La Universidad Maria Cristina de El Escorial es nuestro punto de encuentro. Las 8:45, la hora señalada. Y, cinco locos, la compañía. Responden a los nombres de Peguero, Jesús (de El Escorial), Jose Ramón Marín, Jose y Juanma. El día había salido gris y con niebla en Madrid y alrededores, pero en nuestro destino brillaba el sol y la temperatura matutina era de 7º. Perfecto. Todo listo.



Tras la ascensión y el descanso, quedaban pocos kilómetros más hasta una preciosa explanada que de nuevo nos detiene. Unas fotos necesarias y algunos comentarios de intranquilidad por el próximo objetivo a acometer. LA GRAN TRIALERA nos esperaba. La primera parte de la misma no hacía presagiar nada especial, sin excesivo desnivel, lleno de piedras resbaladizas…. Los primeros metros es imposible hacerlos encima de la bici. Pero esto pronto se acaba, igual que lo del falso presagio. A montar, por huevos y por honor. Según avanzábamos, el porcentaje de caída libre iba aumentando. Y todo bien aliñado de piedras, piedras más grandes y grandes pedrolos. También había buenos escalones, roderas, raíces, palos sueltos. No sigo… Nos rodea el bosque, pinos de altura interminable nos observan atónitos. Algún altímetro llega hasta el 40% negativo. La bici no baja, se desliza, se cruza, quiere besar las piedras, te tira montaña abajo. Las ganas de gritar de todos nosotros no se pueden controlar. Dios!!! Que pasada. Una montaña rusa. Los nervios por el peligro reciente agolpan las palabras de los seis pirados a los pies de esta sáurica bajada. “Si es que dan ganas de subir otra vez”, comentamos casi al unísono. Bastante que no nos ha pasado nada, bueno, solo que nuestros culottes han quedado marcados por las sentadas en las ruedas traseras de las bicis. Nuestro problema es que nos creemos seres de videojuego, y que si nos caemos o chocamos contra un árbol, el nene de turno con su mando de la Play te levanta y sigues sendero adelante.

Tras este colapso de disfrute y regocijo, toca penar. Todo lo que se baja hay que subirlo, y la subida hasta el Collado Hornillo no es moco de pavo. Zonas de treking andando, zonas de treking encima de la bici, y zonas de treking “a ver si puedo”… Terminado el treking toca merecido descanso. Las fuerzas están comenzando a flaquear y los cuentakilómetros señalan que hemos hecho el 55%-60% de la ruta. “Pues yo tenía la sensación de llevar más kilómetros”, suelta Peguero. Toma y yo. Si ya pensaba que esto terminaba ya. Pues no. Tras el treking, cogemos la pista que nos dejará en el Collado Hornillo. Aquí se me ocurre declarar una leve batalla al amigo Jesús con un clac-clac de piñón y leve demarraje. Craso error. Ya en el collado pienso en alto “Por aquí a la derecha se enlaza con las pistas que terminan en Marichiva”, y así podría ver a Mari, la amiga de la Noruega. “Si”, dice Peguero, “sólo saldrán ciento y pico kms”. Mejor otro día. O, nunca. Mejor, nunca. Que pirados estamos y qué ideas nos vienen, madre.

El resto continuamos como alma que persigue el diablo ladera abajo, ahora por una especie de cortafuegos con tierra suelta donde todavía sigue levitando la polvareda que levantamos. Qué salvajes. Ya en El Escorial, nuestro transcurrir por las calles de la población son un devenir de cruces, tumbadas y “apártense todos” de cinco apocalípticos beteteros poseídos por la emoción de una ruta inigualable.
Enhorabuena a todos y gracias por vuestra compañía. Me lo he pasado de 12!
YAS TA!
Los datos:
Entre 7 y 14 grados.
5h19m de ruta real
4h13m de pedaleo.
55 kilómetros.
12,9 kms/h
65,6 velocidad máxima.
1563 metros de acumulado positivo.
Monasterio, Pto Malagón, Alto de Abantos, Fuente de las Negras, Casa de las Cuevas, senderos por Pinares Llanos, Camping de Peguerinos, Pista de Cueva Valiente, pista al collado de las lagunillas, sendero bajada del 40% al camino del ingeniero, es el pinar de El Espinar-San Rafael, camino de El Ingeniero, GR-10 subida hasta el collado Hornillo, bajada por sendero paralelo a la carretera hasta pista de Peñas Blancas, Casa de la Cuevas, Fuen de las Negras, Alto de Abantos, Atajo de Justino el Aventurero, bajada por el sendero de Los Puntos o el Silencio, camino de las jaras (cañada), casita Rústica y presa del Romeral, San Lorenzo.
José Ramón (Millán), es el nombre de nuestro contumaz compañero. Por cierto, he hablado con él esta tarde y me ha dicho que le dolía la rodilla. Espero que se le pase pronto.