Después de varios meses de preparación para poner el cuerpo más o menos a punto, me encuentro con que el viernes 21 de mayo ya ha llegado. Ya no queda nada para el gran momento. Objetivo: Bajar de 10 horas en hacer los 165 kms y 4200 de dap+. Ese mismo día por la noche vienen Juanma y Jose a casa. Cenaremos juntos a modo de despedida ya que Juanma ha elegido para ese fin de semana derroteros más turísticos y ejercerá por unos días de egiptólogo, mientras que Jose acaba de llegar de Córdoba y se subirá a Cabezón de la Sal junto conmigo y con Luis (Peguero).
Y así, el sábado por la mañana, Jose, Luis y yo salíamos desde El Escorial dirección Cabezón de la Sal, mientras que el grupo de Jorge, Jimmy, Nacho y Dani viajarían por la tarde. En 4 horas y pico estábamos desembarcando en la localidad cántabra y, como lo primero es lo primero, nos dirigimos a la carpa de la organización para recoger los dorsales y ver un poco el ambientillo pre-maratón. Esto es como inyectarte en vena una ultradosis de emociones y nervios que sólo desaparecerán cuando la prueba haya finalizado. Son grandiosos estos momentos, y son parte de lo que me empuja a estar año tras año tras la línea de salida de los 10.000 del Soplao.
Después de saludar al máquina de Tony (este chico es insaciable) y a unos amigos suyos del Club Mammoth, nos vamos a Cos, en el barrio de Mazcuerras, donde habíamos alquilado una preciosa Casa Rural (la misma del año pasado y espero que la misma que la del año que viene). Fue llegar, dejar los trastos y sacar las bicis para rodar un poquito por la zona.
Ya por la tarde-noche y con todo el grupo de Villalba en la casa, nos hicimos una suculenta cena a base del único alimento posible durante los días previos: pasta, pasta y más pasta. Y con los estómagos llenos de hidrocarburo intentamos conciliar el sueño lo antes posible.


Día 22.- Es el día. Suena mi despertador a las 5:45 am. Boté de la cama a cámara lenta. Poco a poco se desperezan Jose y Luis. En esta ocasión, no había que dilucidar qué tipo de ropa había que ponerse. El día amaneció con un sol espléndido y las temperaturas se esperaban en torno a los 30ºC, con lo que todos elegimos equipación corta, aunque para la espera en la salida y los primeros kms quizás unos manguitos iban a venir bien. Lo justo.
A las 6:45, salimos los tres como avanzadilla hacia Cabezón, mientras los “Pandilleros Garrapateros” apuraban sus relaciones con las sábanas. A las 7:00 estábamos colocados en la salida. Diría que bien colocados, a unos 70 metros del arco de meta con 200 o 300 bikers por delante. El primer objetivo del día estaba cumplido. Buena señal.
Al poco de llegar, vemos a Tony y sus colegas, y entre la multitud de cascos creo distinguir a Raúl (Sanmy), un amigo cántabro con el que hicimos una ruta por Picos de Europa hace tres años. Nos deseamos toda clase de suerte y seguimos en la tensa espera hasta las 8:00 am, hora de la traca de salida que, como siempre, se ve acompañada por los acordes del Thunderstruck de AC/DC.
8:00 am.- Salida. Como siempre super puntuales. Más de 3.200 ciclistas comienzan a rodar por carretera y, ya en la primera pendiente sobre asfalto, los ánimos se desatan. Pierdo a Jose y a Tony, pero veo a Luis unos metros por delante. “Ese de Forobici, vamos que nos vamos”. Enseguida nos metemos en las pistas que nos acercarán al Monte Corona y dónde se forma con el paso de las bicis una buena polvareda. Mi Polar empieza a pitar casi de forma compulsiva. “Joder, me quedo sin pila en el receptor del imán”. En cambio el cuenta si funcionaba bien con lo que las referencias de tiempos para cumplir el objetivo los iba a tener que sacar por las horas de paso.
