
Voy a contar una secuencia de hechos que apenas me ha dado tiempo a percibir, por diversas razones, y es muy posible que la historia resulte incorrecta e imprecisa. Pido perdón por ello. Si tengo muy frescas, en cambio, las sensaciones que fui experimentando desde el comienzo de esta carrera hasta el final de la misma: sufrimiento desde el minuto uno, agotamiento, impotencia y, finalmente, consuelo. Consuelo por terminar. La Maratón Sierra Morena de la BRIMZ “Guzmán El Bueno X”, valedera para el campeonato de España de la especialidad, forma parte ya de la historia.



Todo comienza el sábado muy tempranito con el viaje a tierras cordobesas. Salgo en coche con Juanma “Sportbilly”, con quien comparto 400 kms de amena e interesante charla. Ya en Córdoba nos espera Jose Feria, que como buen cicerone de esta aventura nos hizo sentir como en casa y nos regaló una visita guiada por su ciudad hasta bien entrada la noche, incluído barrio de la judería y la gran Mezquita. Momento, este, trascendental, y que nos traslada durante algunos minutos a comienzos del siglo VIII. Casi nada.

Antes habíamos subido a dejar el coche a la Base Militar del Cerro Muriano, donde terminaría la carrera el domingo, y de esta forma no bajar en bici a Córdoba después de una paliza de 80 kms sin descanso. Alli, ya comenzamos a sentir las cosas bien hechas. Y es que la organización fue de 10 durante todo el fin de semana. Después de dejar el coche, Jose nos llevó, ya con las bicis, hacia el “Arrastraculos”, una trialera endemoniada por la que deberíamos subir al día siguiente ya cerca de meta. Reconocimiento del terreno, vamos. Y con esto nos metimos 24 kms para estirar piernas. Qué vicio!

El domingo suenan los despertadores sobre las 7:45 de la mañana. Los nervios, o lo que fuera, hizo que los tres brincáramos de la cama y, casi sin darnos cuenta, nos encontráramos en la cocina vestidos de romanos y con el clásico tic de los pies por la impaciencia del momento. Durante el desayuno viajan de un lado a otro proteínas por aquí, batidos concentrados por allá, barritas tipo cemento que van de carrillo a carrillo sin poder ser digeridas con normalidad. Hay que tener tragaderas

A las ocho y pico, Rafa, del club de Jose, ya nos está timbrando. Y a las 8:40, aproximadamente, llegamos a la salida de la maratón y nos colocamos a unos treinta metros de la cinta de salida. Poco a poco van llegando ciclistas, decenas de ciclistas, centenas, muchas centenas. A las diez de la mañana, momento del comienzo de la prueba, eran 1.700 bicis preparadas para subir, bajar y volver a subir durante unas cuantas horas por los alrededores de Córdoba.

En la pole position se encontraban Paco Mancebo, Ismael Ventura, Pedro Trujillo, Sergio Mantecón, Israel Núñez o Marc Trayter, entre otros 250 élites que tenían puntos UCI y que eran favoritos para el triunfo final. Otra liga. La nuestra estaba a punto de comenzar, y para no perder el partido en el pitido inicial, la salida se convierte en un sprint a 160 pulsaciones desde el primer segundo con todo el desarrollo metido por las calles de Córdoba. Y picando para arriba ves que a casi 40 km/h te adelantan algunas unidades. Increíble.

El sprint dura lo justo para que no explote el corazón, al que ya le exiges máximo rendimiento con salida en frío. Hay que pensarse lo de los geles calentadores. Son una buena solución para este tipo de acontecimientos donde se requiere el 100% durante toda la carrera. A mi vera llevo a Juanma y a Jose, que habían salido tras mi rueda desde la salida y tras un par de kms de locos se aminora un poco el ritmo. El pelotón ya está estirado y dentro de él, no vamos mal.



