
Otra consideración: Ha llegado el frío. O, por lo menos, el domingo yo pasé un frío de mil narices. Se está acabando lo del pantaloncito corto y el maillot de verano, en adelante habrá que abrigarse mejor. Lástima, con lo cómoda que es este tipo de ropa.
Esta “Clásica de los Puertos”, o “los Puertos Clásicos de la sierra madrileña”, llámese como se quiera, se me ocurrió como preparación para la Euskadi Extrem que haremos en un par de semanas Tony, Miguel Ángel y el que suscribe. Una buena cantidad de kms y un buen desnivel acumulado son garantías para comprobar las condiciones en las que afrontaré la megaruta por las tierras vascas.
Sobre el recorrido del domingo, poco hay que comentar. Es de sobra conocido en los ambientes carreteriles y, puede decirse, amén del Puerto de los Leones y Abantos, que toca todos los pasos de montaña clásicos de la Sierra de Madrid. Sólo había que ponerle un lugar de comienzo, y éste fué Collado Mediano, a unos 10 kms del puerto de Navacerrada, primera ascensión de la ruta.
Tras las primeras pedaladas, pasadas las 9 de la mañana y con 7ºC, uno comienza a avanzar con cautela. La longitud tanto horizontal como vertical de la excursión no iba a permitir fanfarronadas, así que piano-piano.
Al inicio del Puerto de Navacerrada alcanzo a otro betetero con el que hago los casi 10 kms hasta la cima. Nos fuimos dando relevos y charlando sobre nuestras respectivas rutas. La suya trazaba la escalada hasta la Bola del Mundo una vez conquistado el alto de Navacerrada. Y luego para casa, en Villalba. La mía también subía hasta la Bola del Mundo, pero unas cuantas horas más tarde. De esta manera no se hicieron muy pesados los primeros 700 metros de desnivel.
En el alto de Navacerrada, con 5 heladores grados y sensación de aún más frío, me despido de mi compañero, y me dirijo hacia Cotos para bajar hasta Rascafría. Con los guantes cortos iba con los dedos helados, y casi sin sensibilidad para frenar con garantías en las revueltas que tiene esta carretera. “A ver si termina la dichosa bajadita”, pensaba. Hay que ver. Menos mal que había salido del coche con los manguitos y cogí el chubasquero para las bajadas. Si no, me muero!

Ya en Rascafría, y con la pérdida de altura, la temperatura se recuperó algo. Sigo rodando hacia Lozoya del Valle camino del desvío que me llevaría hacia Canencia y al puerto del mismo nombre. Ésta subida no es muy dura, Son 9 kms al 4% de desnivel medio y en media hora estaba arriba.


Otra vez, chubasquero, mordisco a una barrita y larga bajada hacia Miraflores de la Sierra, lugar donde encadeno otra ascensión: el puerto de la Morcuera. Esto ya son palabras mayores. También tiene 9 kms pero con un desnivel del 7% y rampas muy, muy constantes. Ni un descansito. Todo para arriba. En la cumbre, a 1796 metros y con casi 90 kms en las piernas, éstas ya comienzan a doler. Llevaba tres puertos, y quedaban otros dos de categoría E: Cotos y la Bola del Mundo, aunque éste último no tenía muy claro si lo iba a terminar subiendo.

La bajada del alto de la Morcuera la hago detrás de una Mercedes Vito que me frena en algunos puntos, pero el conductor no estaba por la labor de dejarme pasar y en cuanto tenía 20 metros de recta, aceleraba, no vaya a ser que… pero llegaban curvas y… “otra vez el tío de la bici pegado”, que pesado, pensaría.

Una vez terminado el descenso, llego a Rascafría donde paro en un super a comprar la Coca Cola de turno, botellín de agua y relax durante 10 minutos al sol. Allí si que se estaba bien.


Pero había que seguir. Próximo destino: Cotos. Una ascensión desde el desvío de las Presillas de casi 13 kms y 700 metros de desnivel. Que laaargo se me hizo. Como en toda la ruta intenté subir con el plato mediano y piñones medios e intentar que la velocidad no decayera a la cifra única. “Siempre dos cifras, siempre dos cifras”, iba pensando. Los carteles de altitud tardaban en llegar una eternidad. Altitud: 1200 metros… Altitud: 1300 metros... Altitud: 1400 metros… y así hasta el que anunció los 1800 metros. Un puertaco de narices subido con unas piernas que parecían estacas. Gracias que la carretera surca un bosque de pinos y helechos increíble en la cuenca del Lozoya, y que la sombra está garantizada hasta la misma cumbre.

Arriba, ya en Cotos, con 120 kms en las piernas y el trasero bastante dolorido, paro en la fuente de Bernardo Quirós, relleno el bidón y pongo la directa hacia el alto de Navacerrada. Solo me separaban 7 kms prácticamente llanos, pero no se si quería terminarlos porque una vez allí, me esperaban las endemoniadas rampas que suben hasta la Bola del Mundo, quinta y última subida del recorrido.
En ese estado y en ese lugar, no había vuelta atrás, iba a llegar hasta los 2265 metros si o sí. No podía desertar. Lo que no sabía muy bien era cómo lo haría. A medio camino, entre Cotos y el alto de Navacerrada, paro a dar cuenta de media barrita que me aporte “algo” diferente. Sin ese “algo” la subida a la Bola iba a ser una calamidad.

Este último puerto “solo” consta de 3 kms y 400 metros de desnivel. No se si empecé fuerte y terminé débil o si comencé débil y terminé fuerte. Subí amotinado. Tenía rampas ante mí donde el cuenta me llegó a marcar un 28%. Solo pensaba en que era el último esfuerzo del día y había que terminarlo de la manera más digna posible. En el suelo, las recientes pintadas de ánimo a los ciclistas de la Vuelta a España, en especial a Ezequiel Mosquera y Carlos Sastre, también me motivaban a mí. Iluso. Arriba me senté en una piedra y disfruté de lo que me ofrecía el lugar mientras recuperaba el fuelle. Unas vistas indescriptibles. De subir en plato mediano, nada de nada. Tenía la coartada de 130 kms detrás de mí y no quise ni intentarlo.


Ya solo quedaba descender hasta el punto de partida: Collado Mediano. Primero, y con mucho cuidado bajar de la Bola del Mundo. Ahora, las rampas eran negativas, y la bici cogía una velocidad donde ya podrían responder los frenos porque… Ummmm, no quiero ni pensarlo.


El puerto de Navacerrada debe ser una delicia bajarlo con flaca. Con las ruedas gordas apenas llegué a 65 kms/h, claro que el viento lateral tampoco ayudó. Con mucho cuidado con el tráfico terminé esta aventura bastante desgastado. Finalmente la excursión llegó hasta los 153 kms y 3.200 de desnivel acumulado. El tiempo empleado fue de 7h40 (7h09 pedaleando) con una velocidad media de 21,5 kms/h. Un rutón de narices que creo que me deja “preparado” para la Euskadi Extrem. Preparado para sufrir.


Por la tarde, un informativo ofrece la funesta noticia de dos ciclistas muertos en Sevilla mientras pedaleaban en una carretera supuestamente bien señalizada. Nada se puede hacer contra la imprudencia humana. Qué fragilidad la nuestra. En mi ruta, el comportamiento de todos los conductores fue ejemplar. Pero basta que haya uno que no lo tenga para crear la tragedia. En fin, mi pésame desde aquí a las familias.

El Track.