La estrategia de carrera era ir tranquilo, sin pasarme de pulsaciones en ningún momento para no pagarlo en los puertos finales. Ir fuerte pero contenido. En la primera subida del día hacia la Ermita de San Esteban coincido con Santi (compañero del Club de Noe), al que me pego durante casi toda la subida ya que le vi con buena cadencia. Sentí no poder decirle nada, pero bastante tenía con no perder la respiración. La vegetación en esta zona es de un incalculable valor, de hecho estas pistas atraviesan el Parque Natural de Oyambre, un conjunto de hayas y olmos cuya altura apenas deja pasar algún tibio rayo de sol.
En menos que canta un gallo, nos plantamos en Caviedes (km 22), donde la organización ha plantado el primer avituallamiento. No paro. Voy bien de agua y las sensaciones son buenas. De aquí hasta la subida de Las Lastras no hay deamasiado, de hecho, estaba comenzando a subirla media hora después. Me voy exigiendo contención continuamente, el cuerpo quizás me pedía ir más fuerte, pero la cabeza me frenaba para no hacer ningún exceso innecesario.
Comienza la subida de Las Lastras. Tak, Tak. Plato pequeño y barbilla hacia abajo. “Joder, esto es una delicia”. Tras sortear con dificultad el inicio pedregoso de los primeros metros, el resto de la subida no tenía nada del asqueroso barro de otros años y se pedaleaba bastante dignamente. Quizás, alguna dificultad en sortear a algún biker que subía andando, pero poco más. Creo que no tardamos ni 20 minutos en llegar arriba, donde un numerosísimo público nos animaba con vítores y todo tipo de gritos. Desde aquí, mil gracias a todos ellos porque es impresionante lo grande que te hacen sentir.
Tras un pequeño descanso comienza otra subida, la del Soplao. Es una pista tendida donde los porcentajes no son muy altos y se hace relativamente cómoda. La ascensión a las Cuevas termina con unos kms de asfalto, al final de los cuales se encuentra el segundo avituallamiento. Pensé en seguir sin parar, pero no!. “Para aunque solo sea para mear”, pensé. Aproveché para comer un plátano y rellenar el bidón con Aquarius. Dos minutos.
La bajada a Celis es posiblemente la única dificultad técnica de toda la ruta. Una trialera con bastante porcentaje pero que se baja bien si no arriesgas. Otros años he visto unas caídas de pánico en este lugar. Decido bajar ágil pero sin jugármela. Me adelantan 4 o 5 que iban mucho más rápidos y a los cuales cedo el paso gustoso. Unos disfrutan bajando y yo, casi, lo hago más subiendo…
Ya abajo, comienza un tramo largo de carretera que nos llevará a través de las localidades de Puente Nansa y Carmona hasta el inicio del Monte Aa. Son unos 10 kms de asfalto donde es fácil cebarse para ganar insignificantes minutos y perder demasiadas fuerzas. Con la lección aprendida me pongo detrás de una bici que iba deprisa y que, al poco, me pide que le de un relevo. Le digo que “si”, que cuando alcance a los dos que iban por delante a unos 200 metros, jeje… Cuando llegamos a la altura de esa pareja, tomo yo las riendas y durante 500 metros voy abriendo camino hasta que llegamos a otro grupo de unos 5 o 6 ciclistas. Ahí me quedo a rueda, mientras los que iban detrás de mí toman el relevo y comienzan a tirar. Y de qué manera. Me había salido la jugada perfecta porque hasta la entrada al Monte Aa iríamos en pelotón unas 20 o 25 bicis sin prácticamente hacer esfuerzo. Qué sensación la de rodar sin dar pedales! Qué sensación la del rozamiento de 50 ruedas contra la calzada! Los pelos de punta. Qué grande es el ciclismo!
Km 48 de carrera: Subida a Monte Aa. Despacio pero con buena letra. El grupo de la carretera se queda partido en las primeras rampas. Aquí no queda otra que concentración y no desgastarse demasiado. Lo duro, duro, con rampas de hasta el 23%, pasa en 2 kms, y los dos kms finales son tendidos y muy llevaderos. La llegada a la cumbre es otro momento de gran excitación ya que compruebo que son las 10:20 am y que voy con casi una hora menos que el año pasado en ese punto.
