Mi destino para este domingo era Ayllón, al noreste de la provincia de Segovia y casi lindando con la de Soria. Tenía la firme intención de hacer una ruta por esta zona tras ver un track del CC Distrito 18, pero variando la ruta en Santibáñez. Desde esta población quería llegar hasta el pequeño pueblo de Grado del Pico (ocho habitantes censados) e intentar pasar a Cantalojas, ya en la provincia de Guadalajara, por el collado que separa estas dos poblaciones (cuestión que los mapas no sabían descifrar). Ésta era la motivación de la ruta, además de conocer la zona más septentrional de la sierra de Ayllón y la sierra la Pelá.
Santibáñez de Ayllón.
Grado del Pico.
Pero las motivaciones casi se van al traste cuando durante la hora y pico que duró el viaje hasta la villa segoviana, el termómetro no fue capaz de superar los dos grados negativos. Menos mal que la voluntad es firme y las ganas de montar en bici derriban casi cualquier barrera. Además, el hecho de pedalear por nuevos lugares y la aventura que esto conlleva, implica un plus de energía, un aumento de dopamina que nos domina prácticamente por completo. La Sima de Somolinos desde el paso a Cantalojas.
Aún con esto, y a pesar de que el cielo aparecía completamente despejado, en el comienzo de la ruta no andaba muy animado. Aunque iba bien abrigado, el frío era intenso y casi no te dejaba pensar. Decidí hacer la primera parte de ruta por carretera y evitar una pista que no me quedó muy claro donde coger. Así podría darme la vuelta en caso de no ver las cosas claras. Así llegué hasta Santibañez de Ayllón, en unos trece kms que me sirvieron para calentar piernas y mente, y despejar las dudas que tenía sobre el recorrido. Entrada al Parque.
Ya en Grado del Pico (alt 1263) había dejado atrás 19 kms desde la salida. La Sima de Somolinos y el Pico de Grado configuran los montes más representativos de esta sierra. Todo bastante pelado, montañas calcáreas, el Aguisejo (afluente del Riaza) descendiendo del collado al que me pretendía encaramar, y algunos ladridos sueltos escenificaron mi paso por esta fantasmal población en el linde de las provincias de Segovia y Soria.
Según me acercaba hacia el collado que tenía que atravesar para llegar a Cantalojas, los pinos iban dando color a las laderas de las montañas y mi pista acrecentaba su porcentaje hasta tocar techo en el 22% poco antes de coronar. “Se puede pasar!” Mis dudas resueltas de un plumazo. Según me dijeron unos paisanos, la pista se hizo hace 4 años para no tener que llegar hasta Villacadima para conectar Grado y Cantalojas. En lo alto del Puerto del infante.
Hacia el paso a la provincia de Segovia desde Puerto Infante.
La Buitrera y la Peñota.
Después de una amable charla con los paisanos en este último pueblo, salí en busca del Parque Natural de Tejera Negra. Dejé el desvío que lleva a Majaelrayo por un camino paralelo al río Lillas y, poco más adelante, tomé el desvío a la derecha que me condujo hasta el Collado del Infante (alt. 1484) o Cabeza Chica en una subida de unos 5 kms y pendientes suaves que ofrece unas buenas panorámicas de Majada de la Sierra y los Collados de la Buitrera y de la Peñota. Vistas hacia el Muyo y Madriguera.
La rojiza llanura castellana entre Segovia y Soria.
Plaza Mayor de Becerril.
Ya en la cumbre, crucé la cancela que me devolvió a la provincia de Segovia para comenzar una increíble y peligrosa bajada que, si se toma a la ligera, puede dar un serio susto ya que alcanza un 26% de desnivel negativo. Tras otra subida corta pero intensa, me encaramé a otro collado desde el que se divisan las pequeñas poblaciones de Madriguera, el Muyo y Serracín. Mientras admiro las tierras rojizas de la llanura castellana, los tiros de los cazadores rompen el idilio que los montes tienen pactado con el silencio. En fin. De aquellos montes vengo... A aquellos montes volveré.
Hacia el Aguisejo y los chopos que me llevarán a Ayllón.
La ruta ya había cerrado casi 60 kms y lo que quedaba por delante era un primer subibaja hasta Serracín y Becerril que me haría coger una parte divertida de senderos y una bajada por pista entre un inmenso robledal que me puso de feldespato y mica negra hasta las cejas. Atravesar estos pueblos es cruzar al ‘Más Allá’. Ni un movimiento, ninguna pista de presencia humana. Ventanas cerradas. La plaza mayor de Becerril con la iglesia al fondo tenía un aspecto fantasmagórico que erizaba hasta el último pelo del cuerpo. Aún así, estos pueblos forrados de pizarra desde el suelo hasta los tejados tienen un encanto muy especial. Campos sembrados con Pico del Grado al fondo.
De Becerril a Villacorta hay una serie de pistas que cortan la carretera que va de Riaza a Santibáñez, y fue uno de los puntos conflictivos en cuanto a orientación se refiere porque el plano que llevaba no alcanzaba a detallar esta zona. Tras algunos minutos de incertidumbre y algunos “por aquí, no; por allí”, conseguí encontrar la entrada de una finca ganadera que me acercó a los campos de sembrados amarilleados por la caída del sol que rodeaban mi destino. De nuevo en Ayllón y su sabor medieval.
El resto, hasta Ayllón, colmó mis expectativas sobre la ruta. Los últimos 15 kms fueron un tranquilo pedaleo entre colores ocres, rojizos y amarillos con la vereda del río Aguisejo formando una hilera de chopos junto a la pista y el atardecer comiéndome las espaldas con esa luz tan diferente y tan cálida. Satisfacción final.
En el coche estaba a las 15:42, con lo que me sobraron unas dos horas de luz, aunque por si la aventura se alargaba en exceso llevaba en la mochila un foco. Sin kilometraje concreto y en lugares desconocidos, se sabe cómo se empieza pero no cómo y cuándo se termina. Más vale prevenir.
Los datos finales:
78 kms
1300 de acumulado positivo.
5h46 de ruta (4h37 parcial)
Altitud máxima: 1550 m
Altitud mínima: 969 m
La ruta en Wikiloc.
Y ahora a descansar y a recargar el famélico bonobici, que el año que viene pinta muy intenso e interesante.
Feliz año 2010 a todos y prósperos pedaleos.