
El día amenaza calor y el cielo limpio de nubes no se quiere perder el espectáculo. Preparativos aparte, las bicis comienzan a rodar sobre las 9.50 con sus flamantes dorsales atentas a las cerca de 250 compañeras que tienen como competidoras. Los primeros metros, como ya es costumbre en estas pruebas, son un paseo neutralizado por las calles del pueblo que da nombre a la prueba. Calles estrechas, casi todo en bajada, curvas cerradas. Primera caída. A nuestra izquierda dos bikers se enganchan y uno de ellos sale volando contra el hormigón de la calzada. El golpe fue impactante y un Ay va! sale de todo el pelotón. Negligencia clara del que pensaba que la carrera estaba terminando.
Salimos de Los Navalmorales. Pronto comienzan las primeras cuestas que cogen a muchos ciclistas fríos. El pelotón se comienza a estirar. Tras dos subidas más, no muy largas, se hace la primera criba. Miro hacia atrás y hay un hueco grande con respecto a nuestros perseguidores. “Pues nada”, pienso, “habrá que defender esta posición”. Delante de mí, Bruna y Toni pedalean ágiles. Yo intento no exprimir y pienso contínuamente en todo lo que queda por delante. Hay que dosificar. Pasamos junto a un hito de color amarillo que marca el km 5 del recorrido. Esto será una constante a lo largo del recorrido, cada 5 kms la organización señaliza el punto kilométrico. Acierto total.

Km 20. De Bruna y Toni he perdido la referencia. Creo que andan por detrás, pero seguro que no muy lejos. No miro para atrás. Sigo. Por el paisaje no me preguntéis, aunque se intuye espectacular. Las pistas no son limpias, tienen mucha piedra suelta y no es fácil deslizarse por ellas. El ritmo de crucero es bueno, aunque los continuos subibajas hacen daño a las piernas. El grupo al que iba enganchado, de unos seis integrantes se me va. Y voy a plato. Se agradecería ya el primer avituallamiento.
Antes lo digo, antes viene. Frutas diversas, chocolate, mielitos y diversas bebidas nos esperan. Paro, me inflo de sandía, me bebo un par de basos de no se qué e intento evacuar líquido. Imposible, no sale. Pues nada, nos vamos. Toni ha parado menos que yo y ha salido antes, detrás de mí, nadie. Bien, sin presión. La pista parece que aguanta y no hay desnivel. Toni va delante, a unos 300 metros. Le voy cogiendo, pero intento no desfondarme. No gano nada cogiéndole si luego me desinflo, aunque las palabras de Bruna antes de empezar la prueba diciéndome que su amigo había hecho el Rally de los Embalses en 2:30 horas me animan. Ese es un tiempazo. Termino cogiéndole y el problema que tiene con una piedra y su sillín me ayudan a pasarle y dejarle atrás. La pista comienza a picar hacia arriba. Delante de mí, la nada; detrás, Toni y la marabunta. Venga, es el momento de tirar.
Paso por el hito del km 30, me siento con fuerzas, la comida me ha venido de lujo y delante… delante veo un maillot. No, dos. Tres, cinco, siete. Un grupo grande como a 300 metros que aparecen y desaparecen según las curvas del recorrido. Consigo engancharme al último elemento, aunque el grupo se ha desintegrado. De pronto, tras una curva a la derecha, se pierde la visión del suelo y es que un terrible cortafuegos hace su aparición delante nuestro. Qué bueno, pienso. Paso en la bajada a otro más. Una gozada, aunque un poco peligroso por la cantidad de piedra suelta que había. Tras terminar la bajada comenzamos a subir otra vez, aunque ahora hay que jugar con los platos, porque la pendiente a veces se hace durilla.

Llegamos, tras dos duras rampas al segundo avituallamiento, alrededor del km 45. Lo mismo que en el anterior, unas frutas, un vaso de pócima mágica y listo. Entre los dos avituallamientos estuve parado 5 minutos. Las pedaladas ahora las doy junto a un integrante del CC Navalcarnero que llevaba una Mérida de quitar el hipo. Sin casi quererlo nos ponemos a darnos relevos dejando a dos perseguidores a buena distancia. Viajamos a 40 por hora por una pista ahora más limpia. Ahora tú, ahora yo. Me coge un tramos de bajada y doy el resto. Miro hacia atrás y mi compañero me sigue. Llegamos a otro río en cuya orilla hay unos espectadores, agentes de la benemérita y algunos fotógrafos de la organización. Aunque el caudal es fuerte logramos cruzarlo, no sin mojarnos hasta los tobillos. Pienso en la transmisión. Que aguante, me digo.
Tras cruzar el río entramos en Villarejo de Montalbán, pueblo de duras cuestas a cuya salida nos espera una pista ancha que nos llevará sin compasión a la llamada Cuesta de las Cenas, una sucesión de rampas con pendientes del 23% que se hace algo más que dura. Mi compañero se queda. Yo sigo a mi ritmo, lento, pero no me bajo de la bici. Poco a poco el final de este suplicio se acaba. Unos vecinos me dicen que en breve comienza una larga bajada hasta el siguiente pueblo, San Martín de Pusa. Y así es, de nuevo me veo solo, pero a lo lejos, a media bajada, veo a tres bikers, lo que me empuja a bajar dándolo todo a 65 km/h. Primer fallo. Ya en San Martín de Pusa, me uno al grupo de tres, pero les aguanto cinco minutos, se me van.
Quedan unos 20 kms, “venga una vuelta al perímetro de la Casa de Campo”, esto está hecho. Nada más lejos de la realidad. Empiezo a notar desgaste, el plato grande apenas lo pongo, mis tres presas, se encuentran cada vez más lejos aunque aguanto la distancia.
12 kms para el final. Todo picando para arriba. Senderos, cambios de sentido, pistas con arena. Me desinflo por momentos. Creo que se acabó. Intento seguir cuidando las piernas de posibles tirones, pero voy a perder posiciones. Me pasa uno, dos… Mi compañero del CC de Navalcarnero llega a mi altura. “Ya no queda nada”, me dice. Miro para atrás. No veo a nadie más. Pienso que he perdido 6 posiciones en 10 kms, los tres que no he podido pasar y los tres que me han adelantado a mí. En fin.

Al rato entra Toni, me dice que le han dado calambres y que también ha sufrido un calvario en los últimos kms. Por magafonía aunucian la llegada de la primera biker con su tiempo. Vaya máquina. Ha entrado cuatro puestos detrás de mí.
Poco más tarde, lavando las bicis me encuentro a Bruna que también ha hecho un carrerón, y con bici nueva. Ala a comer, la organización había preparado macarrones a tutiplén, fruta, chocolate, etc.
En definitiva, un 10 a lo organizadores, la señalización impecable, varias motos controlando la carrera, dos buenos avituallamientos y tratamiento excepcional. El año que viene, volvemos. Merece la pena.
Datos de la ruta:
70,8 kms
Tiempo: 3:37:00
19,5 kms/h de media
1363 ms de desnivel acumulado
63 kms vel máx.
Posiciones
Pablo:
30 de la categoría Máster 30.
62 de la general
Toni:
35 de la c. Máster 30
74 de la general
Bruna:
40 de la c. Máster 30
78 de la general
(creo).
Perdón por el ladrillazo, no creo que haya nadie capaz de terminarlo.