno hemos hecho un recto para no ir al suelo. Qué miedo da esa grava suelta cuando vas a mucha velocidad. Un pequeño despiste hacen que Pablo y Eduardo alarguen un poco el Ortiz en su principio. El resto hemos cogido un atajo por una cierta pendiente entubada. Siempre es igual de rápido este camino, frecuentado normalmente por senderistas, por sus pocas dificultades técnicas. Alguna si acaso, por no llevar el desarrollo adecuado en algún corto repecho. Intentar seguir el ritmo de bajada de Carrascosa es una entelequia. En dos o tres curvas desaparece de mi vista. Miro hacia atrás y tampoco veo a nadie. Espero un poco y van llegando algunos.

La guinda del descenso hasta la meta, es otra senda que se coge después de cruzar un rio y cruzar un complicado repecho trialero vencido sin poner pies por Javi (funchifuni). Esto lo hace así de bien porque a él no le cuesta y a los demás sí. No sé si tiene nombre este camino, pero podríamos llamarle el slalom rompehombros, pues se pasa tan rápido y tan cerca de algunos pinos que... Carrascosa sabe algo de eso. En pocos minutos estamos en el hote
