Crónica de una dura jornada. -30/03- Quedamos en la gasolinera de Soto de Viñuelas a las 9:00, allí nos presentamos a la cita: Juanma, Jose Feria, Pablo, Bruna y un servidor, conseguimos aparcar los coches en un residencial y nos disponemos a preparar el equipo, la moral y la animosidad del grupo es exultante y, además, el tiempo parece que nos va a acompañar, así pues, no hay nada mejor que comenzar el día.



Afrontamos esta primera parte relajados y dispuestos a disfrutar del día pese a los contratiempos, el terreno es un continuo sube y baja que nos hace levantarnos continuamente de nuestros sillines, bueno, la cosa pinta bien, la temperatura aumenta y decidimos parar a quitarnos ropa. El camino de tierra discurre a través de pequeñas lomas, no especialmente duras, pero sí, de forma muy continua, exactamente lo que todos conocemos por un auténtico terreno rompepiernas, así pues, avanzamos por pistas hasta cortar con la carretera muy cerca de San Agustín del Guadalix.
A partir de aquí, cogemos unos caminos, unas veces de tierra otras de asfalto, que discurren por una zona del Canal de Isabel II, paramos a observar el paisaje, a retratarnos, etc., en fin, vamos realmente disfrutando de la ruta, del paisaje, de los numerosos acueductos que existe en la zona, poco a poco, se van cumpliendo las expectativas de lo que veníamos a buscar. Nos adentramos en una cuenca de una belleza impresionante, una auténtica sorpresa la que nos tenía preparada Juanma, nuestro guía en el día de hoy, se trata de un camino estrecho que recorre el largo de la cuenca en paralelo al pequeño río que discurre en su fondo.


Llevamos dirección suroeste dejando a nuestra derecha el alto de San Pedro, todo hace indicar que llevamos buena dirección de regreso, a esta altura, poco a poco, cada uno de nosotros ha ido quedándose sin agua y sin los pequeños y variados alimentos que portábamos, el día toma un color un tanto desagradable y después del esfuerzo acumulado comienzan los primeros síntomas de fatiga, el camino

discurre entre granjas ganaderas por terreno pedregoso y continuo sube y baja, alcanzamos cierto punto en el que una larga bajada hace que volvamos a disfrutar, por momentos, encima de la bicicleta. Al final de este descenso comienza una no muy fuerte pendiente, pero que, debido al esfuerzo previo hace que cada cual busque la mejor manera de sobrellevar la rampa, a partir de aquí, el sufrimiento y la fatiga, ya, son explícitos, y el que escribe estas líneas va pasando momentos delicados, obligando al resto del grupo a esperarle de vez en cuando, para colmo de males, la lluvia aprieta y la humedad se cuela por todas partes, la chaqueta va empapada, y el frío hace mella en los cuerpos, en este punto debo decir que, una vez más descolgado del grupo, veo que el camino gira 180 grados, y ello significa, gracias a mis escasos conocimientos en orientación, que: ¡¡nos estamos alejando!!, no puede ser ¿?, ¿cómo es posible?, ahora llevamos dirección noreste, de nuevo dirección Corepo.
Cuando sabes que vas justito de fuerzas y que en lugar de acercarte al punto deseado, lo que haces, es alejarte más, es un duro golpe para la moral. Aquí hay que mantener la cabeza fría y avanzar, ese es el único objetivo, seguir avanzando, poco a poco, seguir ganando terreno, la dureza del día se hace máxima, serían alrededor de las tres de la tarde, el mal tiempo, los kilómetros, la imperdonable falta de agua, el terreno abrupto y pedregoso, la humedad, el frío, el viento, la paliza acumulada…demencial…esa es la palabra para aproximarnos a la descripción del momento. A duras penas seguimos avanzando, en mi mente solo hay un objetivo: ganar terreno, aprovechar las bajadas para recuperar algo y sufrir en los repechos, ese es el panorama en los próximos quince kilómetros, así pues, no se puede hacer otra cosa que tirar para adelante como se pueda, aquí, alcanzamos de nuevo las viejas carreteras del Canal, en estos momentos rodar por este viejo asfalto hace que mis piernas lo agradezcan enormemente, seguimos avanzando a través de las lomas y repechos.

Esta última parte, qué decir, solo pensaba en llegar y las fuerzas definitivamente habían desaparecido, solo pensaba en avanzar, aunque fuera muy despacio, y así, poco a poco, muy, poco a poco, conseguimos llegar al final de la ruta. En este punto la satisfacción me embarga, y poder compartir estos momentos con el grupo es todo un verdadero lujo. De nuevo, ¡gracias compañeros!.
Dejo los datos aproximados de la ruta: 90 kilómetros, 1700m de acumulado y 6 horas de pedaleo.