Toca bajar a Ruente por una pista que parte en dos un bosque digno de Elfos y gnomos. Seguro que los había pero la velocidad no nos permite observarlos. Ya en Ruente, pasamos por un puente estrecho por donde solo cabe una bici. Este es uno de los momentos inolvidables de todos los años. En esta localidad siempre hay una concentración de público digna de la Vuelta a España y, además, no paran de aplaudir y dar ánimos. Sencillamente genial.
Una carretera local nos acerca hasta el cuarto avituallamiento, el del Área Recreativa Casa del Monte (km 63). De pronto veo a Jose en una cuneta cambiando un pinchazo. “Que putada”... Paso a su lado y le doy un cachete pero no paro. “Que mal compañero”, aunque él me dice a gritos que siga. Cinco minutos después veo a Tony delante. Me pongo a su altura y le pregunto que cómo va. Me dice que ha empezado muy fuerte y que necesita comer. Yo le cuento que voy con pequeñas molestias en el estómago, aunque nada importante. Son las 10:50 de la mañana con lo que llevo 2h50', 55 minutos menos que el año pasado. Hasta aquí llevábamos una media de casi 22 kms/h. “Esto marcha bien”.
En el avituallamiento paramos y me bebo una Coca Cola con un plátano y una barrita. Dos minutos. Reconozco que este sitio es para tumbarse en la yerba al lado del río pero mis piernas están a otra cosa... Le digo a Tony que salgo y él decide esperar un poco más.
Es el momento de afrontar el primer puerto del día, los 12 kms y casi 700 m de dap del Moral. Lo peor de este puerto se concentra al principio, en los 4 o 5 primeros kms, donde las rampas son duras y se asciende entre una sucesión de horquillas que te elevan rapidamente. En esta zona el calor apretaba de lo lindo y el aire brillaba por su ausencia, así que había que ir muy pendiente del agua. Cuando las rampas se empiezan a suavizar veo pasar un avión a mi derecha. “Vamos Pablooo”, espeta el misil. Era Jose, que subía desatado. Pensé en no intentar seguirle ya que no iba a sacar nada bueno de esa persecución. Continué a mi ritmo mientras vigilaba al Sputnik a unos 200 metros por delante. En la cumbre estoy en 1h06 desde abajo, con lo que le sigo ganando tiempo a mis previsiones. Paro a beber un par de vasos de sales y me tiro para abajo en busca de la carretera que me lleve a Bárcena Mayor.
Esta pista la he bajado bastantes veces -en el Soplao o en rutas por la zona- y no la recuerdo con el suelo tan suelto y con tanta grija. La bici bajaba como un caballo desbocado y caerse era cuestión de nada. Ante esta situación decido bajar soltando piernas mientras me pasan tres o cuatro de forma desaforada. Y a media bajada uno de ellos se pega un ostión de cuidado. Al pasar a su lado le pregunto si está bien, pero el hombre no era capaz de emitir un sonido comprensible. Ummmm, ummmmm, ummmmm. Delante veo un ciclista con el culotte roto y le pregunto si se ha caído, “Joder, el tío ese , ha entrado en la curva como un loco y me ha llevado por delante”. “En fin”, pensé, “que se recupere pronto y que no tenga nada, pero... hay que bajar con más cuidado”.
En la carretera (Juzmeana) hay, como todos los años, un montón de gente aplaudiendo. La tomo dirección Bárcena Mayor. Pronto dos bikers me pasan como exalaciones. Justo lo que necesitaba. Me uno al dúo para ir volando hasta el tercer avituallamiento (km 92), donde se enlaza con el puerto rey de la etapa, Cruz de Fuentes. Los 15 kms de esta ascensión se hacen muy largos como no los tomes adecuadamente. La primera parte tiene unos 3 kms sin apenas pendiente, pero a medida que se avanza el porcentaje sube paulatinamente hasta llegar a los últimos 5 kms, que son los verdaderamente cabrones.
Del avituallamiento de Bárcena salí con otra CocaCola, medio sandwich, media naranja y una barrita energética. Las molestias en el estómago se habían convertido en un intenso dolor. Creo que fueron las barritas de proteínas que comí al principio. “Ese cemento me la ha jugado”. Iba avanzando lentamente por las primeras pendientes del puerto. El tiempo previsto para este puerto era de 1h15 y dudaba si iba a conseguirlo. Sé lo que es una pájara en esta subida sin carrera de por medio.