Vamos más o menos juntos durante los primeros kms, “vigilándonos” en la distancia. A Jose le veo a unos 70 metros por delante y Juanma está 50 metros por detrás. Y así iremos hasta casi el km.14. Comenzamos la primera subida hasta la carretera de Ermitas a Trassierra a buen ritmo, aunque la dureza de la pendiente cercana al 8 o 9 % va dañando las piernas y te hace buscar una cadencia más conservadora.
A Jose dejo de verle tras una curva y pienso que habrá dado un tirón, aunque en realidad había pinchado sobre el km.15 y ni él, ni Juanma, ni yo nos habíamos dado cuenta del momento en el que le pasamos. “Lo siento amigo”. Ya en la cumbre comenzamos una zona de senderos preciosa con bastante sube y baja. El tráfico era bastante fluido. Delante tendría a unas 300 unidades con un ritmo muy vivo, incluídas algunas mujeres que daba gusto verlas rodar.
El primer avituallamiento llega en el km.18 por el que pasamos en desbandada. No para nadie de los que llevo alrededor. Continuamos hacia el Arroyo Bejarano y hacia la subida a Dos Columnas. Antes de comenzar con este ascenso, en el km.22, oigo a Juanma que me grita por detrás: “Ya estoy contigo”, lo cual me alegra un montón porque podríamos ir juntos los próximos kms. Pero después de un rato, al mirar para atrás, no le veo. “Arggghhh, qué pena, otra vez solo”.
Iba con un grupo de unos 4 o 5 que tiraban sin concesiones por caminos estrechos y senderos a plato. Tras la bajada hacia la urbanización Las Jaras, donde estaba el segundo avituallamiento, llega la subida corta hacia el Club de Golf, donde luego supe que Jose tuvo otro percance en forma de reventón, allá por el km.40. Una pena porque hubiera hecho un tiempazo sin estos contratiempos. Estaba preparado para ello, y además, estaba en su tierra. ¡¡¡Qué mala suerte!!!
Desde el club de Golf comienza una trialera bastante peligrosa y sobre todo, muy técnica y larga. No terminaba nunca. Todo el cansancio acumulado en estos kms se hace imposible soltarlo con esta clase de bajadas donde te juegas el tipo. No hay tregua. El recorrido es duro y no admite relajación. Solo queda seguir sufriendo, aunque la lectura del cuenta me consuela al ver que ya llevábamos 1100 metros de desnivel superado en el km.45 de los 1900 previstos. Aunque al final la organización nos regala 280 metros de más.
Terminada la trialera llegan los senderos que poco a poco nos suben hasta Santo Domingo. Zona impresionantemente bella pero donde el recorrido es muy ratonero. Aquí, los kms no pasan, las piernas ya soportan más de 50 kms y hay ganas de terminar. Es inevitable mirar el cuenta cada poco y desalienta ver como lo único que pasan, y muy lentamente, son los metros.
Llego al tercer avituallamiento en el km 57, donde paro a tomar un plátano, llenar el bidón y engrasar la cadena. Ni dos minutos. No me di cuenta de la presencia de ambulancias preparadas en cada punto final de las bajadas complicadas del recorrido. Y fueron unas cuantas. Salgo por un rampón de asfalto en bajada hasta el Puente de Hierro, y un poco antes, en el km.60 me cantan la posición 260. Llevaba 3:30h de carrera y los primeros “¡ya estarán llegando a meta!”.
Me quedaban unos 20 kms, pero qué kms. Insufribles kms. Técnicos, duros... Y según subía la exigencia, más bajaba mi rendimiento. La subida a la Cañada Real Soriana y al Cerro Muriano se me iban a atragantar de lo lindo. Y aquí no caben excusas. Habia bebido suficiente, había comido fruta y barritas. Pero estaba cansado y, lo más importante, el recorrido me estaba desgastando mentalmente. Voy más allá: me estaba cabreando. Demasiadas zonas en las que hay que bajarse de la bici, montar y volver a bajarse. Muchas piedras. Zonas excesivamente técnicas para la altura de carrera en la que estábamos. Echabas la mirada atrás y no recordaba ni un tramo de pista digna. Todo subidas, bajadas complicadas, trialeras y senderos. Pero solo quedaba resignarse y seguir pedaleando o arrastrando la bici, pero seguir.
La zona del “Arrastraculos” era el último escollo antes de meta. En la cima del rampón, -como en todos los puntos claves del recorrido- se habían congregado numerosos aficionados gritando y dando ánimos a los participantes. A mí ya ni por esas. Decidí subirlo andando porque temía que mis piernas no pudiesen con la pendiente. Otros que lo subieron montados cuentan que la situación les provocó un estado de éxtasis inigualable. Quizás el año que viene.
Poco quedaba ya, unos tres kms de bajada y llano donde los cinco de mi grupo pusimos el resto del depósito y volamos hacia la meta como si nos fuera el pódium en ello. La llegada se mascaba. Los gritos por los altavoces ya llegaban a nuestros oídos, y pronto, entraríamos en la Base Militar donde tras cruzar la meta nos paran para comprobar que nuestra tarjeta haya pasado por todos los controles de paso y verificar el tiempo final. Después de 80 kms y 2180 de desnivel acumulado, el mío fue de 5h23:39 (5h13 de pedaleo) lo que me da derecho a colocarme el 325 de la clasificación general (74 en Máster 40).
Tras parar la bici y coger un poco de fuelle me fui directo a por una cerveza y llamé a Jose a ver donde se encontraba. Cuál fue mi sorpresa cuando me dice que todavía no ha terminado y que va con Juanma a una media hora del final. Claro que sus circunstancias de carrera acarrean dos pinchazos y un rato de espera. Qué lástima porque me consta que tenía unas ganas tremendas de hacer un buen papel en esta carrera.


De repente comienzo a oir el himno de España, lo que me pone todos los pelos de mi cuerpo como escarpias. Había comenzado la entrega de trofeos y en ese momento estaba recogiendo la copa de campeón de España Paco Mancebo, del equipo Rock Racing, que ganó con un tiempo de 3h17:53. A su lado estaban Marc Trayter (Northware) y Adolfo García (Dr. Bike), segundo y tercero respectivamente. Israel Núñez fue cuarto, Trujillo, quinto y Sergio Mantecón, sexto. Ismael Ventura llegó en novena plaza.

Pero a mí los que me importaban de verdad eran mis amigos Jose y Juanma que llegaron al poco rato de la charla telefónica. Enhorabuena a los dos, y especialmente a Juanma que también supo exprimirse y llegar lo suficientemente entero como para subir el “Arrastraculos” montado. Jose, para tí, desearte más suerte el año que viene. A ver si en la próxima edición entras delante de mí, jejejeje!!!

Y así se desarrolló más o menos la maratón en tierra de Califas, pero de los Califas del MTB, el club de Jose, no de esos otros que se sucedían en los califatos musulmanes y que se perpetuaron en estas tierras hasta bien entrado el siglo VIII con la formación y consolidación de Al-Ándalus.
Por último quiero agradecer a la organización, a Ciclos Cabello, a la base militar BRIMZ y al club Agacha el Lomo, la atención con todos los participantes y la perfecta puesta en escena de esta prueba, que desde la recogida de dorsales con prueba de bicis incluída, hasta la comida post carrera, lavado y cuidado de bicis, etc... fue de 10. Gracias por hacernos sentir importantes y gracias por hacernos sufrir tan intensamente.
Y cómo no, un abrazo a mis compañeros sin los cuales no sería capaz de alcanzar estos grados de disfrute. Fue un auténtico placer!!!

Volveremos!