
La pareja de dos.No pudo ser. A veces, las circunstancias nos marcan el destino para bien o para mal. Una aceptable puesta a punto de tu cuerpo, un recorrido divertido con una altimetría tolerable, y un día para disfrutar de la naturaleza, no son argumentos suficientes para que todas las ilusiones se plasmen en la realidad tal y como las hemos dibujado en nuestra cabeza. Estamos a merced de tantos imprevistos que podemos pensar que la carrera perfecta no existe. Ni existirá.
Posicionados en meta.
Pesa la responsabilidad de llevar este maillot...
Ayer tocó una nueva prueba de ello. Se celebraba en Bustarviejo los 88 de Mammoth 09, una carrera por parejas que tiene un buen puñado de alicientes y una meritoria puesta en escena. Mi pareja de este año es Edu “Frenetikow”, una bestia parda en esto de dar pedales que ha llegado a situarse en una clasificación final de una maratón ciclista entre los 35 mejores (Karacol 08). Mucha tela. Buena pareja, sin duda. Por ello, y ante mi digna clasificación en la Maratón de Sierra Morena la semana pasada, tenía puestas muchas esperanzas en hacer un papel destacado en los 88 de este año. ¿Qué es un papel destacado? Digamos que entrar entre las 50 primeras parejas, más o menos.
Subiendo el Medio Celemín.Nos citamos en Bustarviejo a las 7:15am para recoger dorsales, montar las máquinas y tener un tiempo previo para estirar las piernas antes de la salida. El madrugón ha sido de los que hacen afición. O más bien de los que te la quitan. El día, veraniego, iba a acompañar, solo quedaba que respondieran las máquinas. Las mecánicas y las humanas.

Primeras trialeras... primeros síntomas de que hoy algo no iba...
A las 9:00 se da la salida neutralizada, y a las 9:10, el alcalde de Bustarviejo pega el pistoletazo de salida a los 88 de Mammoth de 2009. Nuestra posición dentro del pelotón (unas 320 parejas) es bastante buena y comenzamos a rodar entre el primer tercio de los participantes. La subida al Medio Celemín la hacemos a buen ritmo aunque intentando mantener la cabeza fría por la kilometrada que nos queda por delante.
Después de una zona de senderos bastante divertida se presentaba la bajada hasta la Garganta de los Montes, lugar del primer avituallamiento. La falta de agua durante el verano tiene el campo más que seco, reseco, y en las zonas de bajadas se concentraba una enorme acumulación de polvo que hacía difícil la visibilidad. En estos tramos soy de los que pienso en ir varios puntos por debajo del límite para evitar caídas, sabiendo, además, que bajar no es uno de mis puntos fuertes (soy bastante miedosillo).


Vamos bien, muy bien, diría. Estaremos entre las 25 o 30 primeras parejas y rodando a bloque sin distanciarnos de nuestros predecesores. Pero de pronto veo a Edu, que iba tres o cuatro unidades por delante, echándose a un lado en plena bajada y maldiciendo en arameo. Reventón en la rueda delantera. La mala visibilidad le había hecho comerse un pedrolo. Me paro a su lado, y mientras desmonta la rueda veo con frustración como nos pasan, una tras otra, todas las bicis que caben en el espacio de los 10 minutos que estuvimos parados. Menos mal que llevaba bombonas de aire comprimido y pudimos aligerar el hinchado de la cámara.
Sendereando.
Cerca del Robledal de Canencia.
Esto nos ocurrió en el km 20 más o menos, así que todavía quedaba mucha carrera. En el primer avituallamiento paramos unos 5 minutos a reponer líquidos y comer algo de melón y plátanos. Teníamos que afrontar una zona más o menos llana por las Dehesas de Canencia donde se puede rodar a plato y se disfruta de la Sierra de Hontanar a la derecha de la marcha y de la sierra de Canencia a la izquierda.
Comienza la subida a Canencia.