El dolor seguía ahí pero yo iba bien de piernas. Decidí subir con el 22 y un piñón intermedio, lo que me daba bastante cadencia. De pronto los dolores aminoran su intensidad y veo como puedo bajar otro piñón para subir algo más rápido. El cuerpo humano es increíble, unos metros atrás iba retorciéndome encima del sillín y ahora subía como un tiro. Comencé a coger ciclistas sueltos, parejas, tríos y grupos enteros. Pude adelantar a 30 bicis en los últimos 6 kms de puerto. Además, con el pitido continuo del cuenta parecía que iba pidiendo paso. Disfruté esta subida como pocas. Me dio hasta rabia que se acabara el puerto pero cuando vi la Cruz en el alto pensé: “otro obstáculo menos”. Además había subido por debajo de mi previsión. Parada técnica en el avituallamiento. Un Aquarius y a seguir.
Camino al puerto de Palombera y dado el ritmo hasta ese momento y mi estado de fuerzas, no iba a ser dificil conseguir llegar antes de mi objetivo de las 10 horas. La llegada a Ozcaba y la subida hacia Venta Vieja la hago con otros dos bikers. Ibamos cómodos y decido no apretar para conservar energía. Iba realmente preocupado con el dolor de estómago que se estaba convirtiendo en pinchazos abdominales insufribles. “Tiene cojones”, murmuraba hacia mis adentros. En Venta Vieja, mis dos compañeros me dejan en la bajada aunque uno de ellos se queda tirado con su Cube por culpa de un problema con los cables de cambio. “Mejor ir con dolor que quedarte tirado por una avería”, aunque esta parte del descenso hacia Colsa y Los Tojos la padecí de narices. Como dice Luis, en montaña no hay kms gratis, bajes o subas. En ese pedregal de pista no puedes aprovechar y recuperar, tienes que conducir en tensión y no es hasta que se llega a la carretera cuando cuerpo, brazos y manos descansan de verdad.
Por Los Tojos pasé como una exalación en busca de las revueltas que me dejarían en Juzmeana para subir el verdadero demonio de esta prueba: el Moral, de vuelta. Para afrontar estos 8 kms finales paro en el avituallamiento. Coca Cola, relleno el bidón, cojo un botellín de agua y me tomo una barrita. Al poco compruebo que con todo esto me he equivocado. Vuelven los dolores que ya no me abandonarán hasta la meta.
Mientras subo, veo bajar a Nacho al que pego un grito. “Mierda, como duele”. Paro a mear, a ver si poniéndme de pie se me pasa algo. El cuenta ya no dejaba de pitar. No me faltaron ganas de arrancarlo del manillar y tirarlo al río. Con todo no me veía subiendo demasiado mal aunque no sabía si iba ser capaz de bajar de la hora en esta subida (tiempo de referencia).
Esta subida se come a los ciclistas que se hayan desfondado en los kms anteriores. Me pasó a mí el año pasado y le estaba pasando a alguno que otro este año. Mientras dura la ascensión no dejo de cruzarme con gente que bajaba ocupando el lado bueno de la trazada, así que los que subíamos teníamos que apañarnos con pedalear encima de la grija. Poco a poco continúo subiendo hasta que corono el puerto en 55 minutos. “Buah!”, ya estaba terminado.
En el avituallmiento de la cumbre no quedaba agua, así que tiré para abajo rápido. Me quedo perplejo al ver a un buen número de bikers como coronan su primer Moral, y muchos de ellos !!!andando!!!
Durante el descenso me cruzo con un coche de la organización que anuncia por megafonía que estamos en ritmo de !!!9 horas!!! Haciendo cábalas compruebo que quizás pueda llegar antes de ese tiempo. Decido bajar tranquilo y jugármeo todo en la carretera hasta Cabezón. “Si pillara un grupo!”.
