τὸ νικᾶν αὐτὸν αὑτὸν πασῶν νικῶν πρώτη τε καὶ ἀρίστη
"La victoria de uno sobre sí mismo es la primera y la mejor de todas las victorias"

domingo, 26 de junio de 2011

Montejo-La Hiruela-Alpedrete-El Atazar-Cerro Porrejón-El Mosquito... Muevo ficha

No se si es más duro preparar una prueba/locura de 211 kms y 7000 dap ó la prueba/locura en sí. Y no se si tengo más ganas de que llegue el día D para disfrutar de la locura o para dejar atrás la preparación para que la locura no me engulla. Bonito dilema, ¿verdad?

Sea como fuere, este domingo preferí coger la BTT para hacer una ruta larga por el monte dentro de las posibilidades que me dan en casa, que no son pocas.

Para esquivar los calores extremos del medio día puse el despertador a una hora indecente. Un buen madrugón ayudaría a no torrarme desde la salida, aunque cuando tienes tantas horas por delante, da igual que da lo mismo. En cualquier caso a las 8:45 de la mañana ya estaba rodando.


Mi objetivo lo situé en Montejo de la Sierra con un recorrido que conozco bien y que atraviesa toda la Sierra de la Puebla. Es uno de mis lugares preferidos de la sierra de Madrid: Montañas imponentes con bastante desnivel, pistas, caminos y senderos poco técnicos, paso por pueblos que te avituallan y fuentes localizadas en mitad de la nada, así como paisajes espectaculares y posibilidades elevadas de cruzarte con corzos, zorros, jabalíes, buitres... lobos¿?


La intención era deshacerme lo antes posible de los primeros 100 kms y 2.300 de dap para acometer desde el Puerto del Cardoso un segundo bucle con dos puertos más. Aprovechar esos primeros momentos de la mañana donde la temperatura se mantenía en los 20º y todos los caminos estaban en sombra iba a ser vital. Las previsiones de calor para el medio día daban miedo.

Los primeros 15 kms se hicieron durillos: en frío y con casi todo el camino para arriba hasta que se llega al puerto de la Hiruela por un espectaculat y denso robledal. Hasta aquí empleé 55 minutos. Luego, hasta el Collado Salinero, la Torrecilla y Alpedrete tenía una serie de toboganes a media ladera y un descenso que se hace rápido. En Alpedrete paré para rellenar los bidones (dos) de agua. Nada más. Quería llegar lo antes posible a El Atazar, del que me separaban unos 20 kms.


A partir de las 11:30 el sol ya pegaba fuerte y los árboles ya no hacían sombra en los caminos. El calor se iba intensificando por momentos y aunque uno no lo siente, el desgaste se acelera hasta que te deja tieso. Como no quería que esto sucediera, en el Atazar (km 71) paré en un bar, me tomé dos Coca-Colas y un pequeño bocadillo de queso. Tenía claro que no iba a salir con prisas -como normalmente-, porque podría ser mi guillotina. Mientras me preparaban el bocadillo, me puse de charleta con un grupo de lugareños que me preguntaron de dónde venía y a dónde iba.

Con el estómago lleno y teóricamente hidratado salí de este pueblo a la vez que unas decenas de Lamborghinis que se habían concentrado en este pueblo para hacer de las suyas por las carreteras de la zona. Desde este punto hasta el inicio de la subida al Cerro Porrejón, primero me tocaba una zona bastante árida donde el calor ya era insoportable, y después un puertecillo hasta la carretera que baja a la Puebla de la Sierra y un tramo de pista destrozado por una máquina que, sin entender su sentido, había ensanchado la pista y la había dejado totalmente rota. Qué falta de sentido tienen estas cosas.


No iba a gusto. Ni por el estado de la pista, ni por las sensaciones. El calor me ahogaba. Una fuente en el camino me invitó a parar y no lo dudé. Fuera casco y fuera guantes. Metí la cabeza bajo un potente chorro de agua helada que me dio la vida. Ufff, que delicia.