Próximo destino: Alto de Canencia. Antes de iniciar la subida hacia Cabeza de Braña, pasamos por un espectacular robledal que bien merece haber sido inspiración de las mejores obras literarias. En este tramo tuve la sensación momentánea de haber pinchado, pero fue una falsa alarma. Atravesada la carretera que se dirige al Pto de Canencia, nos metemos en una pista que trepa sin miramientos por la montaña desde el primer momento con elevados porcentajes. Estaremos sobre el km.43 y en las primeras rampas me doy cuenta de que algo no funcionaba bien. La conexión con mi pareja comienza a perder cobertura. Como es una subida larga, animo a Edu a que no se cebe en la ascensión y que vaya a un ritmo cómodo. Yo decido subir al mío ya que mi compañero iba en grupo, y además, así no le haría esperar en la bajada por el GR10.1. Habremos caído hasta la mitad del pelotón, pero todavía tenía esperanzas de mejorar el tiempo que hice con Juanma el año pasado.
Final del GR10.1En el pedregal de Canencia a Bustarviejo, lo de siempre. Algunos tapones, pero se bajó más o menos ágil. Terminado este via crucis de piedras, espero a mi socio, con quien continúo hasta el segundo avituallamiento. Desde este punto, comenzamos a bajar enlazando senderos y trialeras dirección Miraflores, primero y Navalafuente y Valdemanco, después.
Da gusto ver bajar a este tío.
El maestro Peguero haciendo de las suyas.
Último avituallamiento.En el km. 68, a unos 18 kilómetros del final, tras el tercer avituallamiento, la falta de cobertura se transforma en “teléfono apagado”. En esta parte del recorrido ha habido cambios con respecto al año pasado, más kilómetros de senderos, pero también una subida final a la Cañada Real y a Bustarviejo que se han hecho muy duros. Mi compañero estaba seco, y en vez de ir esperándole cada poco, preferí que fuera a su ritmo sin agobiarse por mi presencia, así que, de mutuo acuerdo, le “abandoné” a su suerte. En estos kms pongo un ritmo más o menos fuerte que me permite ir adelantando a montones de ciclistas que pedaleaban con el último aliento y, ya a escasos metros de la meta, me paro a esperar de nuevo la cobertura de ese pedazo de móvil que hoy, por circunstancias, no ha funcionado como debiera.
“Ahí llega Edu”, “venga, que ya está hecho compañero”, y entramos en meta en la posición 154 con un más que discreto tiempo de 6h48:57. Al final Terminaron 194 parejas de las 320 inscritas, lo cual me parece una sangría de abandonos tremenda, aunque es verdad que el terreno causó estragos con los pinchazos, y hubo otros cuantos que rompieron la cadena por el maltrato al cambio. Es lo que ha tenido este recorrido de 87 kms y 2000 metros de acumulado que ha hecho las delicias de todos nosotros y en el que, sin duda, vives la marcha desde un punto de vista más solidario, ya que sin pareja no hay meta.
Acabado el maratón, terminado el sufrimiento.
El mayor trofeo, las felicitaciones de mi hijo y mi mujer. Ellos si que son sufridores!!!
Verificando pasos de control y tiempos.
Sea por lo que fuere, quiero dar ánimos a mi compañero al que las fuerzas le abandonaron por un día y sufrió lo indecible por llegar al final. Otro en su lugar hubiera abandonado seguro, pero, Edu, como buen gladiador que es, apretó los dientes y completó la maratón como un verdadero campeón. Habrá días de mayor gloria, compañero, pero seguro que no de tanto sufrimiento.
Recorrido y perfil.

En meta nos encontramos con Peguero y su compañero Eduardo que terminaron en la posición 50 con un pedazo de tiempo (5h41:36). Olé Mr. Peguero. Has impartido otra lección más de sabiduría en esto del Mountain Bike. Sabes que la próxima será el último fin de semana de mayo del año próximo donde tú y yo sabemos, jajaja!
También estaban por allí, Bruna y su hermano que le echaron agallas a la cuestión, y tras una semana con gripes, gastroenteritis y demás miserias víricas consiguieron terminar en la posición 189 con 7h35:15.
A todos enhorabuena y un fuerte abrazo. Nos vemos en la próxima…
Es justo destacar también la labor de la organización -en especial en el trabajo de señalización del recorrido- y la de los voluntarios que participaron y ofrecieron toda su dedicación para que quedara una marcha perfecta. Un 10.