Termino de bajar el Moral con bastante dolor en el estómago pero con la ilusión de terminar cuanto antes. En el Área Receativa me pasa un Asturcon y un ciclista del CC de Buelna. Me pego a ellos. Se unen dos más por detrás y cogemos a otros dos. “Me ha oído Dios”, ahí tengo mi grupeta. El del CC de Buelna le ponía ganas pero no íbamos todo lo rápido que yo quisiera. El viento en contra dificultaba la tarea. Decido pasar a tirar y meto todo el desarrollo. Solo quedan 5 kms hasta Cabezón. No se a qué velocidad íbamos porque iba sin cuenta pero todo pasaba muy deprisa. Se pone a mi altura uno de los que llevaba detrás y me dice que a esa velocidad no pueden darme relevos. “Da igual, sigo yo”, le respondo a casi 170 pulsaciones. Llegando a Cabezón me cruzo con Jose que volvía ya a Cos. “Menudo tiempazo que se ha debido marcar este”. Las dos últimas curvas las hacemos todos pegados a modo de trenecito... nadie entra al sprint. 50 metros, 30, 20, 10... META!!! Miro el reloj y lo paro en 8h56 minutos!!! Posición 120 (43 de mi categoría <35-44>). 1h42 menos que el año pasado.

Dos de mis compañeros de grupeta me dan las gracias por el esfuerzo y me pegan un abrazo. Yo estaba en una nube. Había venido a bajar de 10 horas y logré hacer la ruta en menos de 9. Más que satisfecho.
Ahora solo quedaba ir a la carpa, descansar y esperar que el dolor de estómago se aliviase a base de cervezas... jajaja. Al rato me voy hasta Cos a reunirme con Jose, el cual había terminado en 8h39 en el puesto 84 de la general. “Uffff, he estado cerca de esta bestia corrupia”. Este señor es la motivación que me anima cada día a salir a montar en bici y a quien, en parte, le debo el tiempo que he hecho este año. Gracias amigo por todos los ánimos y fuerzas que me has dado este invierno.

Poco a poco van llegando el resto del grupo. Luis y su Klein terminan en un sorprendente tiempo de 10h33 en su primer Soplao. Increíble lo del Maestro. Además tuvo que ir desde el km 15 con una buena herida en la rodilla derecha producto de una inoportuna caída. Es otro ejemplo de lo que uno quiere llegar a ser dentro de unos años, aunque con la mitad de su sabiduría ciclística me conformaría.



Ya en la carpa logro hablar con Tony, al que veo profundamente disgustado por cómo se habían desarrollado los acontecimientos. Se había preparado el Soplao a conciencia y traía una ilusión de campeonato, pero... la mala administración de las fuerzas y la falta de comida y bebida en los momentos adecuados le habían vaciado de energía demasiado pronto. Amigo, quedan muchos Soplaos por delante. En este has fallado, pero todos sabemos que tu posición está junto a nosotros, o un poco por detrás, jejejeje!
Y de pronto: suena mi móvil. Es Jorge. Eeyyyy!!! Los “Pandilleros Garrapateros” han terminado. Qué alegría me dio verlos a todos, allí estaban, se habían comido el tan temido Soplao como quien vence a una lagartija. Enhorabuena!
Queda en mi debe no haber podido saludar a gente con la que mantengo un contacto más o menos asiduo: Noe, Mepete, Óscar, Move y sus MTB Cantabria, etc... Espero que haya más oportunidades para conocer a todos estos campeones.
El domingo 23, como empieza a ser costumbre después del Soplao, nos fuimos a Los Tojos a saciar nuestro cansancio con un buen cocido montañés y unos chuletones de buey de 1,5 kgs.
El año que viene, quizás caiga otro Soplao, ya veremos. De lo que si estoy seguro es que animaré ferviertemente a todo el mundo a que disfrute esta prueba por lo menos una vez y desde el principio hasta el final.
Gracias a la organización por regalarnos este fin de semana y gracias a la gente que se tira a la calle para vernos pasar. Sin ellos esto no sería igual. Gracias Cabezón!
Ah! Por cierto, ganó Fran Ventoso, aunque me hubiera gustado que fuera Cacigas. Me cae bien este señor. Enhorabuena a todos ellos también.