Allá por el mes de noviembre del año pasado, Luis (Peguero) y yo nos aventuramos a realizar por primera vez esta ruta. Una vez terminada, el gesto de satisfacción de ámbos era absoluto. En ese momento tuve claro que en primavera o verano, con todos los robledales en plena ebullición, tenía que repetir este recorrido.
Pasaron 7 meses desde entonces. Y tocó este pasado domingo. Yo solo con este rutón y el único acompañamiento de un mapa y una mochila que, aunque no me gusta llevar, creí que sería necesaria ante la dura y larga subida a Malagosto y el posterior cumbreo sin ninguna posibilidad de conseguir agua.
Como en noviembre, Pinilla del Valle fue el lugar de partida. Sobre las 9:20 y con tan sólo 16ºC comencé a pedalear por la pista que une Alameda, Oteruelo y Rascafría. Si las primeras pedaladas iban cayendo dormidas y perezosas, tres perros pastores al mando de un rebaño de ovejas que encontré de sopetón en un cruce, me pusieron la adrenalina para ir bien espabilado hasta el final de la ruta.
En treinta minutos estaba en Rascafría, en el paso donde se inicia la subida a Malagosto, un puertaco de los que gusta escalar, casi 13 kms y 800 metros de desnivel acumulado si paramos de contar en la cancela que hay en lo alto del puerto. Tras pasar este paso, las piernas seguirán sufriendo por unos "divertidos" toboganes de hasta el 25% que culminan el paseo por la cuerda en la Cruz de Juan Ruiz.
En el momento del inicio del puerto pongo el crono a funcionar, aunque mi intención era hacer una subida tranquila. Tras superar los dos primeros kms, en una de las revueltas del puerto observo a un grupo de bikers que subían tras mis pasos, y a buen ritmo. "A estos los tengo detrás en menos que canta un gallo", pensé. A la vez, intenté no aumentar la velocidad ya que quedaba mucho que subir. Decidí seguir igual y esperar a que me pasaran y, si no iban como torpedos, intentar seguir alguna rueda.
Un kilómetro después ya escuché el aliento de alguien pegado a mi cogote. Al girarme, sólo vi a un ciclista, el resto seguía más o menos a la misma distancia. "¿Y ahora qué hago?", me pregunté. De una forma intuitiva creo que aceleré un poco el ritmo. Seguía con el plato mediano y una cadencia ágil, aunque, por momentos, hubiera subido piñones. Ya no! "Hasta el final a este ritmo". Decidido, o él o yo.
Pero no me lograba escapar, y él tampoco me sobrepasaba, siempre a mi rueda. Cuando llegamos arriba tras superar una última revuelta donde el porcentaje nos castigó bastante, nos miramos con una cara de cierta satisfacción. Y debimos pensar lo mismo. -Ni él me había sobrepasado, ni yo le había conseguido dejar-. Empate técnico. 59 minutos de compañía silenciosa. El fulano tenía buena pinta y buena máquina, cosa que, si cabe, me satisfizo aún más. Cómo somos! Ni treinta segundos después llegaron dos compañeros suyos y, allí, entablamos una pequeña conversación sobre las posibilidades de esta parte de la sierra. Como si todo lo anterior no hubiera tenido importancia. Como si hubiéramos subido a 120 pulsaciones. En fin...

Continué mi camino mientras el trío de máquinas que me habían machacado en la subida a Malagosto se quedó esperando al resto de su grupo. Por lo visto, iban a tardar. Mi próximo objetivo era un rampón de unos 200 metros con un porcentaje endiablado.

Según iba superando toboganes echaba la vista atrás para localizar a mis "amigos", pero no los volví a ver más.
























En el descenso del puerto hay una salida hacia un Área Recreativa. Escondida, al final de una esplanada, hay que pasar una cerca giratoria que nos enseña un sendero casi imperceptible.

Es increíble abrirse camino por estas pistas abandonadas donde el monte se come poco a poco los últimos vestigios de las roderas de los 4x4.

Ya llegando a la base de la montaña, un parón se hace obligatorio: Peñalara observa desde sus más de 2.400 metros todo lo que sucede a su alrrededor. Y no está de más rendirle pleitesía y darle las gracias por el entorno que cuida.

La pista me deja justo enfrente del desvío de la carretera hacia Pinilla del Valle. Fin de ruta. Casi 6 horas de regocijo y disfrute en uno de los rincones que más me cautivan de la sierra de Guadarrama: la conexión de los Puertos de Malagosto y Navafría.

Perfil de la ruta.
Datos:
74 kms.
1900 dac+
5h45 tiempo total.
4h46 pedaleando.