Con las primeras rampas (algunas al 20%) que suben al Porrejón (lugar inhóspito donde los haya), comprobé como el calor me estaba desgastando sin remisión. Subí las pendientes rectas de este puerto a un ritmo pausado y pensando que estaba cerca de caer en la tostada. Durante toda la mañana había seguido más que nunca la ecuación de comer y beber, especialmente lo segundo. No se los litros de agua que pude beberme y tirarme por cabeza y cuello. Incluso había estrenado una bolsita tipo "Ironman" que se coloca en el tubo horizontal de la bici junto a la pipa de la dirección para no llevar los bolsillos del maillot atufados de barritas y poder comer más comodamente. Este utensilio si que pasó la prueba para Austria.


Superada la cima del Cerro Porrejón y pasado ese momento crítico donde ya me dolían hasta las uñas de los pies, los cuales llevaba ya medio dormidos, tomé la carretera que me bajaría hasta la Hiruela. Fue un soplo de aire fresco dentro del sufrimiento general. Desde allí volví a tomar la variante por la que ya había pasado por la mañana y que me acercaría al puerto del Cardoso en unas condiciones en las que cada repecho lo iba superando de aquella manera.

Se acercaba el momento clave del día. Fin del primer bucle. Primeros 104 kms superados. A la izquierda, la carretera que me bajaba hasta Montejo de la Sierra; de frente el inicio de la pista que me subiría hasta el Collado del Mosquito, e inicio del segundo bucle. ¿Qué hacer? ¿Retirada o valentía? Me paré en la fuente que hay justo en el alto del Cardoso e inicié la misma rutina de deshacerme del casco, los guantes y demás enseres. Metí otra vez la cabeza bajo el chorro frío bajo la atenta mirada de unas vacas que por allí andaban a la solanera. Esto me llenó algo la batería así que la decisión fue tirar hacia el Collado del Mosquito.


Hasta arriba tenía casi 11 kms de puerto sin rampas duras y con un porcentaje medio que no llega al 5%, pero a esas alturas y en esas condiciones cualquier cosa era un mundo. Comencé a subir de un modo aceptable pero según transcurrían los kms iba teniendo más claro que la aventura se iba a finiquitar con este puerto. Los casi 25 kms que alargarían la ruta desde este puerto hacia Tres Provincias, bajar a Somosierra y volver a subir el Mosquito por su otra vertiente, los eliminaba de la orden del día.

Y así fue, llegué arriba por puro trámite, sumando por sumar, e intuyendo que esos kms, ya con las pulsaciones por los suelos, no servían como entrenamiento ni como nada. Bueno si, sirven para endurecer el espíritu y fortalecerte ante el sufrimiento, que no es poco.

Durante el descenso fui disfrutando del paisaje, sintiendo el aire en la cara, y sabiendo que acababa de mover la ficha otra casilla más hacia la Salzkammergut Trophy. Madre mía, lo que hay que hacer. Y lo peor de todo es que nos gusta esto una barbaridad. Es lo que más me preocupa.

Cuando llegué al coche poco antes de las 5 de la tarde, Montejo tenía una temperatura de 35º, pero estoy seguro de que en buena parte de la ruta, especialmente en la zona de Alpedrete de la Sierra y el Atazar, había rozado los 40ºC. En fin, es lo que tocaba.


El Polar me marcó 131 kms recorridos, 2900 metros de desnivel acumulado y 7h15 de pedaleo, aunque con todas las paradas el tiempo total se me fue por encima de las 8 horas. Una gaita.

* Las fotos están sacadas de Internet ya que con las prisas la cámara se quedó en casa. Error!

4 comentarios:

Pablo R. dijo...

Ánimo, espero con interés tu odisea austriaca.

Saludos.

Clara dijo...

Madre mía, no solo te admiro como persona, si no como gran deportista, es impresionante los paisajes por dónde vas rodando, buf que magnifica aventura..Te deseo muchísima fuerza y suerte para tu reto

Ada dijo...

Ya queda nada para la Salzka!! nervios??

pablo.bk dijo...

Nervios? Unos pocos, si... pero con ganas de comenzar. Todavía no me creo que vaya a rodar con la bici por las faldas de los alpes, claro que si yo estoy así, cómo estaréis vosotros que os vais a meter un Ironbike... Madre mía!!! Cuándo os vais?